MIÉRCOLES, 11 DE NOVIEMBRE DE 2009
Mantenidos simpáticos y víctimas invisibles

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“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
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“Lo dice con suave y elegante verbo la más fina aristocracia inglesa: “se les acabó la chichi”, cuando se refiere a cosas como lo sucedido a los conquistadores electricistas, acostumbrados como estaban a forzar prestaciones inverosímiles chantajeando, sexenio tras sexenio, a un notorio monopolio y a gobernantes omisos o cobardes.”


Lo dice con suave y elegante verbo la más fina aristocracia inglesa: “se les acabó la chichi”, cuando se refiere a cosas como lo sucedido a los conquistadores electricistas, acostumbrados como estaban a forzar prestaciones inverosímiles chantajeando, sexenio tras sexenio, a un notorio monopolio y a gobernantes omisos o cobardes.

 

Con poca luz pero mucha fuerza conquistó el SME indispensables beneficios como delfinoterapia para los hijos de tan sindicalizados baluartes de la clase obrera, o viáticos dentro del Distrito Federal para trabajar tan bien que una vez me dijeron: “Si no le gusta el servicio, váyase a la compañía eléctrica de enfrente”.

 

El gobierno usurpador hizo una embestida privatizadora y antilaboral contra las fuerzas progresistas y la clase obrera al cerrar Luz y Fuerza del Centro, so vulgar pretexto de que el subsidio costaba $410 anuales a cada mexicano vivo, cliente o no, incluyendo bebés no abortados y ancianos alzheimerescos. Módicos $80,500 por minuto a quienes sí pagan impuestos, no importan; hablar de numeritos y alegatos tecnocráticos no es digno de un Estado de Bienestar que ejerce con vigor la Rectoría Estatal. Además los impuestos redistribuyen el ingreso: hay que ver las caballerizas y ranchos que, como se rumora, posee cierto líder; pero eso según Martín es farsa.

 

Obviamente montaron en indignación dos inseparables socios: el Apóstol de la Salvación Nacional, desde su inconmovible estatura legítima; y el Apóstol de la Esperanza, con guirnaldas florales y añadiendo a su luz anticorrupción la calidad de filántropo, para seguir manteniendo muuuuuuy desinteresadamente a algunos de sus sindicalizados socios.

 

Tanto darán ambos prohombres de sus fiscalmente no declarados millones de dólares, que no les alcanzará para los desempleados invisibles. Los ex de LyF son bien visibles: pueden corear –hasta en la Cámara de Diputados– “¡Aquí / se ve / la fuerza del Esmé!” a nombre de 44,300 víctimas privilegiadas. (Que si reciben 180% de la indemnización legal, como que ya no son tan víctimas…)

 

Las víctimas no privilegiadas son muchas más. Los desocupados crecieron en 900,000 en un año; 533,000 estaban en el Imss. (El Issste casi no pierde afiliados, salvo si pasa algo como lo de LyF; el gobierno es casi un seguro de desempleo y por eso hay vestiduras rasgadas por la idea de cerrar secretarías inútiles: generarían desempleo. Peor aún, digo yo, es el empleo inservible a cargo del dinero ajeno.)

 

A las víctimas invisibles y silenciosas les pasa lo que a los crímenes de que hablaba un experto en asesinatos, el camarada Stalin: uno es tragedia, un millón es estadística.

 

Lo malo de ser invisible es que no me ven, diría con lógica el sabio Nefastóteles (versión culta de su colega de Güémez). La ventaja de ser visible es que hablan de mí y pensarán que la única víctima soy yo. Nadie dirá que pagar mis privilegios victimó a gente que como nadie la ve, no existe; ningún intelectual progresista calculará cómo el pagar mis conquistas con dinero ajeno victimizó a invisibles, ni aparecerán en la prensa los que viven en las tinieblas fuera del presupuesto y sin contratos colectivos oficiales.

 

Los desempleados-estadística no son dignos del subsidio de Bejarano ni los ve López, y además no son el pueblo bueno, el mejor del mundo. Sólo son simpáticos y dignos de ser tomados en cuenta los desempleados compadres o aliados o financiadores o secuaces o incondicionales con quienes mercadear favores luego de devolverles una ayuda harto generosa y harto desinteresada.

 

En esas tinieblas exteriores viven los que, por no mamar del presupuesto, no tienen empleo garantizado y –qué horror– deben competir y producir resultados en su trabajo. Carecen de fuero sindical (figura no constitucional que protege la impunidad, el supremo goce de todo privilegio, y el más paradisíaco paraíso fiscal). En el sector productivo de la economía, muchas de las víctimas lo son porque los privilegios consumen prioritariamente los recursos escasos, al ubicarse en la mayor de las mafias: todo gobierno, y los negocios que de él emanan.

 

La liquidación de la brontosáurica LyF es de aplaudirse decididamente, y más aplaudible aún sería que todas las acciones del gobierno federal obedecieran al magnífico discurso presidencial del 2 de septiembre. Pero no es así y el poder iguala a todos. El paquetazo fiscal 2010 dará más dinero al gobierno para sanear sus finanzas, aunque ese saneamiento enferme a sus proveedores de impuestos, siempre los mismos.

 

Pase lo que pase, la sociedad productiva seguirá manteniendo a los mantenidos, privilegiando a los privilegiados y mirando a los visibles. Los silenciosos e invisibles verán desde la exterior ténebra al sector que garantiza empleo aunque sea improductivo, porque los privilegios son para siempre. Los de afuera, que paguen más y que coman pasteles.

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