Reflexiones libertarias
Jul 28, 2010
Ricardo Valenzuela

El harapiento estado en crisis

Tal vez la democracia no se hizo para nuestro país y necesitamos revivir a Cuauhtémoc….pero no el Cárdenas.

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Triunfan los Toris en las elecciones de Inglaterra, en Panamá un empresario pro mercados libres es electo presidente, Piñeira triunfa en Chile, Santos gana la presidencia en Colombia, Porfirio Lobo en Honduras. Los verdaderos liberales se han adueñado de toda Europa Oriental. Las encuestas en EU nos describen un Obama depreciado y sus políticas socialistas totalmente rechazadas. A Zapatero le sucede lo mismo en España.

El proyecto político más importante del siglo pasado, fue el esfuerzo del establishment mundial para elevar al estado a un nivel de divinidad. Desde el estallido de las primeras revoluciones el estado inició la toma por asalto del mundo de libertad que se había edificado durante todo el siglo XIX. Después, con el advenimiento de la gran depresión, el mundo entero se volcó hacia el colectivismo y la dirección del estatal. Finalmente, en 1945, el mundo quedó atrapado por el colectivismo mediante el nuevo orden monetario mundial acordado en Bretton Woods, producto de las ideas de dos economistas socialistas; Keynes de Inglaterra, White de los EU.

A pesar de esos esfuerzos y las parrandas demagógicas, el siglo XXI ha sido testigo de un estado en harapos, endeudado y mendigando, totalmente desacreditado en todos los lugares en donde se le trató de glorificar. Aun cuando las oxidadas “clases intelectuales” continúan tratando de revivir lo que Von Mises llamó “statolary” con nuevas etiquetas como ambientalismo, multiculturalismo, compasión, humanismo, las evidencias nos indican que tal movimiento perdió batalla final porque, lejos de cumplir sus demagógicas promesas, ha dejado ciudadanos en medio del hambre, la anarquía y el caos. Provocó que la humanidad perdiera el siglo recién despedido.

Las raíces del estatismo se pueden rastrear hasta los diabólicos escritos de Karl Marx. Sin embargo, a través de la historia, desde los escritos de Platón hasta el tipo de organización social de los aztecas al arribo de los españoles, encontramos intelectuales que siempre soñaron una sociedad organizada de la punta de la pirámide hacia abajo. Una sociedad en la que no habría individuos, solo grupos; sin familias, solo guarderías colectivas; sin propiedad privada, solo control comunitario; en donde los líderes políticos fueran sabios y poderosos para resolver todos los problemas de la comunidad en donde el individuo fuera solo un peón del gran ajedrez de control estatal.

Pero el verdadero horror del siglo pasado fue la implementación de este esquema en nuestra realidad. La historia del comunismo en Rusia, China, Cambodia, Corea del Norte, Cuba, Europa Oriental, ha sido una letanía de ejecuciones masivas, violaciones, robos colectivos, asaltos y criminalidad institucionalizada. El socialismo nacional de Italia y Alemania logró un éxito político como alternativa ante el comunismo, pero sus raíces ideológicas y sus resultados fueron los mismos. Al igual que la internacional socialista estos regímenes se convirtieron en la principal amenaza para la vida, libertad y propiedad de la gente. Durante todo el siglo XX humillaron, empobrecieron, ejecutaron a millones de seres humanos, los privaron de su dignidad, de su derecho de nacimiento para regir su propio destino.

Sin embargo, hoy día todavía la clase intelectual afirma que la alternativa más compasiva es el socialismo suave del colectivismo inglés, la planeación económica central del New Deal de los EU ahora revivida y rediseñada por Obama, el estado benefactor y regulatorio, la tercera vía que promueven nuestros nuevos arquitectos sociales. Pero de nuevo nos encontramos con que las raíces de sus propuestas son las mismas. Todos estos sistemas asumen que el estado debería ser el organizador de la sociedad, que la propiedad privada debería ser un beneficio social o debiera ser confiscada, que los órdenes más bajos de la sociedad deberían aceptar los planes centralizados o, si se oponen, correr el riesgo de desaparecer.

Después de haber pretendido elevar al estado a nivel de divinidad, la lucha ideológica parecía haber sido ganada por los cruzados de la libertad. Los socialistas de Nueva Zelanda llevaron a cabo las reformas pro liberales más agresivas del siglo, el “comunista” Mandela abrió Sudáfrica a los mercados libres y a la inversión internacional. A pesar de que la sangre se nos congela ante demagogos como Hugo Chavez que cada día redobla sus esfuerzos para hundir mas a ese golpeado país, la más gloriosa tendencia de nuestro tiempo es la todavía creciente resistencia a la implementación de ideas estatistas que fueron el común denominador del pasado siglo, y el cada día mayor interés en su remplazo con las ideas de libertad.

En los EU, inclusive bajo una administración Clintoniana no muy amiga de la libertad y los mercados, fuimos testigos del colapso del estatismo estilo USA. A pesar de las embestidas de Obama, en estos momentos vemos como las más brillantes mentes jóvenes ya no aspiran posiciones burocráticas en el gobierno, sino que prefieren correr el riesgo en el sector privado. Cada día contadores empleados por la Tesorería y pilotos de las fuerzas aéreas dejan sus trabajos con el gobierno para incursionar en ese sector privado. Vemos también la deserción de escuelas públicas a escuelas privadas, el gran desarrollo de las editoriales independientes.

El internet ha abierto una ventana el mundo para los jóvenes estudiantes que sus maestros hubieran dejado cerrada. Después de más de 50 años de programas burocráticos para combatir la pobreza, esta finalmente ha disminuido pero no debido a tales programas, sino al crecimiento del sector privado y la productividad que nos ofrece la tecnología.

El siglo XX se despidió atestiguando un estado en crisis en todos los rincones del planeta, un estado harapiento y aun con deudas más grandes que el PIB mundial, mendigando por más, el estado glorificado que ha fallado miserablemente. En México, sin embargo, como siempre nos quedamos a la zaga. En el siglo en que se pretendió glorificar al estado provocando dos guerras mundiales, cientos de revoluciones, millones de muertos, los mexicanos nos negamos a enfrentar la responsabilidad histórica de nuestro tiempo, todavía nos controlan los revolucionarios aun fuera de los corredores políticos del poder. México está secuestrado y no avanza.

Aparentemente la revolución liberal iniciada en los años 80, deformada pero revolución al fin, ha sido enterrada junto con Colosio, Ruiz Massieu, Clouthier y miles de víctimas de esa demente lucha contra el narco. Después de setenta y tantos años de corrupción, destrucción, demagogia, opresión, atraso revolucionario, y diez de las tatahuilas panistas, el PRI se alista para rescatar su dictadura legitimada. Ante un pre candidato, como lo describe Denisse Dresser, guapito, copetón y bien peinado, el resto de la clase política del país parece a punto de tirar la toalla. Tal vez la democracia no se hizo para nuestro país y necesitamos revivir a Cuauhtémoc….pero no el Cárdenas.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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