VIERNES, 18 DE DICIEMBRE DE 2009
Paul Samuelson, QEPD

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“Falleció uno de los economistas de mayor prestigio y reconocimiento en el siglo XX. Falleció un escritor, cuyas obras fueron leídas en los cincos continentes y fueron parte de la formación de las últimas generaciones de economistas. Falleció un profesor notable, que dejó detrás de él, a una generación de economistas que hoy domina la academia y la política económica de la Casa Blanca. Pero detrás de estos títulos, ¿quién era Samuelson? ¿qué pensaba?”


Falleció Paul Samuelson. Falleció uno de los economistas de mayor prestigio y reconocimiento en el siglo XX. Falleció un escritor, cuyas obras fueron leídas en los cincos continentes y fueron parte de la formación de las últimas generaciones de economistas. Falleció un profesor notable, que dejó detrás de él, a una generación de economistas que hoy domina la academia y la política económica de la Casa Blanca.

 

Pero detrás de estos títulos, ¿quién era Samuelson? ¿qué pensaba?

 

Metodología

Samuelson fue un economista neoclásico. Robert Solow, uno de sus colegas en el Massachusetts Institute of Technology y también ganador del premio Nóbel, decía que “proporcionó las herramientas que utilizan y las ideas que aplican todos”. ¿A qué herramientas se refería? Al instrumental neoclásico.

 

Samuelson pensaba que “dentro de cualquier economista clásico hay un economista moderno tratando de salir”, queriendo identificar con “economista moderno” a aquel que utiliza la modelización y la formalización matemática. Una formalización matemática que era ajena al “no-economista” y que terminó por relegar los problemas económicos sólo para los que hablaban “ese” lenguaje y ridiculizando al resto de los escritos como “no-científicos”.

 

Para algunos, el pensamiento neoclásico contribuyó a que la economía sea más formal, más rica en su intento por formalizar las leyes económicas; para otros, “el modelo de las ciencias duras no es apropiado para la economía”. La añoranza de Buchanan por ejemplo, lo llevó a recordar que su generación de economistas sentía “pasión por salvar el mundo”. Hoy, los alumnos que se acercan a las facultades de economía, son atraídos por el uso de la matemática.

 

La historia del pensamiento

Samuelson adoraba tanto su naciente síntesis neoclásica que en 1954 llegó a afirmar que los economistas incapaces de seguir la revolución matemática después de la Segunda Guerra Mundial, son los que se refugian en la historia del pensamiento económico.

 

Y es que Samuelson fue un economista que, al igual que George Stigler o Gregory Mankiw, asumía que cualquier cosa escrita hace más de 20 ó 30 años es irrelevante. Pensaba que en la medida que una teoría económica fuera relevante, inevitablemente pasaba a ser incorporada en el cuerpo de la disciplina, la que luego preparará a un futuro Ph. D.

 

Esto no es otra cosa que “la teoría whig de la historia de la ciencia”, es decir, la creencia de que los economistas modernos han leído, asimilado e integrado la totalidad de los conocimientos elaborados con anterioridad y que, por tanto, la evolución de la ciencia sigue siempre un curso ascendente, progresivo y lineal.

 

En pocas palabras, para Samuelson, leer a Adam Smith, Jean-Baptiste Say o John Maynard Keynes resulta en una pérdida de tiempo. Todos sus aportes están ya incluidos en su manual de economía. Por citar un ejemplo ¿acaso podemos confiar en su interpretación de la Ley de Say? ¿No deberíamos estimular a los jóvenes estudiantes y economistas a leer estos textos e interpretarlos por sí mismos?

 

Microeconomía

Samuelson desconfiaba de los mercados libres. No creía en la soberanía del consumidor, ni que los precios, las tasas de interés y las ganancias y las pérdidas, fueran la guía de la función empresarial.

