Reflexiones libertarias
Feb 15, 2006
Ricardo Valenzuela

Acres de diamantes

El protagonista, después de años de deambular sin haber atrapado fortuna, agotado regresa a su parcela para darse cuenta que su tierra era guardiana de uno de los depósitos de diamantes mas ricos del mundo.

Hace unos años, produje un escrito en el que narraba la vida de un hombre que admiré profundamente, mi abuelo materno, Manuel P. Torres, e invitaba a participar en la búsqueda de otras vidas que se pudieran etiquetar igual, como admirables y exitosas, pero usando una medida diferente en algo similar a la definición de Emerson, la que finaliza afirmando: “Dejar a la posteridad un hijo sano, un rincón de jardín y una condición social un poco más redimida.”

 

No tuve eco en mi convocatoria y como seguido sucede, fui dejando la idea en el baúl de los pendientes. Pensé continuar la aventura solo puesto que, sí hay vidas admirables, pero al momento de hacer el inventario, llegaban a mi mente muy pocos rostros que, en mi opinión, se pudieran considerar como eso, vidas de ejemplares y de éxito. Me di cuenta entonces que, bajo ese criterio, eran escasos los seres humanos con credenciales para mi club. Aparecían los nombres de algunos que ya no están con nosotros como, obviamente mi padre, don Enrique Cubillas—uno de mis favoritos—José Diaz Laso. Otros que afortunadamente aun nos acompañan como Javier Bours, el padre Pedro Villegas.

 

Sin embargo, hace un par de días, me di cuenta de haber caído en la misma trampa del protagonista del cuento “Acres de diamantes” en el cual, se nos narra la vida de un hombre que, al darse cuenta de su extrema pobreza producto, según él, de su infértil tierra, decide recorrer el mundo en busca de esa escurridiza fortuna. Después de años de deambular sin haberla atrapado, agotado regresa a su parcela para, al iniciar la excavación de un pozo, darse cuenta que su tierra era guardiana de uno de los depósitos de diamantes mas ricos del mundo.

 

Hay ocasiones en la vida en la que teniendo ante nosotros lo que con tanta compulsión buscamos, nuestra miopía nos ciega para no darnos cuenta de ello y así, perdemos invaluables oportunidades. Desde hace meses, mi vida empezó a sufrir cambios no de los que tradicionalmente siempre la han definido. Empecé a recibir los escritos de Juan Francisco Gonzalez Iñigo—alias el cabezón—titulados como LUPAS. Desde la recepción del primero, el poco tiempo que me quedaba para dedicarlo a las ya extintas—según yo—banalidades, se esfumó de forma instantánea cuando mi querido cabechas con sus envíos, me ha llevado a un mundo diferente de la reflexión.

 

Producto de este novedoso nivel que él mismo ha provocado, es que hace unos días, como revelación cósmica, llegaba a mi mente algo que habiendo siempre permanecido en ese sitio, como el miope agricultor de los Acres de Diamantes, no me daba cuenta. Kiko González Iñigo es, sin lugar a dudas, un buen ejemplo y cumple con mis requisitos para llevarlo a ese exclusivo club de hombres con historias admirables y de éxito.

 

¿Tengo elementos para afirmarlo? Definitivamente. Conozco a los González Iñigo de toda la vida y sus padres, don Luis y mi querida doña Pina, fueron para mi eso, mis segundos padres. El y su hermano Pepe, arribaron al Tec de Monterrey prácticamente al mismo tiempo que yo. Después de sufrir el experimento del internado, nos destetábamos juntos al lograr la libertad de vivir ya en un departamento en donde, realmente se consolidó no sólo nuestra amistad, se consolidaban nuestras vidas al pasar de la adolescencia a esa etapa de confusión que producen los primeros años de la juventud.

