MIÉRCOLES, 2 DE SEPTIEMBRE DE 2009
Im-puestos

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El punto sobre la i
“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
Víctor H. Becerra


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“Las tasas impositivas que pagan los mexicanos son de las más altas del mundo, ya que los beneficios que reciben a cambio son muy inferiores a los que disfrutan otros países.”


Lolita en todo su apogeo, o esplendor fiscal.

 

Esta es la esencia, “la medicina amarga,” del proyecto de presupuesto para el año entrante: otra ronda de imposiciones. La lógica es hay hoyos negros, que paguen, nuevamente, los mismos que siempre pagan. Vienen aumentos fincados sobre bases exclusivamente recaudatorias, de feudalismo fiscal: mayores tributos especiales; un “flat tax” llamado IETU, que tiene muchísimo más “tax” que “flat”; un aumento en el impuesto sobre la renta, a pesar que la idea original era eliminarlo; y el IVA, ni se diga.

 

No es causa de sorpresa, por ende, que propios y extraños se han manifestado con disgusto ante este escenario de im-posición, llámese la desobediencia fiscal que nos comparte un Dehesa, o la denuncia contundente que nos detalla Sarmiento (¿9.2 mil millones para el IFE y la nueva plutocracia partidista? ¿Cómo?)

 

Habría que hacer memoria, y subrayar ciertas premisas de sentido común. En las palabras de un célebre profesor (usted adivine cual): cuando alguien gasta dinero que no es suyo en un proyecto que no es suyo, le importará muy poco cuánto se gasta y cómo se gasta. Más aun, cuando un gobernador, o presidente municipal, o diputado, gasta dinero que no es suyo, pero en un proyecto que ve como suyo, le importará poco de donde vienen los recursos, pero muchísimo cuánto hay, y por cuánto tiempo. Estas dos premisas operan en forma perversa en nuestro sistema, donde los lores políticos piden y piden—sin rendir cuentas, sin decir cómo y a dónde, sin ese desgaste de justificar más im-puestos.

 

De hecho, las tasas que pagamos los mexicanos deben ser de las más altas del mundo, ya que lo que recibimos a cambio son beneficios muy inferiores a beneficios que reciben otros países. Habría que recordar: mayor gasto público equivale a menor gasto individual; y, si hablamos de derechos, y no de im-puestos, habría que recordar que lo mío es mío, no de otros, ni mucho menos de una partidocracia que sirve más para pedir, quitar y expropiar, que para servir, facilitar y dejar trabajar.

 

Si la gente percibe que nuestros impuestos se usan para financiar la riqueza de grupos políticos, la respuesta natural será exclamar: ¡no más!

 

Para crecer, se necesita dar facilidades al trabajo, impuestos bajos y sencillos, menores trámites, y mayor productividad. Sólo bajo un sistema facilitador se puede anhelar en (perdón)… vivir mejor.

• Política fiscal

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