Asuntos Políticos
Feb 20, 2006
Cristina Massa

El gober precioso y su partido

Que sea la elección presidencial, un primer momento donde no dejemos impune el comportamiento reprobable del PRI. Sólo así castigaremos la cínica confianza del gobernador poblano y la lastimosa complicidad de su partido.

Con la colaboración de Edgar Moreno

 

Un vez más se agitó la memoria colectiva de los mexicanos. El caso de la periodista Lydia Cacho nos recuerda que “México ya cambió” es, en el mejor de los escenarios, un enunciado falaz. La democracia, de por sí incipiente a nivel federal, va aún más atrasada en los niveles locales de gobierno. Admitiendo la veracidad de las cintas que esta semana nos horrorizaron al revelar cómo se imparte justicia a enemigos y se protege a amigos en Puebla (y las tibias negativas y derroche de contradicciones en las declaraciones del propio Marín y del PRI no dejan mucho espacio para la duda), vemos que el asunto no sólo muestra la desfachatez con que actúa el gobernador de Puebla en el ejercicio del poder público, sino que también ratifica su control sobre los poderes judicial y legislativo de aquel estado.

 

Marín actúa como lo hace porque puede. En primer término, por supuesto, se trata de un problema de (falta de) ética, pero también es un problema de diseño institucional: una procuraduría dependiente del titular del Ejecutivo puede optar por investigar o no según la línea que reciba; la liviana disposición del poder judicial para que se pierdan notificaciones y se violen derechos humanos por recomendación u orden del gober precioso, encuentra una de tantas posibles explicaciones en que el Presidente del Tribunal Superior de Justicia es un conocido, que no reconocido, priísta de Puebla cuya lealtad al partido y a Marín parecen exceder la que le tiene a la justicia y al derecho. El código electoral del estado además, garantiza las súper-mayorías del partido más grande, es decir, el PRI, aun cuando no sea el mandato popular en las urnas; así, no podemos sorprendernos de que los diputados locales no hagan eco a las exigencias por la renuncia del gobernador. Juntas, la sobrerrepresentación de los legisladores priístas y la conformación de un poder judicial ad hoc para el gobernador, constituyen el gran poder del Ejecutivo local.

 

Pero no sólo es Marín, y su Congreso, y sus jueces. También es su partido, que a través del delegado estatal del Comité Ejecutivo Nacional, dio el espaldarazo al “primer priísta de Puebla”. Aún en campaña, han preferido apostar por los votos que el ejército de corrupción dirigido por Mario Marín pueda abonar a la candidatura de Roberto Madrazo, en lugar de defender los intereses de la ciudadanía y de su lado, combatir las viejas maneras de hacer política. Su apuesta es clara: van por el México que fue.

 

Queda en la ciudadanía de Puebla en particular, pero de todo el país en general, reaccionar con nuestros votos contra esa forma de hacer política. Si el PRI apoya a Marín, si así es como el PRI nos quiere demostrar de que “sí puede”, usemos nuestro voto para que entienda que los ciudadanos de hoy, no somos los mismos de ayer. La exigencia por transparencia, honestidad, eficiencia, es una demanda que no negociamos. Si el precio de la gobernabilidad (porque si algo dejó claro Marín en este asunto, es que en su estado todos hacen lo que él diga) es ignorar la separación de poderes, violar los derechos humanos y seleccionar a quién se le aplica convenientemente todo el peso de la ley (¡y sin que les tiemble la mano!), debemos decir no gracias.

 

Estamos indignados ante lo que vemos. Pero nuestra indignación debe seguir los canales adecuados y distinguir con precisión los objetos a los que se le dedica. Por un lado, como ciudadanía, debemos considerar lo peligroso de atentar contra la privacidad y las libertades, así sea las del gobernador y su conocido Nacif –porque ya dijo que él no es amigo de los que le hacen cosas a los niños, si bien hasta ahora a Nacif no se le han imputado actos de pederastia sino de protección a un presunto pederasta. Repudiemos estos actos y exijamos una explicación sobre el origen de estas cintas. No permitamos que la legalidad se construya con ilícitos.

 

Por otro lado, reflexionemos sobre el papel de la relación entre el poder económico y el político. Todo apunta a que el señor Nacif participó en el financiamiento de la campaña de su héroe Marín o le ha contribuido económicamente de diversas maneras, con lo que ha comprado la lealtad que ahora le demanda y agradece no con una, sino con dos, bellísimas botellas de cognac. Pensemos, pues, de qué manera queremos resolver el financiamiento del poder público.

 

Por último, hagamos conciencia de lo relevante que son nuestros votos. Las elecciones son el principal mecanismo de rendición de cuentas, son el instrumento estrictamente ciudadano con el que podemos castigar y premiar a nuestros gobernantes y a sus partidos. Que sea pues la elección presidencial, un primer momento donde no dejemos impune el comportamiento reprobable del PRI, en el caso de Lydia Cacho. Sólo así castigaremos la cínica confianza del gobernador poblano y la lastimosa complicidad de su partido.



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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