 

Confieso que en esa época Kiko y yo no rimábamos. No, el era un machetero enfadoso y yo era “cool” puesto que, le dedicaba más tiempo a la fiesta que al estudio. El era enfadoso puesto que no pistiaba, cuando yo consumía un par de cartones de bohemia cada fin de semana; el era enfadoso porque su plática no era de “viejas” o de los pleitos que seguido protagonizábamos, era de temas aburridos como política, filosofía, sociales; era enfadoso porque mientras el resto de la pandilla íbamos a la Purísima, el permanecía estudiando o escribiendo a su Machuchi y yo exclamaba; “pinche cabezón, es un viejo joven.”

 

Nos recibimos y Kiko llegó a Hermosillo con título de Ingeniero Químico Administrador. De inmediato se le ofreció un importante puesto en una organización empresarial de gran prestigio. Pero ya Kiko había construido un esquema de pensamiento que, en esos momentos, chocaba ya con el “empresario” mexicano, y si algo ha tenido toda la vida, es esa fortaleza de convicciones que nunca ha sacrificado, mucho menos comercializado. Después de un tiempo de agresivos choques con algunos de los miembros, en un acto que definiría su vida, decide abandonar una posición que, para sus amigos, era rehusar la entrada al paraíso.

 

Abandonaba Hermosillo con su querida Machuchi y, según muchos de sus amigos, fracasado. Al notificarnos su intención de mudarse a la ciudad de México, al unísono exclamábamos; “pinche cabezón, cada día está más loco”. Cuando nos enterábamos de la formación de su revista, mas grave se hacia nuestro diagnostico pronosticándole un rotundo fracaso. Y ¿por qué no? No estaba dispuesto a jugar respetando las reglas del establishment y, sobre todo, era un pinche soberbio que nunca la haría. Antes de cabrestear, primero se ahorcaba.

 

Han pasado mas de treinta años, y ahora descubro al verdadero hombre que, no sólo se rebeló contra aquel establishment, en cierta forma lo venció cuando aun al enfrentársele, pudo lograr ese éxito tan especial. Kiko hizo fortuna pero no en el clásico mexican way, incrustado en el sistema. Todo lo contrario, luchando en contra de la corriente y, con gran visión, siempre guardando esa actitud crítica de lo existente la que, al resto de la manada nos tomaría muchos años reconocer.

 

He descubierto a ese nuevo hombre que ya no utiliza su inteligencia, fuera de serie, para agredir haciendo sentir a sus adversarios como retrasados mentales. Ahora la ha puesto a buen encargo. Formó una familia ejemplar con una mujer extraordinaria—gran parte de su éxito—Ya no es aquel pensador que lucia enojado y resentido. Ahora es un “power house” de intelectualidad. Pero en estos momentos lo que mas admiro de mi amigo, es esa autonomía, independencia y libertad con la que navega, que no es una novedad, pero es diferente. Kiko es hoy día, un hombre que finalmente luce feliz, en paz y realizado.

 

Mi descubrimiento fue activado con su última LUPA cuando escribió:

 

“En México no veo a nadie con ese espíritu. Todos nos cuidamos de decir algo que vaya a ofender o a aparecer en la prensa como irreverente o irrespetuoso. Parecemos anestesiados. Nuestros políticos y articulistas parecen arrodillarse ante Televisa o Tv Azteca,  y escriben en Reforma, La Jornada y El Universal críticas cómodas al statu-quo.”

 

Excelente párrafo mi querido amigo, pero al igual que respondió Milton Friedman cuando Nixon exclamaba: “ahora todos somos Keynesianos”, “YO NO”. Ave mi querido cabechas, y mucho gusto en conocerte.

 



Comments powered by Disqus
El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
Entrar
Encuesta de la semana
Termina la era “TLCAN” y comienza la era “T-MEC”. ¿Considera que será suficiente para remolcar a la economía mexicana y hacerla crecer a pesar de que los motores internos están apagados (consumo, inversión, inversión gubernamental)?
Artículos recientes...