MIÉRCOLES, 22 DE OCTUBRE DE 2008
Acusaciones de Carstens

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“Siempre es fácil culpar a los demás por cualquier problema, incluso los que uno provoca. El secretario de hacienda va a tener que ser más claro en sus acusaciones. No debe simplemente arrojar la piedra y esconder la mano. Si hubo transacciones indebidas, deben tomarse medidas en contra de quienes las llevaron a cabo. Si no las hubo, sería mejor que Carstens pidiera una disculpa pública.”


Siempre es fácil culpar a los demás por cualquier problema, incluso los que uno provoca. Esto es lo que ocurrió la semana pasada cuando Agustín Carstens responsabilizó a algunas empresas del sector privado, sin mencionar a cuales, de la importante caída en el mercado cambiario.

 

En los primeros días de agosto el peso mexicano llegó a cotizarse a menos de 10 unidades por dólar como consecuencia de un fuerte ingreso de divisas petroleras y de unas tasas internas de interés que se mantenían mucho más altas que en Estados Unidos. Podrá uno estar de acuerdo o no con la política económica o la estrategia cambiaria del gobierno y del Banco de México, pero la apreciación notable del peso era producto de estas prácticas del propio gobierno.

 

A partir de entonces comenzó un retroceso gradual en el valor del peso al declinar las cotizaciones del petróleo y también las remesas. Se notaba ya el inicio, sin embargo, de un retiro general de capitales internacionales de los países emergentes. Cuando hay crisis financieras, los capitales siempre huyen de los países emergentes y buscan refugio en economías más sólidas.

 

No hubo especulación entonces. Simplemente estaba ocurriendo el mismo fenómeno que hemos visto en todas las crisis del pasado. La devaluación del peso se aceleró, sin embargo, a principios de octubre. De los 11 pesos por dólar pasó a más de 14 pesos. La devaluación frente los primeros días de agosto era ya de 40 por ciento. El Banco de México intervino de manera apresurada ofreció dólares tomadas de sus reservas. Al final utilizó 8,900 millones de dólares para tranquilizar a los mercados.

 

Hasta ahí todo está dentro de la norma. Las reservas sirven precisamente para evitar movimientos bruscos del mercado. Pero resulta que el secretario de hacienda, Agustín Carstens, dijo en Washington que el problema con el tipo de cambio había sido producto de acciones especulativas de unas cuantas empresas.

 

Lógicamente se le exigió al secretario que dijera qué empresas y con qué transacciones. Una cosa es gastar reservas para equilibrar el mercado y otra cosa usarlas para dar utilidades extraordinarias a algunos especuladores. Carstens, sin embargo, no aclaró sus declaraciones.

 

Algunas versiones periodísticas señalan que las transacciones a las que se refiere el secretario son las que llevaron a cabo empresas como Comercial Mexicana, Grupo Industrial Saltillo y Grumma. Pero estas firmas, curiosamente, le apostaron al peso mexicano con derivados y por eso registraron pérdidas. Comercial Mexicana ha tenido incluso que declararse en concurso mercantil, que es una forma de suspensión de pagos.

 

El secretario de hacienda va a tener que ser más claro en sus acusaciones. No debe simplemente arrojar la piedra y esconder la mano. Si hubo transacciones indebidas, deben tomarse medidas en contra de quienes las llevaron a cabo. Si no las hubo, sería mejor que Carstens pidiera una disculpa pública.

• Especulación

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