LUNES, 27 DE SEPTIEMBRE DE 2010
La gran mentira del tirano

¿Ud. cree que desde el poder civil se les debe decir a los ciudadanos qué es y qué no es moralmente aceptable y permitido a través de una "constitución moral"?
No
No sé



“Quien emprende no depende.”
Pablo Arosemena

Edgar Piña







“En su largo, tedioso, cansado discurso, no obstante el desgaste de los años, de las décadas, del medio siglo de repetición, todavía acude a la patraña del bloqueo económico por parte del imperio como la causa del atraso en todos los aspectos económicos y sociales de la isla.”


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Tiene medio siglo tiranizando, empobreciendo, esclavizando, pervirtiendo, explotando, engañando, a los habitantes de la en algún tiempo llamada la Perla del Caribe.

Se levantó de la cama de hospital, de la tumba casi, para vestirse de verde olivo y con su voz cascada y débil amenazó al mundo con el apocalipsis nuclear.

Tiene seguidores, desafortunadamente muchos seguidores, que le admiran, le ponen veladoras y le festejan cada gracejada antiimperialista, cada bravuconada socialista, cada reiteración -repetida incansablemente en sus cincuenta años de manipulación-, de que su revolución es la única que ha construido el único territorio libre de América.

En la franca declinación de una intensa vida dedicada a gobernar autocráticamente a los cubanos, Fidel, el emperador, el tirano que nunca desperdició oportunidad para deshacerse de la competencia que representaban sus propios colaboradores, como Camilo y Ernesto, sale a la palestra y ensaliva el micrófono para decirle al mundo que todavía está vivo, que todavía manda y que tiene habilidades proféticas, que es mejor que lo escuchen, porque tiene aún amenazas que ostentar.

En su largo, tedioso, cansado discurso, no obstante el desgaste de los años, de las décadas, del medio siglo de repetición, todavía acude a la patraña del bloqueo económico por parte del imperio como la causa del atraso en todos los aspectos económicos y sociales de la isla.

Cada vez que escucho esta argucia, por parte de cualquier defensor del dictador, de que el cerco económico a Cuba es la causa de su patético rezago, viene a mi mente aquella conversación con dos cubanos, un economista y un ingeniero civil, en la cafetería de un hotel de La Habana, a finales de los años setentas, en una visita turística que mi esposa y yo hicimos durante una semana.

En aquellos años, el soporte del bloque soviético era una evidente realidad y no obstante que los turistas nos quedábamos con las llaves quebradas de los lavamanos en los dedos y los empleados maldecían a los proveedores rusos, todos los cubanos creían en un luminoso futuro socialista, alumbrado el camino por los discursos de Fidel y los escritos sobre el “hombre nuevo” de Guevara.

En aquella conversación, recuerdo con claridad que se argumentaba que la causa de la opresión en Cuba, radicaba en la dependencia de los imperialistas gringos - aunque para entonces ellos ya no tenían presencia en la isla-, y se argüía que sin ellos el paraíso comunista estaba a la vuelta de la esquina.

Llegaron los ochentas y los noventas y luego el siglo XXI y la explicación ahora es la contraria: es el bloqueo la causa de los problemas económicos de Cuba. Pero ahora la pregunta es: cuál bloqueo, que no sea el encierro forzado, inhumano, perverso, a que Fidel tiene sometidos a todos los cubanos.

Recordemos que legalmente el bloqueo es una realidad que arranca desde finales de 1960 como una respuesta a las expropiaciones fidelistas a propiedades de ciudadanos y empresas estadounidenses con operaciones en Cuba y se prolonga hasta 1999, cuando Bill Clinton prohibió a filiales extranjeras de compañías americanas comerciar con los cubanos a partir de determinadas sumas monetarias.

Sin embargo, es una realidad que no obstante el impedimento legal, Estados Unidos ha sido importante proveedor de cereales y otros alimentos para los cubanos y si el comercio no es mayor es porque simple y sencillamente la economía cubana no tiene nada que ofrecer y aunque sí tiene mucho, muchísimo que demandar, su poder adquisitivo es nulo.

La próxima vez que el decrépito tirano agarre el micrófono, sería bueno descubrirle su enorme mentira y preguntarle: ¿Bloqueo de quién para quién?

• Cuba

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