MARTES, 25 DE NOVIEMBRE DE 2008
El Atenco (aumentado) de Calderón

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“El escándalo rebasaría con mucho al que disuadió a Fox de construir su fallido aeropuerto en Atenco, pero las críticas serían infinitamente más justificadas, menos politiqueras y más dignas de crítica nacional e internacional.”


Escenario probable: el presidente de la República anuncia que construirá un aeropuerto cerca de Texcoco. Inmediatamente, todo el mundo se le echa encima.

 

El escándalo rebasaría con mucho al que disuadió a Fox de construir su fallido aeropuerto en Atenco, pero las críticas serían infinitamente más justificadas, menos politiqueras y más dignas de crítica nacional e internacional.

 

Los fustigadores no serían macheteros sino toda la oposición política al presidente, su propio partido y quienes votamos por él. Académicos, técnicos y financieros. Prensa de toda tendencia. Cualquier ser pensante. Serán legión los contribuyentes que (justificadamente) se juzguen defraudados por esa decisión.

 

¿Motivo? Construir un aeropuerto en Texcoco inutilizaría, desde el primer minuto, al actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Completo. Haría inútil su recién terminada Terminal 2, y su trencito. La Terminal 1. Las pistas. Los hangares. Las aduanas. Todo. Todo. Todo. Todo. La infraestructura auxiliar: hoteles, restaurantes, estacionamientos. Los arreglos y contratos: desde los comerciales hasta los sindicales. Todo.

 

Tales inconvenientes serían admisibles si no hubiese alternativa. Pero la hay.

 

La tragedia de Mouriño ha resucitado el interés sobre un urgente nuevo aeropuerto. El actual no admite operaciones paralelas simultáneas de aterrizaje y despegue; como no caben más pistas, los aviones deben hacer cola en el aire para aterrizar uno tras el otro, a riesgo de que algún piloto bisoño caiga en el vórtice turbulento del que va adelante. Eso no hace peligroso al actual aeropuerto (lo peligroso son los pilotos chambones) pero sí lo hace insuficiente. La Terminal 2 desahogó el servicio, pero no la capacidad del aeropuerto. Sigue además sin poder recibir aviones supergrandes como el Airbus A380.

 

Lo mejor de todo es que SÍ se puede construir un nuevo aeropuerto para la zona metropolitana, que NO inutiliza el que ya existe.

 

¿Dónde? No en Texcoco ni en Atenco sino pegado al actual, en línea con las pistas, en terrenos federales del Estado de México. Allí está el basurero del bordo poniente.

 

El proyecto (ya completo) cumple toda especificación de operación y de seguridad. Tiene pistas para operaciones paralelas simultáneas. Será adyacente al actual aeropuerto, que sigue funcionando con una pista. Podrá durar 50 años o más. Está resuelto el destino del basurero, el aprovechamiento de la basura, las vías de comunicación existentes, la solución ecológica para canales y lagunas que forman parte del sistema hidrológico de la zona metropolitana, y hasta la explotación económica aprovechando bonos de carbono.

 

Y lo mejor de todo: a) Cuesta probablemente la mitad que el de Texcoco, sin tener que construir todo de un jalón (se puede hacer modularmente, según se vaya necesitando). b) Se aprovecha íntegramente el aeropuerto existente, con toda su infraestructura.

 

Problema: parece haber una decisión política de construir el de Texcoco. Esperablemente, parece intereses económicos enormes para Texcoco.

 

La Secretaría de Comunicaciones y Transportes ha difundido información suficientísima sobre la tragedia del XC-VMC. La voluntad presidencial de informarnos cabalmente ha desmentido a quienes —como quien esto escribe— habíamos caído en el sospechosismo. Esa ejemplar actitud de la SCT deberá aplicarse también para los proponentes del nuevo aeropuerto: deben ser escuchados, conforme a un derecho que marca la Constitución, en igualdad de condiciones con los proponentes de Texcoco. Pido a nombre propio, y exijo, que se maneje con respeto mi patrimonio de contribuyente y mi calidad de ciudadano, y se tomen con inteligencia las mejores decisiones posibles.

 

De no ser así, el presidente Calderón podría sufrir de sus perennes detractores (y de sus partidarios) un Atenco gigantesco. Criticarán implacablemente una obra que en cualquier país decente se haría evaluando con fundamento técnico y económico todas las opciones, sin echar a perder los millardos que vale una infraestructura existente.

 

No lo deseo; lo prevengo. Ese Atenco de Calderón se parecería a un Waterloo.


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