MIÉRCOLES, 19 DE AGOSTO DE 2009
Los enemigos del futuro

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“Seguimos necesitando una reforma fiscal estable y predecible, que no abuse de financiar egresos recurrentes con ingresos no recurrentes...”


Hace unos años, el entonces Secretario de Hacienda Francisco Gil Díaz, advirtió a la comunidad sobre los peligros de financiar gastos permanentes con ingresos “no recurrentes.” Y, señaló el caso de la crisis argentina del 2001 como un ejemplo de este riesgo en irresponsabilidad fiscal.

 

Al momento, y para variar, la prensa nacional sensacionalizó la advertencia, en el sentido de que Gil Díaz equiparaba a la economía mexicana (en ese entonces) con la economía argentina (de ese entonces). No dijo eso.

 

Más bien, era un argumento a favor de una reforma fiscal integral que buscara estabilidad—fincada en un mejor uso de recursos escasos, así como en fuentes de financiamiento público estables y predecibles (por ejemplo, decimos, una tasa única generalizada, sin todo el bagaje de deducciones que permite nuestro actual laberinto tributario).

 

No pasó nada. Mientras los legisladores de entonces, de ayer, y de ahora, fueron viscerales en su condenación de un impuesto al consumo generalizado, transparente y sencillo, a la misma vez esos mismos legisladores, más todos los gobernadores, más los representantes de los municipios, más los privilegiados de las elites ejecutivas, en fin, todos los que viven y reinan en la burocracia nacional, seguían laborando bajo la fantástica irresponsabilidad de gastar en forma permanente recursos cuyas fuentes son volátiles, y variables.

 

La caída del precio del petróleo, junto con la crisis económica, y la dependencia exagerada (ridícula) de las facturas petroleras para financiar las cuentas fiscales, ha generado hoyos negros en la tesorería nacional. Y, como la ley de la naturaleza social es que (digan lo que digan populistas tropicales) no hay almuerzos gratis, resulta que, sí, en efecto, habrá que encontrar formas de financiar esos huecos.

 

Una forma sería eficientar el gasto, e incluso recortarlo—algo que se anuncia sólo en años de austeridad presupuestal, cuando ésta debería de ser una prioridad de la política económica. Pero la politocracia nacional, estos enemigos del futuro, son los beneficiarios de una renta permanente, misma que no se tienen que preocupar de si los ingresos son recurrentes, o no recurrentes.

 

Al fin y al cabo, siempre se puede recurrir a esa fuente inagotable de recursos: el contribuyente cautivo. De hecho, es un futuro pre-anunciado: vienen alzas de tasas impositivas y vienen impuestos nuevos a generaciones futuras (o sea, déficit fiscal).

 

No hay duda: los enemigos del futuro ya nos alcanzaron.

• Reforma fiscal

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