De capital importancia
Dic 2, 2009
Roberto Salinas

Dios mío, haznos cínicos

Estamos en el umbral de un nuevo año de derroche presupuestal, de mayores im-posiciones en medio de una dolorosa recesión, con poca probabilidad de un choque positivo en la productividad.

“Cuando para producir, necesitamos obtener autorización de quienes producen nada… estamos condenados al fracaso.”—Ayn Rand

 

Sería equivocado inferir que la primera mitad del sexenio calderonista ha sido un fracaso. Sin embargo, a pesar de aciertos importantes (la liquidación de LFC, la reforma al sistema de pensiones de trabajadores del gobierno, la lucha contra el crimen organizado), existe un fuerte desencanto con el desempeño reciente, tanto del ejecutivo federal, pero sobre todo del proceso político en su totalidad.

 

Este desencanto tiene un reflejo, o contraparte, en cifras desalentadoras, hasta cínicas: la caída tan pronunciada de las remesas, la fuerte contracción de la inversión extranjera, el desplome del crecimiento, las cifras de desempleo, el desmejoramiento de los índices de transparencia, o la ausencia de fuentes de crédito productivo.

 

Para colmo, estamos en el umbral de un nuevo año de derroche presupuestal, de mayores im-posiciones en medio de una dolorosa recesión, con poca probabilidad de un choque positivo en la productividad.

 

Para colmo adicional, ideas alternas representan casos de analfabetismo, como la idiotez de dotar al banco central con el “control” de las tasas de interés o el tipo de cambio; o son de una vaguedad francamente aburrida: “necesitamos promover una nueva corriente de pensamiento sustentada en los valores de nuestro pueblo, y en la tolerancia, solidaridad y la protección del medio ambiente.” Faltó añadir: la belleza, la pureza, el cielo azul, los chiquillos y las chiquillas, las pistas de patinaje.

 

El ejecutivo ha propuesto reabrir el tema de las reformas estructurales—lo que es bienvenido, siempre y cuando se pueda dialogar sin enojos, sin regaños, con mucha imaginación.

 

La moneda es un espejo del régimen de inversión. No sorprende que la norma en nuestro país sea hacia la depreciación. Y, en medio de este cinismo, no sorprende tampoco el eco de las profecías de Ayn Rand, quién hace más de medio siglo sentenció:

 

Cuando vemos que el comercio se realiza, no por voluntad, sino por compulsión; cuando vemos que para poder producir, necesitamos obtener autorización de quienes producen nada; cuando vemos que el dinero fluye hacia los que trafican, no en bienes, sino en favores; cuando vemos que los seres se enriquecen por soborno y por influencia, en vez de por trabajo, y que nuestras leyes no nos protegen contra ellos, sino a ellos contra nosotros, cuando vemos que la corrupción es recompensada y la honradez un acto de auto-sacrificio, entonces… podremos estar seguros que nuestra sociedad está condenada al fracaso.



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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