Reflexiones libertarias
Abr 22, 2009
Ricardo Valenzuela

El chapulín Obama

¿Ahora quien podrá ayudarnos? Desde el polo norte hasta tierra del fuego se acude ahora a la versión primer mundista del Chapulín Colorado: Barak Obama.

“Denme control del dinero y no me importa quien haga las leyes.”

Mayer Rothschild

 

Durante años me ha tocado escuchar en pláticas de café, consejos, reuniones, etc., la gran admiración, por un lado, y el grave resentimiento, por otro, hacia los EU por su poderío militar, sus grandes Universidades, sus extraordinarias películas, Michael Jordan, sus cohetes al espacio, etc. Sin embargo, nunca escucho analizar inteligentemente el arma más poderosa que ha utilizado este país para dominar el mundo; su política monetaria.

 

“Oro es dinero, valor y solamente el oro”. Fue la exclamación de J.P. Morgan ante el congreso de los EU en 1913. Casi 40 años después, en 1945 Keynes y un obscuro economista americano, Harry Dexter White, creaban el nuevo sistema monetario mundial basado en una fuerte liga con el oro a $35 dólares la onza, para iniciar un periodo de prosperidad en el mundo occidental.

 

Después del rompimiento de Nixon con la disciplina monetaria de Bretton Woods para provocar 15 años de recesiones con inflación, le tocó a Ronald Reagan, un gran creyente de la regla precios-oro, proporcionar a Paul Volcker un campo fértil para su titánica labor, restablecer la estabilidad de precios para reconstruir la economía de los Estados Unidos.

 

En 1791, Alexander Hamilton ganaba su debate frente a Jefferson y Madison, convenciendo al presidente Washington de firmar la ley que creaba la deuda nacional consolidada que se negociaría libremente en los mercados abiertos, acompañada de un banco nacional que emitiría papel dinero totalmente redimible en oro. Desde tiempos inmemoriales, el oro ha sido identificado con cierto misterio monetario, inclusive, con ciertos poderes divinos.

 

En el mudo actual, regido por la tecnología y los mercados globales, la moda es ya no creer en Dios, mucho menos en el oro. Pero es realmente una pena porque las virtudes del oro podrían ser un puente para la humanidad en la complicada transición a la que nos lleva el nuevo milenio. El creer en un poder espiritual superior definitivamente mejoraría las relaciones humanas, en general el discurso en la vida política al igual que el de la sociedad civil. En términos monetarios, el precio del oro permanece como el mejor indicador del valor del dinero. Es la madre de los indicadores y el faro orientando nuestra ruta.

 

Veamos: A finales de la administración de Carter, el oro alcanzó $800 dólares la onza al mismo tiempo que los precios al consumidor escalaban un 15%. Para 1985, con el timón en manos de Volker, el precio del oro descendía a $300 dólares la onza. Un año después, los precios al consumidor se habían derrumbado a menos de 2%. Fue cuando James Baker, entonces Secretario del Tesoro, se embarcó en un periodo devaluatorio del dólar presionando a Volcker para masivamente crear nuevos dólares domésticos, el oro de inmediato llegó a $475 la onza. Para 1989 los precios al consumidor ascendían a más de 5%, el mercado de valores se desplomó, la economía cayó en recesión, Bush I perdió su reelección.

 

Durante la década de los 90s, el presidente del FED, Alan Greenspan, reordenó la política monetaria con el objetivo de estabilidad de precios y cero inflación (eso fue lo que pensamos). En múltiples ocasiones en las que Greespan compareciera ante el congreso de los EU, siempre hacía referencia al oro como un barómetro en contra de la inflación. Después, Greenspan trabajó en sociedad con el entonces Secretario del Tesoro, Rubin, un ex-investment banker quien reconoció la gran necesidad de estabilidad de precios y un dólar fuerte para poder mantener bajos tipos de interés favoreciendo el mercado de bonos, y un crecimiento económico estable.

 

El resultado de la colaboración Greenspan-Rubin fue impresionante (eso fue lo que pensamos). La inflación promedió sólo 2.5% en los últimos años de los 90. La baja inflación incrementó el rendimiento de las inversiones provocando formación de capital. Como consecuencia, el mercado de valores se disparó lo mismo que el patrimonio del ciudadano común. En los EU numerosos estudios sugieren que si el Departamento de Comercio pudiera encontrar el sistema contable apropiado para medir el impacto tecnológico en la economía, nos daríamos cuenta que la inflación en realidad es menos de 2%, la productividad se ubicaría en un 3%, y el verdadero crecimiento del PIB es de casi un 5%. (Eso fue lo que pensamos.)

 

Pensamos también que mientras estas condiciones permanecieran, mientras empresarios e inversionistas tuvieran el beneficio de precios estables y moneda fuerte acompañado de impuestos mínimos, los EU tendrían un largo periodo de prosperidad. Greespan así lo afirmaba. El seguía el liderazgo del economista británico J.S. Mill quien en 1848 escribió: “El valor monetario sólo será mantenido utilizando el precio del oro. Hay una inequívoca indicación para evaluar si una moneda se está depreciando. Esa indicación es el precio de los metales preciosos.” Así es que, desde Reyes y profetas, Hamilton, Mill, Morgan, Keynes, Reagan hasta Greenspan, la línea de la historia está ligada al oro.

 

Ante la avenida en este nuevo mundo tecnológico, la cibereconomía y el ciberdinero, los mercados obligarán a las naciones a manejar políticas monetarias sanas y coherentes. La profecía y advertencia de Hayek en cuanto al dinero privado como una respuesta del mercado al mal manejo monetario de los estados, se vuelve ya una dolorosa realidad. Hayek afirmaba: “Cualquier emisor de dinero que fracase en mantener su valor, de inmediato perderá sus clientes provocando graves tormentas en los mercados.” ¿Cuál es el más común promotor de la pérdida de valor del dinero? ¡Las masivas emisiones monetarias sin respaldo!

 

Eso fue lo que el mundo aprendió hace sólo unos meses cuando los mercados financieros mundiales se colapsaron. Greensapan calladamente había abandonado  sus ideas Hayekianas y su admiración por Mill, para envolverse en una bacanal de emisiones monetarias lo que, sumado a la parranda de crédito irresponsable iniciada por el gobierno de Clinton y continuada por Bush, ha provocado se de por terminado el más largo periodo de crecimiento de la economía de EU iniciado por Reagan en 1983. El Dr. Ron Paul al igual que Don Hugo Salinas Price, lo estuvieron gritando durante años ante los sordos oídos de la comunidad mundial.

 

Pero eso ya sucedió, ¿ahora quien podrá ayudarnos? Desde el polo norte hasta tierra del fuego se acude ahora a la versión primer mundista del Chapulín Colorado: Barak Obama. La recién terminada Cumbre de las Américas, nos hace recordar el errante pueblo de Israel esperando la bajada de su líder con las tablas de salvación. Pero Obama no ha descendido con ese mágico elixir, él desciende con el libro obsequiado por Hugo Chavez (El manifiesto comunista latinoamericano) y más de lo mismo, masivas emisiones monetarias que han enviado al oro a superar los $1,000 dólares la onza y siguen los precios. Entonces, no todo lo que brilla es oro y tal vez sea la hora de acudir a Superman.



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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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