MIÉRCOLES, 28 DE OCTUBRE DE 2009
Hambre, hipocresía y las Naciones Unidas

Con la eventual independencia, a los catalanes les irá...
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“El capitalismo venció, pero no convenció.”
John Manuel Silva

Henry Miller









“Es una infame y detestable hipocresía. Han sido las mismas políticas y programas de la ONU lo que ha impedido que los campesinos del mundo en desarrollo puedan obtener las herramientas requeridas para aumentar su producción.”


(AIPE)- Bill Gates puede ser el hombre más rico del mundo y el más generoso, si a esto último lo medimos por sus contribuciones filantrópicas, pero no debemos por ello asumir que es también el más perspicaz, aunque sus intenciones sean admirables. Luego de aportar mucho tiempo y miles de millones de dólares a problemas de salud, especialmente en países pobres, su fundación anunció que se dedicará a problemas agrícolas porque incrementar la productividad de los campesinos pobres logrará un “impacto masivo” contra el hambre.

 

El anuncio de Gates coincide con un informe del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas indicando que la crisis económica mundial ha hecho que más de mil millones de personas estén mal alimentadas. Josette Sheeran, directora ejecutiva de ese programa, declaró que “es inadmisible que en el siglo XXI casi una sexta parte de población del mundo pase hambre... Sabemos lo que se necesita para darle frente a urgentes necesidades, sólo requerimos los recursos y el compromiso internacional para lograrlo”.

 

Esa es una infame y detestable hipocresía. Han sido las mismas políticas y programas de la ONU lo que ha impedido que los campesinos del mundo en desarrollo puedan obtener las herramientas requeridas para aumentar su producción. Y esto nos lleva de vuelta a Bill Gates y sus grandes planes. Su escogencia de Kofi Annan, ex secretario general de las Naciones Unidas, para dirigir el grupo Alianza para una Revolución Verde en África, con un aporte inicial de 150 millones de dólares de la Fundación Bill y Melinda Gates y de la Fundación Rockefeller es realmente incomprensible. Si se toman en cuenta los resultados previamente logrados, el único verdor que se obtendrá será en las cuentas bancarias de Annan y de sus compinches.

 

No podemos olvidar el estigma de incompetencia y libertinaje que marcó el período de Annan en la  secretaría general de la ONU, incluyendo la debacle del programa Petróleo por Alimentos para Iraq. Todo ello  hace totalmente apropiadas las declaraciones de Kofi Annan, al aceptar su nuevo cargo: “África debe confiar en soluciones africanas –mano de obra local, semillas y mercados- sin tratar de importar biotecnologías mágicas ni promesas de nuevos y abiertos mercados extranjeros… no nos estamos embarcando en un genéticamente modificado ejercicio”.

 

Las fobias de Annan en contra de la tecnología moderna son bien conocidas y resultaron catastróficas para los países pobres. Pero son las cosechas genéticamente modificadas las que pueden aliviar el hambre, la escasez de agua y las enfermedades de millones de personas.

 

El objetivo de “erradicar el hambre y la pobreza extrema” para el año 2015 es inalcanzable sin novedosas tecnologías, como tampoco éstas se lograrán desarrollar bajo prohibiciones y excesivas regulaciones que impiden las innovaciones. Lo mismo que tantas otras cosas que ocurren en las agencias y programas de las Naciones Unidas, las intromisiones de la burocracia inflan los costos, bloquean las innovaciones y, lamentablemente, terminan reduciendo las cosechas.

 

___* Médico y biólogo investigador de Hoover Institution, Universidad de Stanford.

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