VIERNES, 15 DE OCTUBRE DE 2010
Nosotros conquistados, ustedes conquistadores

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El punto sobre la i
“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
Víctor H. Becerra


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“En México, Aristóteles se volvería loco: puede haber un sindicato de trabajadores de una empresa en que no pueden trabajar porque esa empresa no existe.”


Teléfonos de México fue, hace dos décadas, el organismo gubernamental más aborrecido por sus forzados usuarios. Ese lugar de privilegio lo tomó hasta hace un año Luz y Fuerza del Centro.

Las nuevas generaciones tienen la fortuna de no haber conocido al Teléfonos de México paraestatal, hatajo de rateros que exhibía la insensibilidad y arrogancia de todo monopolio gubernamental. Las casetas públicas estaban destrozadas no porque tengamos inveteradas tendencias al vandalismo sino por desesperación. Hallar una caseta telefónica daba un hálito de esperanza que al frustrarse por estar la línea muerta arremetíamos contra ella con el más biológico coraje. Vendían líneas a un millón de aquellos pesos, y frecuentemente (me lo hicieron) se robaban el dinero. Los telefonistas sindicalizados privatizaban el servicio mediante la señera práctica de la extorsión.

En la aciaga época de Miguel de la Madrid, un amigo mío descubrió mientras llamaba por teléfono cómo un obrero desconectó su línea. Se enfundó una 45 y amagó por el cuello al mercenario de las huestes de Hernández Juárez por esa infamia; recuperó inmediatamente su línea. Mis hijos que hoy usan tranquilamente sus celulares no pueden recordar que mientras eran bebés, sumé en casa sin teléfono 7 meses de 12. Tenía que ir en coche con mis padres sólo para hacer una llamada o reportar una emergencia.

Luz y Fuerza, campeona de apagones y promotora involuntaria de los reguladores de voltaje y los no break, fue igual de aborrecible. Una vez, un típico electricista me dijo “si no le gusta nuestro servicio váyase a la empresa eléctrica de enfrente”.

Luz y Fuerza tenía una curiosa práctica: camionetas repletas de sindicalizados equipados con órdenes de corte, desarmadores y tijeras, prontos a mejorar el servicio. Extorsión, pues. Así funcionaba también el monopolio paraestatal de Telmex. En esos monopolios la privatización la hace para su muy privado provecho algún mordelón.

Hoy, el aborrecible Martín Esparza decide castigar al pueblo y a quienes fueron sus clientes con agresiones físicas y un odio cerril y violento. Hablan ya de “insurgencia SME”. No les falta dinero para su insurgencia violenta. Poderoso chantajero es Don Dinero si compra apoyo del gobierno del DF, el Peje y políticos cuyos únicos números son 2012 y los ceros de las sumas que les aportarán para su lucha tremenda por el poder.

Además, en México Aristóteles se volvería loco: puede haber un sindicato de trabajadores de una empresa en que no pueden trabajar porque esa empresa no existe. Y ser —como el SME— riquísimo.

El sindicato de Luz y Fuerza acumuló a su estilo —extorsión, presión política, amenaza, chantaje— una cantidad surrealista de privilegios que hicieron de ese sindicato la peor muestra, la más significativa y emblemática, de la muy priista corrupción y de las “conquistas sindicales irrenunciables”.

Dicen que es obligación de todo sindicato buscar el provecho de sus agremiados, pero a algunos nos parece profundamente inmoral que una empresa deficitaria saque dinero de la bolsa de los conquistados para sufragar las conquistas de los conquistadores. Si no produce suficiente para mantenerse, sacarnos el dinero para subsidiar sus conquistas con impuestos se convierte en robo. Derechos para ellos, imposibles de financiar sólo con trabajo electricista; obligaciones para mí, aparte de pagar el servicio eléctrico. Extorsión fiscal al amparo de la ley. Y su fuero fiscal impide al contribuyente meterse en las cuentas de un sindicato (horrible ataque a la autonomía sindical).

Todo bajo el amparo de la religión laica y de sus dinosaurios sagrados que la gente decente tiene que defender: el sindicalismo, las reivindicaciones populares, el artículo 123, la lucha de clases, la emancipación del pueblo trabajador, la rectoría estatal, la soberanía nacional; eso bajo el amparo de sus fueros: conquistas irrenunciables, derechos vitalicios, concesiones, permisos discrecionales, favores, sindicatos de vida eterna: “Nos vieron nacer. Nunca nos verán morir” dice una pancarta del SME.

Religión laica correcta, y fueros indestructibles. Religión y fueros, lema del Partido Conservador del siglo XIX, que tiene hoy en la “izquierda” a sus más preclaros herederos.

Javier Lozano es el único secretario de Calderón cuyo trabajo me ha entusiasmado. Sólo falta ver qué hará si —como se rumora— no existen todos los 15,700 y tantos sindicalizados que supuestamente se han negado “por dignidad” a recoger su generosísima liquidación. ¿Un vehículo sindical más para robar? ¿Había sólo nombres para cobrar la nómina? ¿Cuántos?

No hablo de aviadores, gente que no trabaja pero existe. Los fantasmas no existen, pero de que cobran, cobran.

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