Pesos y contrapesos
Sep 6, 2010
Arturo Damm

La economía en el mensaje

Informe o mensaje, sigue habiendo un común denominador en la alocución del presidente: el gobierno, año tras año, gasta más, ayuda más e invierte más. Que lo haga mejor, es otro asunto.

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Cara al público ya no es informe, mucho menos El Informe, sino mensaje, ante un grupo de invitados a modo, quienes, al menos de palabra (de pensamiento seguramente será otra cosa), resultan incapaces de manifestar su desacuerdo con el presidente, ante quien, muchos, siguen comportándose como súbditos, no como ciudadanos. ¿Por qué? Ellos sabrán.

Informe o mensaje, sigue habiendo un común denominador en la alocución del presidente, ya sea a la Nación, ya al grupo de invitados, ya a los legisladores: año tras año, ¡y no digamos sexenio tras sexenio!, nos informa el presidente, el gobierno hace más (que lo haga mejor es otro asunto), gasta más (que gaste mejor es otro asunto), ayuda más (que ayude mejor es otro asunto), invierte más (que invierta mejor, como en los casos anteriores, es otro asunto), tal y como lo muestran las cifras mencionadas por el presidente. Ese hilo conductor es El Hilo Conductor del informe – mensaje del primer mandatario: el gobierno, año tras año, gasta más, ayuda más e invierte más. Y sin embargo,…

Si la evolución del país, en términos de crecimiento económico, desarrollo social y progreso humano, fuera equivalente a lo que el gobierno hace (y año tras año, ¡y no digamos sexenio tras sexenio!, el gobierno gasta más, ayuda más e invierte más), el nivel de vida de los mexicanos sería más elevado del que es, lo cual muestra que todo ello – crecimiento económico, desarrollo social y progreso humano -, no depende, mucho menos de manera principal, del gasto, la ayuda y la inversión gubernamentales, algo que los gobernantes, y no pocos gobernados, no acaban de entender, convencidos de que todo ello – crecimiento económico, desarrollo social y progreso humano -, depende, si no de manera exclusiva, sí principal, del gasto, desde empresarios hasta consumidores, demandando más gasto, más ayuda y más inversión del gobierno, peticionarios a quienes, sin duda alguna, el gobierno dará gusto, y al tiempo: ya oiremos cómo, el año entrante, el 1 de septiembre de 2011, el presidente nos informa que, nunca antes, el gobierno había gastado tanto, ayudado tanto e invertido tanto, pese a lo cual ¡aún falta mucho por hacer!, tal y como lo reconoció el presidente, sobre todo en materia de economía, materia en la cual, para el primer mandatario, los retos son la competitividad y la creación de empleos, siendo que la superación de segundo – creación de empleos -,  depende de la mejora en la primera – competitividad -, retos que siguen presentes y que, todo así lo indica, seguirán estando. ¿Por qué? Porque, al margen de la causas de ello, el hecho es que los responsables de realizarlas no están dispuestos a hacer las reformas estructurales, cuyo fin debe ser elevar la competitividad del país, para atraer más inversiones: si, estando como estamos, se invierte en México, ¿cuánto más no se invertiría si, ¡de una buena vez por todas!, en materia fiscal, laboral, energética, monetaria, se pusiera la casa en orden? Pero les gusta el desorden. ¿Por qué será? ¿Por qué?

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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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