Pesos y contrapesos
Mar 25, 2010
Arturo Damm

Reforma presupuestaria = reforma del estado

¿Qué incentivos existen para que los gobernantes, los políticos, los legisladores, los burócratas y el resto de los funcionarios públicos, todos ellos presupuestívoros, y la mayoría de ellos con clientelas presupuestarias, realicen la reforma presupuestaria?

Por enésima vez el gobierno, a través de la Secretaría de Hacienda, ha planteado la necesidad de un programa de austeridad, que en esencia supone que los gobernantes gasten mejor, más honesta y eficazmente, lo cual sin duda es necesario, pero de ninguna manera suficiente, ya que el objetivo debe ser que el gobierno gaste menos, no solamente que gaste mejor, lo  cual quiere decir que hay que ir más allá de los planes de austeridad hasta llegar a la reforma presupuestaria, que debe ser, a su vez, el primer paso de la reforma fiscal, algo que, por lo que hemos visto en los últimos años, no veremos en los venideros, y por una razón muy sencilla que tiene que ver con la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué incentivos existen para que los gobernantes, los políticos, los legisladores, los burócratas y el resto de los funcionarios públicos, todos ellos presupuestívoros, y la mayoría de ellos con clientelas presupuestarias, realicen la reforma presupuestaria? Pocos, por no decir ninguno.

 

El reto debe ser, no que el gobierno gaste menos porque gasta más eficazmente, sino que gaste menos porque ha eliminado partidas de gasto, comenzando por aquellas, ¡qué son legión!, que nada tienen que ver con las legítimas tareas del gobierno, que son garantizar la seguridad contra la delincuencia e impartir justicia, tareas no legítimas que abarcan desde la promoción de la cultura y las artes hasta el impulso al deporte, con un largo, ¡larguísimo!, etcétera entre ambas, lo cual me lleva de nueva cuenta a la misma pregunta: ¿Qué incentivos existen para que los presupuestívoros,  la mayoría de ellos con clientelas presupuestarias que van desde cineastas hasta taekwondoines, ¡con un larguísimo etcétera entre ambos!, realicen la reforma presupuestaria? ¿Cuál sería la reacción, por ejemplo, de todos los funcionarios del Conaculta y de la Conade, si, reconociendo que no son legítimas tareas del gobierno, ni la promoción de la cultura y las artes, ni el impulso al deporte, se eliminaran dichas dependencias? ¿Y cuál sería la reacción de las respectivas clientelas presupuestarias de dichas dependencias, desde los cineastas hasta los taekwondoines, a la desaparición de sus subsidios? ¿Y quién, en el gobierno, tanto en el poder Ejecutivo, como en el Legislativo, tiene las ideas claras y la voluntad firme para oponerse a esas reacciones?

 

¿Cuál debe ser la muestra más clara de que hubo una reforma presupuestaria correcta? La eliminación y reducción de impuestos y, por lo tanto, el aumento en el ingreso disponible de los contribuyentes, que es el ingreso que queda una vez que se han pagado los impuestos. Esta es la muestra más clara, incontrovertible, de que hubo una reforma presupuestaria, de que la misma tuvo el alcance debido, de que no solamente el gobierno gastará mejor, sino, ¡lo más importante!, de que gastará menos, y de que lo hará porque ya no gastará en lo que no debe. Claro que, así vistas las cosas, resulta que la reforma presupuestaria es, ni más ni menos, la reforma del Estado.

 



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