SÁBADO, 22 DE MAYO DE 2010
Productividad: no hay otro remedio

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“En la misma medida que logremos una mayor productividad las pérdidas serán menores o podremos reponer lo perdido más rápidamente.”


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Esta crisis global no es insólita, como sus antecesoras tiene en su origen una expansión extraordinaria del crédito que, de pronto, se percibió como inviable.

Vale la pena, entonces, regresar a ciertas nociones básicas de las finanzas para entender lo que hoy sucede y para prever, al menos en líneas generales, qué desafíos enfrentará el mundo en el periodo posterior a la crisis.

Primera noción básica: el crédito, en esencia, consiste en que alguien que tiene activos (recursos disponibles) está dispuesto a postergar el disfrute de esos mismos activos, a cambio de recibir un premio por tal sacrificio. Dicho premio esperado es la tasa de retorno por la inversión que se está haciendo (quien presta a otro sus recursos por un plazo pactado está haciendo una inversión) y tal tasa de retorno debe ser superior al valor presente de los recursos que se han prestado.

Segunda noción básica: la única forma en que se puede lograr ese valor agregado a los activos de hoy, que es la tasa de retorno de la inversión, es que tales recursos (capital) sumados al trabajo y al conocimiento y talentos de quienes trabajarán con ellos (tecnología junto con un cúmulo de intangibles que suelen conocerse como "capital humano") generen nueva riqueza. Esa "fórmula" para generar valor agregado es lo que conocemos como productividad.

Obviamente, habrá quien espere que le presten recursos “por su linda cara” o argumentando, simplemente, que deben prestárselos “porque los necesita”. Pero si quien tiene los recursos disponibles para prestarlos lo hace por esos motivos estará haciendo una donación o un regalo; lo cual es perfectamente válido y hasta loable, pero no es un crédito, aunque equivocadamente se le siga llamando así.

Por supuesto, muchas veces nos equivocamos al otorgar o al recibir crédito. Quien otorga el crédito puede equivocarse al sobrestimar la capacidad productiva del acreditado para generar el valor agregado (por ejemplo: “si Fulano le prestó es que debe ser buena paga)”; a su vez, el acreditado puede sobrestimar su propia capacidad de pago conjeturando que si el prestamista le ha juzgado “digno de crédito” efectivamente lo es (“los del banco no son brutos, si me dieron una tarjeta de crédito es que saben que podré pagarla”). En otra ocasión, tal vez podremos extendernos acerca de la variedad de equívocos y de juicios errados que tanto prestamistas como acreditados pueden construir alrededor del crédito.

El punto importante, ahora, es que la economía mundial sólo superará esta crisis mediante dos caminos que no son muy agradables: 1. Aceptando pérdidas netas, y 2. Trabajando más, y en serio, es decir: productivamente.

Ejemplo de aceptación de pérdidas netas: es muy probable que muchas viviendas adquiridas a crédito en Estados Unidos o en Europa aún tengan que bajar más de precio. Esa disminución adicional (¡eso es desinflar una burbuja!) obviamente significará más pérdidas netas para muchos.

En la misma medida que logremos una mayor productividad las pérdidas serán menores o podremos reponer lo perdido más rápidamente.

Por supuesto, ninguno de estos dos caminos, que significan esfuerzo y sacrificio, es lo que gobiernos y políticos desean “vender”. Por eso, las tentaciones para buscar sucedáneos y atajos aparentemente mágicos están a la orden del día.

Pero no nos engañemos: sin productividad no habrá remedio que valga.

• Productividad / Competitividad • Crisis / Economía internacional

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