VIERNES, 24 DE JULIO DE 2009
PAN: ¿Enemigos adentro?

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El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
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“Ningún partido político en un país verdaderamente democrático gana siempre todas las elecciones; pero una derrota es más difícil de superar cuando miembros y ex dirigentes en lugar de aportar soluciones y candidatos, se convierten en portavoces del divisionismo, del pesimismo y le hacen el “caldo gordo” a otros partidos.”


Hace 11 años me invitaron al PAN como candidato externo a gobernador por el Estado de Veracruz. Independientemente de que algunos dirigentes estatales me apoyaron, realicé una gira por todo el Estado para platicar y explicar mi proyecto a los consejeros estatales y miembros activos de Acción Nacional. Después contendí en una elección interna, donde no había ganador seguro. Me di cuenta que el PAN es un partido donde se practica la democracia interna. También descubrí fallas en el proceso, pues en ciertos lugares algunos viejos panistas dificultan el ingreso de nuevos miembros para controlar las votaciones; sin embargo, por experiencia propia puedo afirmar que el PAN tiene la estructura más democrática de todos los institutos políticos de México.

 

Pero esa estructura no lo exime de pleitos partidarios y de miembros que al perder alguna elección interna o no obtener un puesto, critican los procesos que anteriormente los hicieron dirigentes o candidatos. Ese es el triste caso de Manuel Espino, quien fue mi compañero en la LVIII Legislatura, pero desde que perdió su precandidato a la presidencia se dedica a criticar al presidente Calderón y a un PAN que ya no dirige.

 

Manuel Espino, si realmente hablara y escribiera con un espíritu democrático, cristiano y con el verdadero objetivo de mejorar al PAN y no de debilitarlo, debería presentar un candidato a la presidencia del partido y no sólo dedicarse a descalificar. Las declaraciones del ex dirigente del PAN y ahora Presidente de la Organización Demócrata Cristiana de América, las siento llenas de revanchismo, soberbia y odio. Ojalá mi percepción esté equivocada y pronto él, como otros panistas, que votaron contra Calderón en la elección interna presidencial del 2006, y que no han superado su derrota, como AMLO, utilicen las estructuras democráticas del PAN para presentar candidatos que contiendan con quien ellos consideran una imposición.

 

Ningún partido político en un país verdaderamente democrático gana siempre todas las elecciones; pero una derrota es más difícil de superar cuando miembros y ex dirigentes en lugar de aportar soluciones y candidatos, se convierten en portavoces del divisionismo, del pesimismo y le hacen el “caldo gordo” a otros partidos.

• PAN

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