Foro libre
Feb 22, 2006
Edgar Piña

Subsidios agrícolas: ¿Bendición o maldición?

Si la pobreza y la hambruna se caracterizan por la ausencia de alimentos baratos, y los subsidios agrícolas de los países ricos abaratan los alimentos que necesitan los habitantes de los países pobres, ¿cómo pueden dichos subsidios perjudicar a los pobladores de esos países?

Si la pobreza y la hambruna se caracterizan por la ausencia de alimentos baratos, y si los subsidios agrícolas de los países ricos tienen el efecto de abaratar los alimentos que necesitan los habitantes de los países pobres, ¿cómo pueden dichos subsidios perjudicar a los pobladores de esos países? He aquí otro misterio comercial.

 

Palabras más, palabras menos, utiliza el Dr. Rigoberto Stewart, economista costarricense y presidente del Instituto para la Libertad y el Análisis de Políticas (INLAP), en el capítulo dedicado al tema de los subsidios agrícolas en los países ricos de su más reciente trabajo editorial denominado La Magia y el Misterio del Comercio” (de venta próximamente en Asuntos Capitales), para iniciar su argumentación dirigida a demostrar que dichos subsidios no son perjudiciales a los consumidores de los países pobres, sino al contrario, son benéficos porque abaratan los alimentos básicos.

 

Este autor y conferencista de proyección internacional, recuerda que existe la creencia generalizada y arraigada de que los fuertes subsidios que otorgan los países ricos -Estados Unidos, Unión Europea y Japón, principalmente-, a sus agricultores, perjudican a los países pobres o subdesarrollados.

 

Cuatro son los argumentos utilizados por los que se oponen a los subsidios agrícolas en los países ricos y son los siguientes, de acuerdo a este autor.

 

  1. Los subsidios de los países desarrollados son responsables de la caída precipitosa de los precios internacionales y de la inundación de los mercados mundiales con productos baratos, lo cual causa la ruina de los campesinos que producen para los mercados locales.

 

  1. Las exportaciones de los países subdesarrollados generan riqueza, por lo tanto, los subsidios de los países ricos que desplazan las exportaciones provenientes del mundo subdesarrollado causan más pobreza.

 

  1. Los productos baratos que llegan a los países pobres mediante importaciones son esencialmente perjudiciales o, como mínimo, no producen beneficios para sus habitantes.

 

  1. Los países pobres tienen ante todo necesidades de producción y de empleo; no necesidades de consumo.

 

Después de examinar los principales tipos de subsidios que existen en los países avanzados -principalmente en Estados Unidos de América- y los efectos específicos que los mismos tienen sobre los precios y los volúmenes de producción, el Dr. Stewart rescata las conclusiones de investigaciones realizadas por especialistas de la Universidad de Cornell en Nueva York.

 

La más importante de ellas consiste en que los programas de subsidio restringen la producción e incrementan la rentabilidad de las fincas, por lo que, si se eliminaran, se aumentarían las exportaciones de esos países y los precios mundiales bajarían todavía más.

 

Concluye el autor de La Magia y el Misterio del Comercio que los subsidios agrícolas de los países desarrollados no causan necesariamente el derrumbe de los precios internacionales y, en consecuencia, no tienen los efectos que se le atribuyen.

 

Luego observa que si el objetivo de la actividad económica de los habitantes de países pobres fuera producir ciertos bienes a cualquier costo, los adversarios de los subsidios estarían en lo correcto, pero si se mira el asunto desde el punto de vista del interés del consumidor –o sea las mayorías-, entonces resulta que los subsidios no perjudican sino que benefician a los países atrasados.

 

El Dr. Stewart cierra este capítulo de su interesante libro con varias observaciones de las cuales dos nos parecen fundamentales.

 

Una es que debido a la estructura distorsionada de producción y comercio prevaleciente en los países pobres, la mayoría de sus exportaciones no generan verdadera riqueza, por lo tanto los subsidios que desplazan a estas exportaciones no causan pobreza.

 

La otra se refiere a que en razón de que el consumo en los países pobres juega un papel preponderante, las importaciones que les llegan pueden ser inmensamente beneficiosas.

 

Permítame el amable lector una reflexión final: ¿Tiene algo de malo que los contribuyentes de los países desarrollados abaraten el consumo de las naciones más pobres?



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