JUEVES, 16 DE ABRIL DE 2009
Calumnias y campañas

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
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El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“Por qué habría de asombrarnos que los panistas que en el 2007 afirmaron que era imprescindible limpiar las campañas sucias estén hoy conduciendo una campaña basada en calumnias.”


No se entiende para qué los políticos mexicanos hacen leyes que ellos mismos no quieren acatar. Ahí está como ejemplo la legislación electoral que crearon en 2007 los legisladores con el supuesto argumento de que con ella mejoraría la calidad de las elecciones en México. No solamente aplastaron con ella importantes derechos ciudadanos, como el de contratar tiempos en medios electrónicos para expresar sus puntos de vista, sino que ahora se niegan a conducirse dentro de lo que marcan sus propias reglas.

 

Una de las medidas más controvertidas de la contrarreforma electoral del 2007 fue la prohibición a partidos o candidatos de cuestionar las posiciones o puntos de vista de sus rivales. Los políticos nos dijeron que buscaban así elevar la calidad de los procesos electorales e impedir las campañas sucias. Al final, los mismos políticos que promovieron esta iniciativa han quebrantado la legislación.

 

Los panistas, por ejemplo, votaron unánimemente a favor de la prohibición. Pero hoy el partido, preocupado por la delantera del PRI en las encuestas de opinión, ha empezado la campaña más sucia que pueda uno imaginarse: una de abiertas calumnias. Encabezados por el propio presidente nacional del partido, Germán Martínez Cázares, los panistas están acusando a los priistas de tener vínculos con el narcotráfico. Pero ningún panista ha presentado pruebas o ha levantado una denuncia ante la PGR.

 

Las acusaciones, claro, son una simple estratagema política. Los panistas han adoptado el viejo principio de Joseph Goebbels, el propagandista nazi, que afirmaba que toda mentira, repetida el número suficiente de veces, empieza a verse como verdad. Como la propia ley que ellos promovieron prohíbe las campañas sucias en tiempos comprados de radio y televisión, los panistas han concentrado las calumnias en espacios impresos y en internet así como en declaraciones en actos públicos a los cuales asisten los medios de comunicación. Se vanaglorian, de hecho, que esta campaña sucia los ha hecho mejorar su posición en las encuestas.

 

Uno puede defender, por supuesto, la libertad de expresión en los procesos políticos. Siempre he pensado que los políticos, con la contrarreforma del 2007, nos quitaron a los ciudadanos la posibilidad de llamarle corrupto al corrupto. El problema es la hipocresía. Si realmente querían los panistas eliminar las campañas sucias, y por eso impulsaron y aprobaron las leyes electorales del 2007, ¿por qué hoy se han convertido en los principales promotores de las campañas sucias? Pero, además, una cosa es cuestionar a un candidato o a un partido por actos de corrupción debidamente comprobados y otra muy distinta lanzar calumnias sin pruebas.

 

Quizá no deberíamos asombrarnos de lo que está ocurriendo. Los políticos mexicanos siempre se han caracterizado por su hipocresía. Por qué habría de asombrarnos que los panistas que en el 2007 afirmaron que era imprescindible limpiar las campañas sucias estén hoy conduciendo una campaña basada en calumnias. Quieren mandar la señal que, para conservar el poder, todo se vale.

• Democracia mexicana • Reforma electoral

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