Sólo para sus ojos
Feb 20, 2006
Juan Pablo Roiz

Manual de corrección política

¡Ay de aquél que incursione en el periodismo en México sin la ayuda de una serie de reglas de corrección política que le permitan, al menos, formarse entre las infanterías del progresismo al uso!

¡Ay de aquél que incursione en el periodismo en México sin la ayuda de una serie de reglas de corrección política que le permitan, al menos, formarse entre las infanterías del progresismo al uso!

 

Hace muchos años se decía que los directores de periódicos en México daban tres consejos –órdenes veladas– a los noveles editorialistas: “Puede usted criticar lo que sea, excepto al Presidente, a la Virgen de Guadalupe y al Ejército”.

Cierta o no, la conseja habla de tiempos idos.

 

Hoy el manual implícito de corrección política, para que a uno no lo tachen de reaccionario, derechista extremo, mocho, neoliberal, tecnócrata, cachorro del imperio y otras lindezas (y para que uno no corra el riesgo de ser un apestado entre la progresía, los políticos y los magnates de la comunicación) es diferente y más amplio que las tres sencillas prohibiciones de antaño.

 

Hoy, por ejemplo, estas son algunas de las personas y cosas que usted jamás debe defender o encomiar por ningún motivo:

 

1.      A George W. Bush y cualquier (sí, cualquier) política u opinión emanada de ese sujeto o de sus colaboradores.

 

2.      A el Presidente de México, Vicente Fox, y cualquiera de sus políticas públicas, opiniones, dichos, forma de vestir o forma de hablar.

 

3.      A el Papa Benedicto XVI o la doctrina de la Iglesia Católica (por supuesto, esto no aplica a la teología de la liberación o a los curas progresistas que, esos si, son dignos de elogio incondicional).

 

4.      A las políticas públicas liberales en materia económica: apertura comercial sin cortapisas, finanzas públicas superavitarias o en equilibrio, política monetaria ortodoxa, la libre competencia y demás.

 

5.      Al modelo de la democracia liberal, especialmente el que está vigente en Estados Unidos o en la Gran Bretaña.

 

6.      A Carlos Salinas de Gortari, así como a cualquier reforma que se haya hecho en su mandato o a cualquiera de su colaboradores (excepto los “arrepentidos” que ya se han “deslindado” de ese ominoso personaje y se han lanzado presurosos a colaborar con la personificación del bien absoluto, por ejemplo: Manuel Camacho Solís, Marcelo Ebrad, Socorro Díaz, Federico Arreola, Ricardo Monreal y demás).

 

7.      A José María Aznar.

 

8.      A Silvio Berlusconi.

 

9.      A Tony Blair.

 

10.  A la periodista italiana Oriana Fallaci.

 

Por otro lado, estos son los personajes y los asuntos que, por ningún motivo, usted debe atreverse a molestar ni con el pétalo de una suave crítica:

 

1.      Andrés Manuel López Obrador (cuídese, por cierto, de llamarle al personaje simplemente por su apellido, señor López, porque eso indica a las claras una malquerencia execrable hacia el rayito de esperanza).

 

2.      Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes, Carlos Slim (esta trilogía carlista es intocable, junto con Elenita Poniatowska, Guadalupe Loaeza, Carmen Aristegui, Joaquín López Dóriga, Carlos Loret de Mola y, por supuesto, el preclaro intelectual Víctor Trujillo, llamado “Brozo” en su remota vida pasada).

 

3.      Teléfonos de México o cualesquiera empresa del señor Slim. Lo mismo vale para las iluminadas opiniones del señor Slim en materia de política económica, monetaria y fiscal, aunque parezcan memeces; tampoco se vale andar denunciando la incongruencia de que el señor Slim predique competitividad cuando sus actividades monopólicas son uno de los más grandes obstáculos a la competitividad en el país.

 

4.      Televisa en específico o el duopolio de la televisión mexicana en general, que incluye también a Televisión Azteca.

 

5.      Mahoma, el islamismo fundamentalista o el terrorismo que predican los imanes y ayatolas musulmanes. (A cambio, usted puede darse vuelo mofándose de algunos de los dogmas de la Iglesia Católica o vituperando al fundamentalista Carlos Abascal por su ostentación de fe religiosa; también se vale, con moderación, poner en duda el Holocuasto, criticar a los codiciosos judíos y, sin ninguna moderación, vituperar al belicista estado de Israel y a su gobierno).

 

6.      Fidel Castro y el régimen vigente en Cuba (ocasionalmente se permite alguna crítica, pero advirtiendo –para evitar que a uno lo tachen de amigo del imperio del mal- que eso en nada demerita la gran revolución cubana).

 

7.      Hugo Chávez y la revolución bolivariana (sólo se permiten, como muestra de apertura, algunas críticas leves a su estilo folclórico, nunca a sus ideales revolucionarios, a sus prácticas dictatoriales o a su acendrado antiyanquismo).

 

8.      El diario español El País o el grupo del que es insignia (Grupo Prisa), ni mucho menos a su líder, Jesús de Polanco, una especie de Slim ibérico.

 

9.      Felipe González Márquez, expresidente de España, venerado santón de la izquierda moderna y dizque democrática. Que lo mismo está al servicio de Polanco que de Slim, a los dos lados del Atlántico.

 

10.  A “Greenpeace”, en particular, o al ecologismo en general. A los nacionalistas vascos o catalanes, a ETA, a Hamas, al gobierno palestino, a Néstor Kirchner, al peronismo.

 

Ahora sí, a opinar “libremente” y sin temor.



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Los dos enemigos del pueblo son los criminales y el gobierno. Atemos al segundo con las cadenas de la Constitución para que no se convierta en la versión legalizada del primero.

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