VIERNES, 19 DE JUNIO DE 2009
Campaña por la abstención

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“Muy pocos posibles electores dicen espontáneamente que van abstenerse de votar en protesta por el sistema político, pero cuando se les hace la pregunta concreta las cifras aumentan de inmediato. Esto revela que hay un enojo oculto, el cual puede manifestarse, efectivamente, en una abstención generalizada.”


En un principio era sólo un grupo de “locos del internet” que mandaban correos electrónicos pidiendo a la gente no presentarse a votar o anular su voto. Después se unieron un buen número de intelectuales y periodistas, como Luis González de Alba, Jaime Sánchez Susarrey y Jacobo Zabludovsky. Ahora la campaña ha arreciado e incluso una ex presidenta nacional del PRI, Dulce María Sauri, se ha unido al movimiento.

 

Muchos de los que impulsan esta causa citan el Ensayo sobre la lucidez de José Saramago, el escritor portugués de izquierda, ganador del Premio Nobel de literatura. La obra parte de la experiencia de un país que convoca a elecciones, pero en que nadie acude a votar.

 

Los políticos parecen asustados. Dejan de lado sus diferencias partidarias y cuestionan el llamado a la abstención o al voto anulado. Todos, por otra parte, culpan a sus rivales de estar promoviendo este movimiento. Los perredistas dicen que la abstención sólo beneficiaría al PRI y al PAN, los panistas dicen que el usufructuario sería el PRI, mientras que los priistas dicen que sería el PAN.

 

Hasta este momento todo esto parece un simple juego intelectual. Las encuestas de opinión no muestran que la intención del voto pueda modificarse de manera significativa como consecuencia de esta campaña. El PRI sigue adelante, el PAN en segundo lugar, el PRD en tercer lugar. El número de indecisos se encuentra, como es usual, en alrededor de 19 por ciento.

 

Muy pocos posibles electores dicen espontáneamente que van abstenerse de votar en protesta por el sistema político, pero cuando se les hace la pregunta concreta las cifras aumentan de inmediato. Esto revela que hay un enojo oculto, el cual puede manifestarse, efectivamente, en una abstención generalizada.

 

Las elecciones intermedias tienen usualmente menor participación que las presidenciales. La de 2003, que sería el equivalente de la que vamos a tener este próximo 5 de julio, registró una abstención de 58.32 por ciento. En la elección presidencial de 2006, en contraste, la abstención fue de apenas 41.45 por ciento. La votación de 1994 tuvo el nivel más bajo de abstención de los tiempos recientes, ya con un sistema no controlado por el PRI, pues registró una cifra de apenas 24.15 por ciento.

 

Si en este 5 de julio la abstención no rebasa el 58 por ciento, los dirigentes de los partidos podrán argumentar que no ha habido un cambio real en este patrón de comportamiento y que por lo tanto no hay insatisfacción de los ciudadanos con el sistema político. Una cifra superior al 60 por ciento, en cambio, tendrá que empezar a ser vista con preocupación.

 

La gente en general siente alejamiento cuando no desprecio ante el sistema y los políticos en general. Las encuestas de opinión revelan que diputados, senadores y partidos políticos se encuentran entre las instituciones menos respetadas por los mexicanos, al nivel incluso de las odiadas corporaciones policiales. Esta actitud difícilmente cambiará, pase lo que pase con la elección del 5 de julio.

 

Pero la interpretación de políticos e intelectuales puede ser muy distinta, especialmente si la cifra de abstención rebasa la que se tuvo en el 2003.

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