LUNES, 21 DE JUNIO DE 2010
Moderadamente libre: Un ejemplo

¿Usted participará en la consulta sobre la construcción del nuevo aeropuerto en la ciudad de México?
No



“Si imprimir dinero ayudase a la economía, falsificar moneda debería ser legal.”
Brian Wesbury

Arturo Damm







“Resulta increíble cómo el gobierno, poco a poco, pero a paso firme, ha venido limitando la libertad, cuando su tarea debe ser respetarla y garantizarla.”


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Según el Índice de Libertad Económica, de la Heritage Foundation, en escala de 0 a 10, la calificación de México en la materia es de 6.8, ocupando, entre 179 naciones, el lugar 41, lo cual, según la clasificación de la fundación, hace de la mexicana una economía moderadamente libre, con todo lo que ello supone en términos de progreso económico: a mayor libertad económica mayor progreso económico.

Más de un lector podrá preguntarse si realmente, en materia de libertad económica, que es la libertad de los personas para trabajar, emprender, invertir, producir, distribuir, intercambiar, ahorrar y consumir, México está tan mal, con calificación de 6.8. Para responder pongo el siguiente ejemplo, que tiene que ver con la venta de bebidas alcohólicas que, como todos sabemos, requiere del permiso del gobierno, mismo que no elimina total y definitivamente la libertad para vender tales bebidas, pero sí la elimina parcial y temporalmente, mientras otorga el permiso, ya que sin el mismo no se debe (otra cosa es que no se pueda) ofrecer alcohol a los consumidores del mismo. ¿Libertad económica? ¡Sí, cómo no!

Más de un lector podrá pensar que, dado que se trata de bebidas alcohólicas, con las consecuencias negativas que su consumo puede ocasionar, lo menos que puede hacer el gobierno es otorgar permisos para su venta, decidiendo quien sí y quien no puede ofrecerlas a los consumidores, ¡como si tal permiso garantizara el consumo responsable de las mentadas bebidas!, algo que, ¡obviamente!, no es cierto. Una vez otorgado el permiso para la venta de alcohol el gobierno no tiene manera de vigilar, al menos no directamente, su consumo, mismo que, al final de cuentas, ¡tal y como debe ser!, es responsabilidad de cada uno, ¡tal y como corresponde a personas libres!, que, precisamente por serlo, son responsables.

El que para vender bebidas alcohólicas se necesite pedirle permiso al gobierno es una muestra, de las muchas que hay, de porqué en la materia la mexicana es una economía calificada como moderadamente libre, por debajo de las mayoritariamente libres, y no digamos de las verdaderamente libres, o libres sin más, permiso para la venta de bebidas alcohólicas que no es más que una fuente más, injusta, de ingresos para el gobierno, permiso cuya obtención, en el peor de los casos, debería ser gratuita, financiado con los muchos impuestos que ya se pagan, que para ello se pagan, ¿o no?

Resulta increíble cómo el gobierno, poco a poco, pero a paso firme, ha venido limitando la libertad, cuando su tarea debe ser respetarla y garantizarla. Y resulta más increíble que lo venga haciendo, en muchos casos, con el fin de obligar al gobernado a pagarle una determinada cantidad de dinero, lo cual no pasa de ser un robo con todas las de al ley, tal y como sucede con el cobro por los permisos para la venta de bebidas alcohólicas, cuestionables, no solamente por su imposición, sino, ¡todavía más grave!, por su cobro. Si el gobierno no los cobrara, ¿los exigiría?


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