Reflexiones libertarias
May 13, 2009
Ricardo Valenzuela

Los revisionistas y Obama Inc.

Las economías se pueden manipular durante algún tiempo, se puede, inclusive, lograr ciertos resultados, pero tarde o temprano la burbuja se revienta, los mercados pasan la factura y hay que pagarla, por más dolorosa que sea.

Con el resurgimiento de los mercados en los años 80s como el mejor medio para la creación y distribución de riqueza, en las agendas políticas mundiales cesaron los ataques al capitalismo. Pero la ola está de regreso, furiosa y vigorizada. Hoy día atestiguamos el linchamiento mundial de lo que el establishment considera el gran peligro para sus planes; el mercado.

 

Obama no ha perdido tiempo e inició una serie de ataques al sector privado que culminan con los sindicatos propietarios de Chrysler, y en la mira está GM en lo que ya se conoce como Obama Motors. Su elección nos indica que su retórica populista no solo no lo perjudicó, cómodamente le sirvió la presidencia. Las manifestaciones que infinidad de “intelectuales” arrecian culpando al capitalismo de la presente crisis, son el corolario del plan.

 

Sin embargo, economistas liberales contraatacan señalando la competencia dista mucho de ser “ruda” puesto que, en estimación de la empresa consultora, McKinsey, menos de una quinta parte de la economía mundial está abierta a la competencia. Es decir, más de cuatro quintas partes de la producción mundial han estado bajo controles estatales y su capitalismo crony. El verdadero capitalismo no ha existido durante años y lo confundimos con lo que Mises bautizara como Intervencionismo.

 

Sin embargo, el capitalismo de EU—maneado y patuleco—en su momento eclipsó al mercado social de Europa y al corporativismo de Japón que tanto admiraron “los revisionistas”. Entonces, si las agresiones al capitalismo fueron tales en momentos de gran crecimiento, ¿qué podemos esperar hoy día ante una economía mundial en crisis? Los arquitectos sociales culpan al mercado desde la crucifixión de Jesucristo hasta las guerras mundiales, pasando por la hambruna en África y el sida en San Francisco.

 

Escuchamos alaridos contra los empresarios estatistas en los capitalismos crony, al mismo tiempo que se pide la intervención del gobierno para remediar una situación que él mismo ha causado. Los gritos de enrabiados grupos progresistas exigiendo una economía mundial semejante a la reforma agraria mexicana, o al socialismo Europeo canalizando riqueza de quienes la producen hacia aquellos que no tienen ninguna participación en tal proceso. Pero ¡cuidado! en los últimos 30 años Europa creció menos de la mitad que los EU. 

 

Nos encontramos ante algo similar al enfrentamiento a principios de los 80s entre los economistas liberales y los llamados “revisionistas,” quienes promovían los EU adoptara un modelo similar al de Japón Inc. Ellos argumentaban los EU jamás podrían competir con el capitalismo estatal de Japón y afirmaban: “A menos que los EU adopte el estilo japonés, abandone los mercados libres en favor de un comercio internacional controlado, y la hiperactiva participación del estado en la economía con objetivos sociales, se convertirá en una colonia de Japón.”

 

Afirmaban el secreto del sistema japonés era su visión estatal a largo plazo. Japón invertía capital, no para lograr rendimientos en el corto plazo, sino para penetrar los mercados, dar empleo de por vida a sus trabajadores y de esa forma maximizar sus rendimientos en el largo plazo. Esto contrastaba con la visión—según ellos miope—de los financieros americanos quienes se manejaban rimando con el comportamiento de los mercados de capitales, tan exigentes en la producción de utilidades en el corto plazo.

 

Los admiradores del sistema japonés pensaron haber encontrado una forma superior de capitalismo; el llamado capitalismo de desarrollo estatal y lo describían: “Representa un camino a través del cual el gobierno establece objetivos sociales, pero utiliza los mecanismos del mercado para lograrlos. La propiedad privada y el libre intercambio existen, pero la planeación gubernamental y la manipulación del mercado son el timón de la nave. El ‘capitalismo administrado’ de Japón enterrará a los mercados libres de los EU.”

 

James Fallows, el más famoso revisionista recitaba:

 

 “El estilo asiático desconfía profundamente de los mercados. Ve la competencia como un medio para mantener las empresas nerviosas, pero no el camino para resolver ninguna interrogante de la vida. Como la sociedad se manifieste, es en la dirección que la economía se debe desarrollar.”

 

Pero al inicio de los 90s, cuando las economías asiáticas entraban en agonía y la de EU cabalgaba sobre el periodo más largo de crecimiento de su historia, fue hora de una profunda reflexión. Los revisionistas afirmaban haber descubierto un capitalismo superior, el capitalismo japonés de desarrollo estatal. Pero poco después se conocería como capitalismo oligárquico y su fracaso provocaría gran pena y dolor en toda la cuenca del Pacifico.

 

La magnitud de la caída fue impresionante: La economía japonesa se mantuvo diez años sin crecimiento. El Yen se depreció a la mitad respecto al dólar. El mercado bursátil perdió el 60% de su valor y los valores de los bienes raíces hasta un 80%. Esa depresión dejó a los bancos japoneses con niveles de deuda mortales. Poco después las autoridades estimaron el problema de préstamos “desahuciados” en $800 mil millones de dólares, casi el 25% del PIB.

 

Aun ante esa evidencia, desde el final de la era de Reagan, los EU calladamente tomaron una ruta similar a la de los revisionistas. Bush I, Clinton y Bush II, lentamente se dieron a demoler el legado del Giper agigantando el estatismo. Pero lo hacían en complicidad de un Greenspan quien, bajo el efecto de potentes esteroides, se dio a la creación masiva de dinero inflando una gigantesca burbuja. Los resultados los tenemos a la vista.

 

Los revisionistas se equivocaron. Pero sus errores se desprenden de una sola cosa; su inhabilidad para entender el poder de los mercados libres. Sufrieron lo que F.A. Hayek llamó EL CAPRICHO FATAL. Creyeron que un puñado de burócratas podía tomar mejores decisiones que millones de consumidores. Podían escoger industrias estratégicas, invertir capital desafiando la fórmula de oferta—demanda, inflar permanentemente sus mercados, moldear una economía que convertiría a Japón en el país más rico y poderoso de la tierra…. con un “estado repartidor.” Pero no se puede retar a los mercados.

 

Las economías se pueden manipular durante algún tiempo, se puede, inclusive, lograr ciertos resultados, pero tarde o temprano la burbuja se revienta, los mercados pasan la factura y hay que pagarla, por más dolorosa que sea. Los ejemplos son múltiples, desde Japón, la Unión Soviética, el milagro mexicano y, en especial, la tremenda burbuja de Clinton, Bush, Greespan, Bernanke, Paulson que hoy arropa al mundo.

 

Ante la euforia de Obanomics devorando la economía privada frente al llanto de los fundadores del país, la lección parece olvidada pero la historia debe ser nuestro mejor maestro. A los intelectuales, a Barak Obama, a los proponentes de la tercera vía estatal, a los progresistas del mundo; no griten tanto y revisen la historia de “los revisionistas.”



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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