JUEVES, 5 DE FEBRERO DE 2009
Una generación de crisis

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“Las crisis financieras no son un fenómeno nuevo, de hecho, existe la tesis que son parte natural de los ajustes y desajustes que se dan en el ciclo económico. Pero en los anales de la narrativa posterior, los últimos veinte años pasarán a la historia como un capítulo sin antecedente en el desarrollo de los flujos de capital.”


Las crisis financieras no son un fenómeno nuevo, de hecho, existe la tesis que son parte natural de los ajustes y desajustes que se dan en el ciclo económico. Pero en los anales de la narrativa posterior, los últimos veinte años pasarán a la historia como un capítulo sin antecedente en el desarrollo de los flujos de capital.

 

Nuestro país, por supuesto, no es ajeno a estos círculos viciosos de devaluación y deuda. Sin embargo, a partir de nuestra crisis cambiaria del ’94, del famoso error de diciembre, surgieron varias tesis sobre la “violencia y virulencia” (palabras textuales del entonces Jefe de Asesores de Ernesto Zedillo) de los movimientos de capital. Unos años después, en medio de las crisis financieras del efecto dragón en la zona pacífico y del efecto vodka en Rusia, surgía un nuevo término en el vocabulario de esta rama de estudio: el contagio financiero.

 

De hecho, Lawrence Summers llegó a postular la idea que una de las lecciones esta era de alta sofisticación tecnológica en los sistemas de comunicación, es que el ingreso de capital exterior debería ser tratado como un episodio temporal, mientras que las salidas de capital deberían de interpretarse como un episodio permanente.

 

Así, no tomas las cosas como un hecho y nos evitamos problemas al suponer que no pasará lo que puede pasar, o sea, una “violenta y virulenta” interrupción de los flujos de capital.

 

Parecería que estas premisas de manejo de riesgos son la antítesis al enorme paquete de rescate financiero que se ha elaborado para la economía estadounidense. Pero ese cuento es para otra ocasión.

 

El 2008, sin duda, fue un año de profunda “virulencia” financiera. Los índices generales de renta variable registraron caídas acumuladas de arriba del 40%-- o sea, en la misma proporción que la caída entre el 2000 y el 2003. Esos años, recordemos, no fueron nada fácil: revento la burbuja de las acciones tecnológicas, se dio el ataque terrorista del 9/11, hubo los fraudes de Enron y Worldcom; y, surgia el espectro de la deflación sistémica en la economía estadounidense.

 

En esos años, hubo una fuga hacia la calidad, por lo cual índices de renta fija acumularon ganancias. El el 2008, ni los índices de oro, por no decir los de renta fija, se lograron salvar. Vaya, las necesidades de desendeudamenitno o desapalancamiento han sido ten grandes que el dólar ha vivido una apreciación cambiaria importante. Pero, claramente, esas son razones atípicas de “fortaleza cambiaria”—una demanda desesperada de dólares para cubrir pasivos en todos los rincones de esta cultura, de esta generación, de crisis.

 

• Crisis / Economía internacional

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