Ideas al vuelo
Abr 16, 2009
Ricardo Medina

Todavía no, pero ahí vamos...

El prólogo de la recuperación tiene que escribirse en los mercados financieros, del mismo modo que en los mercados financieros se gestó esta calamidad.

¿Ya comenzó la recuperación de la actividad económica? No.

 

¿Ya regresó la confianza a los mercados? Sí, de forma incipiente pero significativa.

 

Estamos hablando de procesos distintos, aunque fuertemente vinculados. La recesión es de largo aliento, se fue extendiendo y profundizando durante 2008, pero se incubó desde 2007 con la debacle de las hipotecas de baja calidad y de los productos de inversión estructurados que les correspondían en la otra columna del balance (“tus pasivos son mis activos; si tú eres insolvente, yo estoy perdido”).

 

La pérdida de la confianza, en cambio, fue súbita y brutal. Tanto así que puede fecharse el 15 de septiembre de 2008 con la quiebra de Lehman Brothers. En ese momento los mercados financieros “leyeron”, asustados, que las respuestas de las autoridades estadounidenses ante la crisis estaban siendo erráticas y desconcertantes.

 

Hasta esa fecha los medios de comunicación generales, no especializados, andaban en otros asuntos, desdeñaban la crisis económica porque eso no vendía y porque generalmente no la entendían (que nadie se ofenda, pero al día de hoy la mayoría sigue sin entender de qué se trata, lo que no obsta para que todos pontifiquen); por ejemplo, en México los medios andaban, en esos días, alborotados con la nota roja, los secuestros y las mantas de los narcotraficantes. En Estados Unidos pasaba otro tanto: la contienda electoral estaba en su apogeo y ningún candidato registró la crisis como su caballito de batalla. A partir de la quiebra de Lehman las campañas se focalizaron en la recesión, los rescates fallidos, la búsqueda de chivos expiatorios y demás.

 

Para quienes gustan de las analogías médicas, la súbita pérdida de confianza fue causada por un evento iatrogénico (que significa: un agravamiento del estado del paciente generado por la incompetencia del médico tratante); digamos que alguien se equivocó en el hospital y le transfundió sangre del tipo equivocado al enfermo. Casi lo matan.

 

Ese episodio iatrogénico es el que empieza, en estos días, a superarse. El plan de Tim Geithner para limpiar los activos tóxicos no es una panacea, pero al menos es un plan. El tardío reconocimiento de que, después de todo, no habrá más remedio que un proceso judicial de quiebra para GM (siglas que aún no significan, esperemos, “Government Motors”), quiere decir que ya no están tan atolondrados en la sala de urgencias; los resultados del G-20 no fueron tan decepcionantes como algunos habíamos temido; Barack Obama ya se acordó de que hay un mundo afuera de Estados Unidos… Ahí vamos.



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Los dos enemigos del pueblo son los criminales y el gobierno. Atemos al segundo con las cadenas de la Constitución para que no se convierta en la versión legalizada del primero.

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