MIÉRCOLES, 18 DE FEBRERO DE 2009
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“América Latina depende más del capital extranjero que otras regiones del mundo y, por consiguiente, tiene más que perder con el creciente nacionalismo financiero de Estados Unidos y Europa.”


Mientras Europa y Estados Unidos bregan con la actual crisis económica, aumenta el nacionalismo y tanto los industriales como los sindicatos cabildean en Washington, Bruselas, París y Londres. Buscan subsidios, protección arancelaria, restricciones contra trabajadores extranjeros y regulaciones que presionen a la gente a comprar productos nacionales.

 

El paquete de estímulo recientemente promulgado por el Congreso incluye disposiciones de “compre americano” que discriminan contra las importaciones. De igual manera, la ayuda del gobierno francés a su industria automotriz está sujeta a que no cierren ninguna planta en Francia. Eso significa que cerrarán otras en el exterior, aunque sean más eficientes. Pero quienes saldrán perdiendo más no serán los norteamericanos ni europeos sino los latinoamericanos, especialmente por el creciente nacionalismo financiero.

 

Como lo reportó la revista The Economist, los bancos norteamericanos y europeos que han recibido ayuda gubernamental tienen instrucciones de concentrar sus créditos en el mercado nacional. De tal manera que los flujos de capital hacia América Latina se contraerán dramáticamente. El Fondo Monetario Internacional pronostica una caída de casi 82% en las inversiones extranjeras privadas en los mercados emergentes durante 2009.

 

Esto será especialmente dañino para el hemisferio latinoamericano. Recientemente, el vicepresidente para América Latina del Banco Mundial dijo que la región comenzó a sufrir una dramática caída de los flujos de capital tras el colapso de Lehmannn Brothers, en septiembre. Esto, añadido al colapso de los precios de materias primas, es muy grave para la región.

 

El distinguido comentarista financiero del diario Financial Times, Martin Wolf, en su recién publicado libroFixing Global Finance(Reparando el Financiamiento Global), mantiene que los sectores bancarios locales en América Latina son demasiado pequeños para respaldar por sí solos a la industria nacional. En otras palabras, América Latina depende más del capital extranjero que otras regiones del mundo y, por consiguiente, tiene más que perder con el creciente nacionalismo financiero de Estados Unidos y Europa.

 

Entonces, ¿qué deben hacer sus gobiernos? Primero que todo, deben insistir en que Estados Unidos y Europa cumplan con los tratados vigentes. Deben también denunciar y protestar enérgicamente contra las medidas nacionalistas de los países desarrollados, recordándoles que con ello perjudican especialmente a los latinoamericanos más pobres.

 

Pero más importante aún, los líderes latinoamericanos tienen que lograr que los europeos y norteamericanos comprendan que la libertad de intercambiar bienes y servicios a través de las fronteras no es un privilegio sino un derecho. Quien primero argumentó esto fue el teólogo franciscano Francisco de Vitoria, en 1532, cuando escribió que el libre comercio se deriva del derecho natural a la libre asociación de la gente. Eso lo escribió cuando insistía que ni los gobiernos coloniales ni el rey de España podían impedir que   los latinoamericanos comerciaran libremente con mercaderes europeos. Vitoria sostenía que las leyes que reprimen el intercambio comercial son “inicuas y contra la caridad”.

 

Todos terminamos perdiendo cuando el proteccionismo es la norma. Promueve la complacencia y la ineficiencia entre los “protegidos”. Además, impide el acceso al mercado y a oportunidades económicas a quienes requieren fuentes de capital extranjero. Pero lo peor es que el nacionalismo económico es fundamentalmente injusto y nos impide reconocer que todo el mundo es en realidad nuestro vecino, cualquiera que sea su nacionalidad.      

 

___* Director de investigaciones del Acton Institute y autor del libro “The Commercial Society” (2007).

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