MIÉRCOLES, 1 DE ABRIL DE 2009
La madre de todas las burbujas

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“Durante los últimos meses el mundo entero ha llegado a conocer el sonido y los efectos de una particular palabra; burbuja. Escuchamos de la burbuja inmobiliaria, de la burbuja de las bolsas de valores, la del petróleo, la burbuja de las materias primas, la de Bush, la de Greenspan, la de Clinton, de Bernanke, la de los chinos. La burbuja se ha convertido en miembro de los cafés, cantinas y salas de consejo en todas las ciudades del mundo”


“Yo no confío en la sociedad para protegernos. No tengo la intención de entregar mi fe a un grupo de payasos cuya única habilidad es engañar a la gente para que voten por ellos.”

 

                                                                                                                                              Michael Corleone (El Padrino)

 

Durante los últimos meses el mundo entero ha llegado a conocer el sonido y los efectos de una particular palabra; burbuja. Escuchamos de la burbuja inmobiliaria, de la burbuja de las bolsas de valores, la del petróleo, la burbuja de las materias primas, la de Bush, la de Greenspan, la de Clinton, de Bernanke, la de los chinos. La burbuja se ha convertido en miembro de los cafés, cantinas y salas de consejo en todas las ciudades del mundo.

 

Con esa ella nos referimos a los efectos resultantes cuando abusamos al provocar demanda artificial de ciertos productos tangibles y no tangibles, la cual suele producir ese inflamado valor que tanto nos embriaga. Pero como cantaba Pedro Infante, tarde o temprano, como las crudas de Bacanora, llega el doloroso desinfle que normalmente nos encuentra descobijados.

 

Hace un par de semanas, el politólogo Michael Rozeff nos llevó a reflexionar sobre el tema desde otra perspectiva cuando escribiera:

 

“Hay una de la que nadie habla y a la cual pudiéramos llamar La Madre de todas las Burbujas. Es realmente gigantesca y se extiende por todo el mundo. Como todas las burbujas durante un buen tiempo parecía funcionar. Parecía producir impresionantes ganancias ignorando las perdidas. Los rendimientos lucían impresionantes y a la vista de los participantes, no se miraba sello de expiración. Ante tales condiciones ha atraído grandes recursos e infinidad de alianzas. Pero como todas las burbujas, está condenada a muerte pues se basa en la avaricia y ganancias expropiadas a ciertos segmentos de gente sin su consentimiento.”

 

Esta burbuja, nos revela Rozeff, se llama democracia sin el consenso de todos aquellos a quienes gobierna. Es la burbuja de los gobiernos prometiendo más y más ganancias que luego no pueden producir. Es la burbuja de gobiernos ofreciendo esquemas fraudulentos que atraen a la gente como la miel a las moscas. Es una burbuja edificada robando a unos para pagar a otros.

 

Pero este fenómeno, como todos ellos, por la dinámica de su naturaleza debe llegar a un final. La burbuja se debe desinflar y, en ese proceso, las poblaciones del mundo deberán enfrentar su realidad ante los destrozos de tal fuerza. Deberán entonces darse a la tarea de diseñar una nueva relación política y social. Las democracias no pueden ser salvadas cambiando su liderazgo porque están estructuradas sobre el ejercicio de la fuerza. Así como ningún banco central puede asegurar las conductas de la economía, ninguna nación estable puede edificarse a base de votos. Esta burbuja explotará cuando la gente, ante su realidad política, deje de creer en gobiernos estructurados sobre reglas impráctica e injustas, aplicadas a base del ejercicio de la fuerza.

 

Democracia, como se ha estructurado, mayorías oprimiendo a minorías a base del ejercicio de la fuerza, es algo que no puede durar porque es un concepto nacido con sus raíces podridas. Un tipo de gobierno en el cual la gente se avalancha para, dando rienda suelta a su avaricia, tomar ventaja de los demás, no puede tener larga vida. Este tipo gobierno se ha convertido en la gran burbuja especulativa en la cual la gente apuesta a interminables ganancias, pero a expensas de la miseria de otros. La burbuja debe de explotar.

 

La música tiene que parar y no habrá suficientes sillas para todos los bailarines. Gobiernos edificados sobre la expansión de círculos de avaricia e injusticia, están condenados a fracasar. En lo profundo de nuestras mentes lo sabemos, pero solo esperamos que cuando la música termine, no seamos de los que se quedaron sin silla. Esperamos que esto dure otros 20 a 30 años y el que venga atrás que arree.

 

Sabemos también que cuando las burbujas explotan, siempre llega el supremo gobierno a salvarnos. Pero los gobiernos no fueron instituidos para esto, sin embargo, ha sido la moda de los últimos tiempos. Sabemos que frente a esa temida explosión, llegará el gobierno consiguiendo sillas para los que se quedaron parados. De lo que no estamos conscientes, es que esas sillas deberán ser robadas a quienes fueron suficientemente prudentes para sentarse antes de que la música dejara de tocar. Con la bandera del rescate hoy día los gobiernos se dan a violar los derechos básicos a la vida, libertad y propiedad.

 

Los rescates gubernamentales son abstracciones de burbujas para alojarlas en la madre de todas, la de ellos mismos. Pero ello no hace más que precipitar la explosión.

 

Durante el paso de muchas generaciones se construyeron estas reglas de gobierno. Ellas se beneficiaron cuando el gobierno tiraba su red social, construían casas subsidiadas, conducían sobre carreteras subsidiadas, recogían cosechas subsidiadas, todo ello financiado con préstamos subsidiados. Descubrieron se podían beneficiar favoreciendo sindicatos corruptos, empresas y escuelas públicas. Fue cuando la burbuja se expandía producto de la creciente demanda por las gracias de los gobiernos. Ahora los votantes aportan a la burbuja porque creen de esa forma aseguran las ganancias que generaciones pasadas ordeñaron. Pero hoy día esas ganancias son solo promesas incumplidas.

 

Los gobiernos actuales son acciones sobrevaluadas y pagan sus dividendos extorsionando a los nuevos participantes. Sin embargo, siguen prometiendo una cascada de dividendos futuros cuando ellos no crean valor alguno. Cuando las deudas exceden el valor de los activos, la empresa es insolvente y los dueños la abandonan. Cuando las deudas de los gobiernos excedan el valor de sus prometidas golosinas, la gente los abandonará. La mayoría de los gobiernos son ya empresas insolventes y fraudulentas…la burbuja tiene que explotar.

 

Es un hecho que el concepto de representatividad o democracia constitucional se ha perdido. Solía decirse que el Sagrado Imperio Romano solamente tenía tres cosas que eran verdad: No era sagrado, no era Romano y no era un Imperio. Lo mismo podemos afirmar de la democracia representativa y constitucional: No es democracia, no es representativa y no es constitucional. Gobiernos operando bajo un supuesto mandato de las masas y no de la ley, deben sucumbir.

 

Pero finalmente nos damos cuenta que representatividad es una pequeña hoja de árbol que no cubre la desnudez del hecho que, aun en los sofisticados y modernos estados, a pesar de la elegante retórica y su avalancha propagandista, unos cuantos mandan y otros obedecen. La interrogante sería ¿Quién es el amo y quien es el siervo? Y más importante ¿Qué haremos cuando la madre de todas las burbujas explote y no haya sillas para nadie?

 

• Crisis / Economía internacional

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