 

Creía más bien en la planificación central. Sorprenderá a más de uno que el mismo economista que criticó a Marx, Lenin o Stalin, defendió en 1989 la economía socialista soviética, señalando que “puede funcionar e incluso prosperar”. Contrariando la teoría de la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo, de Ludwig von Mises, Samuelson señalaba que “una sociedad en la que la mayoría de las decisiones económicas son adoptadas de manera administrativa, donde los beneficios no sean el motivo principal detrás de la producción, puede crecer durante largos períodos de tiempo.”

 

Samuelson claramente se equivocó, y al poco tiempo, sin ninguna mención explícita, corrigió en sus posteriores ediciones el texto introductorio de economía.

 

Estado de Bienestar y finanzas públicas

Ni Marxismo, ni capitalismo. Samuelson se posicionaba en el centro, en una tercera vía. Esto derivó en el desarrollo de “la teoría de las fallas de mercado”, un justificativo del Estado de Bienestar, y de por qué el gobierno debía jugar un rol central en la economía, proveyendo de bienes públicos. Dicho en pocas palabras, los problemas provenían del “capitalismo salvaje”; el gobierno siempre proveía una solución.

 

Muchos recordarán el ejemplo del faro, el que fue ridiculizado más tarde por otro premio Nóbel como Ronald Coase. Habrá que analizar si las aludidas fallas de mercado son fallas, o más bien, condiciones del mercado, del mundo real. Y aun aceptadas tales fallas, la literatura se pregunta: ¿puede el gobierno solucionarlas? ¿o más bien retroalimenta los problemas?

 

Las fallas de la política, o del estado, son ignoradas por Samuelson, y también por la mayoría de los programas de estudio.

 

Macroeconomía

Samuelson fue además uno de los que contribuyó en construir la síntesis neoclásica del keynesianismo, un modelo que para muchos desfiguró a Keynes. Axel Leijohufvud destinó un artículo justamente a raíz de esta cuestión, preguntándose “qué han hecho los modernos con Keynes” o, dicho en otros términos, ¿qué ha hecho Samuelson con Keynes?

 

Ricardo Crespo, en la misma línea, concluyó que Keynes era un economista “profundamente anti-keynesiano”, como se declaró él mismo en 1946, el año de su muerte.

 

Como decía su amigo y discípulo Richard Kahn, se ha abusado de la palabra “Keynes”. Con el tiempo (y gracias a la acción de malos políticos), ésta quedó asociada a soluciones inflacionarias, falaces y facilistas, a los problemas de la desocupación y a un Estado fuertemente interventor.

 

Sin embargo, agrega Crespo, sólo con importantes restricciones y matices (y en determinadas circunstancias) Keynes habría estado de acuerdo con las recetas que le atribuyen.

 

La crisis financiera internacional

Samuelson fue siempre contundente en sus afirmaciones, pero —al mismo tiempo— condescendiente con sus colegas, aun cuando mantuviera algunas diferencias. Al final de su vida —sin embargo— algo cambió, posiblemente por el desencadenamiento de la crisis financiera internacional de 2008.

 

En una entrevista muy divulgada sostuvo: “En el fondo de este caos financiero, el peor en un siglo, encontramos lo siguiente: el capitalismo libertario del laissez-faire que predicaban Milton Friedman y Friedrich Hayek, al que se permitió desbocarse sin reglamentación. Ésta es la fuente primaria de nuestros problemas de hoy. Hoy estos dos hombres están muertos, pero sus envenenados legados perduran".

 

Lo cierto es que tanto Friedman como Hayek, habrían asignado la responsabilidad de la crisis sobre la Reserva Federal de EE.UU., y la mala política monetaria aplicada por Greenspan y Bernanke.

 

Justamente Bernanke, alumno de Samuelson, tiene en sus manos la responsabilidad de mostrar en la práctica los conocimientos que aprendió de su gran maestro.

 

*Artículo cortesía de Cato Institute para Asuntos Capitales


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