VIERNES, 24 DE OCTUBRE DE 2008
Las elecciones en EEUU y América Latina

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“La inflación no es una catástrofe de la naturaleza ni una enfermedad. La inflación es una política.”
Ludwig von Mises

Jaime Daremblum









“McCain ha respaldado el libre comercio toda su carrera, y apoya los pactos bilaterales con Colombia y Panamá que esperan aprobación del Congreso. Obama se opone a ambos tratados, votó contra el acuerdo con Centroamérica y República Dominicana, e incluso ha sugerido que trataría de renegociar el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica. También ha amenazado enfilar impuestos contra compañías que trasladen puestos de trabajo al exterior, es decir, inviertan en operaciones fuera de Estados Unidos.”


Washington (AIPE)- Latinoamérica ha figurado muy poco en la actual campaña electoral en Estados Unidos. Incluso, en el primero de los debates presidenciales, aunque el tema central era la política exterior, la región sólo mereció un par de ligeras menciones, hechas sin profundizar. No oímos nada acerca de los acuerdos de libre comercio con Colombia y Panamá, ni sobre la cada vez más violenta guerra contra las drogas en México, ni de impulsar mayor cooperación económica con Brasil y otras naciones importantes del área. Tampoco escuchamos nada relativo a promover una transición democrática en Cuba.

 

Esta ausencia se explica, en parte, por los graves retos que enfrentará el próximo presidente estadounidense en Irak, Afganistán, Irán, Pakistán, Corea del Norte, Rusia, China y otros sitios estratégicos en el esquema de la seguridad norteamericana. Salvo que estalle una crisis regional, el hemisferio no será prioridad para la próxima administración, sin importar quién gane. Los ataques terroristas del 11 de septiembre empujaron la región hacia la penumbra en la política exterior estadounidense y ni siquiera la presencia ruidosa y beligerante de Hugo Chávez ha cambiado eso. Ni Barack Obama ni John McCain alterarán la orientación fundamental de esa política exterior, centrada principalmente en el Medio Oriente y Asia.

 

América Latina, sin embargo, no será ignorada completamente. Los candidatos tienen diferentes visiones sobre la región, especialmente con respecto al comercio. McCain ha respaldado el libre comercio toda su carrera, y apoya los pactos bilaterales con Colombia y Panamá que esperan aprobación del Congreso. En julio visitó Cartagena para demostrar su apoyo al presidente Uribe y urgir la aprobación del acuerdo comercial. Obama se opone a ambos tratados (como la mayoría de los demócratas en el Congreso), votó contra el acuerdo con Centroamérica y República Dominicana, e incluso ha sugerido que trataría de renegociar el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, vigente desde 1993. También ha amenazado enfilar impuestos contra compañías que trasladen puestos de trabajo al exterior, es decir, inviertan en operaciones fuera de Estados Unidos.

 

Sin embargo, muchos en Latinoamérica parecen esperanzados en que un Presidente Obama elevaría la ayuda económica percibida. Él ha prometido que su administración "aumentaría sustancialmente nuestra ayuda a las Américas". Pero, dada la magnitud del paquete de la emergencia financiera y los planes de Obama para gastar más en salud, educación y energía, es dudoso que América Latina vea un aumento significativo en dicha cooperación. El Congreso estadounidense, además de su celo proteccionista y tradicionalmente adverso a la ayuda exterior, tiene en la mira gastos internos que considera más urgentes.

 

¿Y la inmigración? McCain y Obama han expresado anteriormente apoyo a una reforma integral de la política migratoria, tema sumamente polémico en ambos partidos. Si un Presidente McCain o un Presidente Obama presionase por una reforma migratoria integral a inicios de su mandato, asumiría un riesgo político grande.

 

En relación con Venezuela, McCain ha criticado a Obama por prometer reunirse con Chávez sin condiciones previas. Esa idea fue imprudente y Obama ha pagado por ello, aunque intentó rectificar el error. Pero no es claro si cualquiera de los candidatos podría hacer mucho para variar la política exterior venezolana. En tanto el precio del petróleo no baje significativamente, lo cual probablemente no sucederá muy pronto, Chávez continuará nadando en petrodólares y podrá seguir financiando a sus camaradas de la región.

 

El presidente venezolano también ha cultivado cálidas relaciones con Rusia e Irán. Moscú y Caracas recientemente crearon un consorcio para explorar, extraer y vender petróleo y gas no solo en Venezuela, donde ya está trabajando, sino también en Ecuador y Bolivia. Rusia y Venezuela también pueden empezar a colaborar en energía nuclear.

 

Asimismo, hay evidencia vinculando a Chávez con el grupo terrorista Hezbollah, apoyado por Irán. En junio, el Departamento del Tesoro estadounidense denunció que Venezuela "emplea y provee refugio a operativos y recaudadores de fondos de Hezbollah". Esto sucedió a pocos meses de la última exposición de los lazos chavistas con las terroristas FARC de Colombia.

 

Por fortuna, Chávez no representa la izquierda latinoamericana más amplia. Durante los últimos años, líderes de centro-izquierda responsables y pragmáticos han asumido el poder en Brasil, Uruguay, Chile y Perú. Entretanto, reformistas de centro-derecha gobiernan en Colombia y México. Gracias a esos esfuerzos, la región en su totalidad ha avanzado bastante bien.

 

En efecto, la gran mayoría de los países latinoamericanos ha podido establecer economías más sólidas, disminuir la pobreza y consolidar la democracia. Si la conmoción financiera no desencadena una profunda recesión mundial, la mayoría de América Latina parece seguir una ruta relativamente estable de desarrollo económico y maduración democrática. Los Estados Unidos pueden y deben apoyar significativamente ese proceso, aún cuando sus principales prioridades de política exterior estén, lamentablemente, orientadas hacia otras regiones.

 

___* Director del Centro de Estudios Latinoamericanos en el Hudson Institute, Washington, DC.

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