Pesos y contrapesos
Oct 11, 2010
Arturo Damm

¡Mil millones, de dólares, a cien años!

Lo preocupante, desde el momento en el cual lo sensato es que todo el gasto del gobierno se financie con impuestos, es el endeudamiento por mil millones de dólares, sin olvidar que todo gasto gubernamental - hoy, mañana o pasado mañana -, se termina financiando con impuestos. ¿De dónde saca el gobierno el dinero para pagar, llegado el momento, lo que debe? De los impuestos. Lo maravilloso es el plazo...

Mi intención era seguir escribiendo en torno a la pregunta ¿A qué equivale un peso?, sobre todo porque, si bien es cierto que hoy la inflación es menor de la que fue hace algunos sexenios, sigue estando presente y afectando más a quienes menos ingreso generan. De enero de 2001 a septiembre pasado la inflación acumulada en México fue del 52.2 por ciento, lo cual quiere decir que terminaremos la primera década del siglo XXI con una pérdida en el poder adquisitivo de nuestro dinero superior al 50 por ciento o, dicho de otra manera, terminaremos 2010 comprando, con cada peso, menos de la mitad de lo que comprábamos al inicio de 2001.

 

Confesado que mi intención era seguir escribiendo en torno a la pregunta por la equivalencia del peso, el lector se preguntará qué me hizo cambiar de opinión. El motivo lo es un comunicado de la Secretaría de Hacienda, en el cual se informa, y para que no haya duda cito textualmente, que “el Gobierno Federal realizó una emisión en los mercados de capital por un monto total de 1,000 millones de dólares, mediante la colocación de un Bono Global con vencimiento en 2110”, presumiéndose que “México se convierte en el primer país Latinoamericano en colocar deuda a plazo de 100 años”.

 

Lo preocupante, desde el momento en el cual lo sensato es que todo el gasto del gobierno se financie con impuestos, es el endeudamiento por mil millones de dólares, sin olvidar que todo gasto gubernamental - hoy, mañana o pasado mañana -, se  termina financiando con impuestos. ¿De dónde saca el gobierno el dinero para pagar, llegado el momento, lo que debe? De los impuestos.

 

Lo maravilloso es el plazo, ¡¡¡cien años!!!, mismo que plantea algunas preguntas. Dentro de cien años, ¿seguirá circulando el dólar, moneda en la cual se contrajo el préstamo? A lo largo de los próximos cien años, ¿cuál será la inflación, información importante para calcular el interés real que tendrá que pagar el deudor y que recibir el acreedor? Dentro de cien años, ¿seguirán existiendo los Estados Unidos Mexicanos y, por lo tanto, un gobierno mexicano responsable de pagar lo que se deba? ¿Se vale que un gobierno, en este caso el de Calderón, contraiga una deuda que tendrá que pagar otro gobierno? ¿Es correcto que el gobierno contraiga deuda nueva para pagar deuda vieja, es decir, que destape un hoyo para tapar otro, ya que, como lo señal el comunicado, “con esta operación, además de la colocación de un bono denominado en yenes japoneses que el Gobierno Federal llevará a cabo durante el mes de octubre, se cubren las amortizaciones de deuda externa de mercado del Gobierno Federal para el resto de la presente Administración”?

 

Pedir dinero prestado a cien años puede tener sentido, ¿pero prestarlo (tal y como lo hicieron los “113 inversionistas institucionales de Estados Unidos, Asia, Europa, Sudamérica y México”, quienes terminaron demandando “2.5 veces el monto emitido”), lo tiene?

 

¡Mil millones a cien años!, preocupante y maravilloso.



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