MARTES, 18 DE MAYO DE 2010
El efecto ouzo

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“Si imprimir dinero ayudase a la economía, falsificar moneda debería ser legal.”
Brian Wesbury

Sergio Sarmiento







“El efecto ouzo puede afectar a otros países que han mostrado conductas similares a las de Grecia, pero en México seguramente podremos sortearlo. A pesar de que hemos hecho muchas cosas mal, algunas las hemos hecho bien.”


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Súbitamente desapareció la idea de que Grecia estaba demasiado lejos y no podía afectar a la economía mexicana. En los últimos días de abril y los primeros de mayo, la Bolsa Mexicana de Valores cayó más de 10 por ciento y el peso tuvo una devaluación de 8 por ciento.

Si en 1995 los mercados del mundo sufrieron el efecto tequila, este año los mexicanos estamos pagando el efecto ouzo. El sabor de esa bebida anizada y rasposa tan característica de Grecia se ha hecho sentir en buena parte de los mercados emergentes.
En este caso, sin embargo, puedo decir con razonable certeza que para México el efecto será temporal. Es quizá lógico que los inversionistas se espanten y vendan acciones y divisas de países emergentes en un momento en que un país se tambalea, pero las circunstancias de Grecia y de México son muy diferentes.

Es verdad que México sufrió en 2009 una muy fuerte caída económica, de 6.5 por ciento, y que el país no ha hecho las reformas de fondo que le permitirían ser más competitivo en el largo plazo; pero ha mostrado desde hace años una mayor cautela en el manejo de las finanzas públicas que Grecia u otros países emergentes.

Grecia tenía en 2009 una deuda pública de 124 por ciento del producto interno bruto. Su déficit de presupuesto rebasa en estos momentos el 13 por ciento del PIB. De cada tres euros que gasta el gobierno griego, uno debe ser contratado como nueva deuda pública, en un momento en que ninguna institución quiere ya prestarle dinero al gobierno griego.
Para colmo, los griegos se han acostumbrado a vivir de los subsidios de la Unión Europea y del propio gobierno de su país. Grecia vive un poco del turismo y un mucho de los sueldos que el gobierno reparte entre la burocracia. Eso no puede llevar al crecimiento económico de ningún país.

México sufre algunos de los males de Grecia. Tenemos también un aparato gubernamental improductivo que vive del sector privado. Las restricciones a la inversión en campos como el de energía le restan competitividad al país. Pero la deuda pública es inferior al 40 por ciento y el déficit de presupuesto muy reducido. De hecho, en el primer trimestre del 2010 el sector público mexicano registró un superávit como consecuencia de los nuevos impuestos, de una mejoría en la eficacia de la recaudación tributaria, de un incremento sustancial en los precios del petróleo y de una recuperación en la actividad productiva.

Es muy significativo que la industria automotriz mexicana esté ganando participación de mercado en los Estados Unidos. Esto quiere decir que las empresas privadas en nuestro país están aumendo su competitividad.

Grecia, en cambio, es un ejemplo de lo que puede ocurrir en un país mal administrado. La economía mundial no tiene contemplaciones. Los países que piensan que pueden vivir sin trabajar caen al final como nadie. De nada sirve hacer manifestaciones de protesta contra un mal así.

El efecto ouzo puede afectar a otros países que han mostrado conductas similares a las de Grecia, pero en México seguramente podremos sortearlo. A pesar de que hemos hecho muchas cosas mal, algunas las hemos hecho bien.


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