LUNES, 22 DE NOVIEMBRE DE 2010
Las armas gringas

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
Félix de Jesús


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“Por 200 años EEUU armó a los caudillos de guerras civiles y revoluciones, golpes de estado, asonadas y cuartelazos del México “independiente”. Hoy arma a los criminales.”


Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, dijo el gran mexicano Porfirio Díaz. Pobre México, digo yo: tan lejos de Dios y tan cerca de una jerarquía eclesiástica indigna. Pobre México, tan lejos de la mística y valores que crearon a los Estados Unidos, y tan cerca de sus armas y de sus financieros.

Por 200 años EEUU armó a los caudillos de guerras civiles y revoluciones, golpes de estado, asonadas y cuartelazos del México “independiente”. Hoy arma a los criminales.

Todo comenzó con el comienzo. Desde 1807 mandaron dinero a Hidalgo desde Nueva Orleáns y apenas se independizó formalmente México en 1821, Estados Unidos empezó a tragarse a un imperio que abarcaba del sur de Oregón a Nicaragua (Nic Anáhuac, hasta aquí llega el Anáhuac; gracias por el dato, César Garizurieta). Debían impedir que se consolidara un país grande y próspero en su backyard y vaya si lo han logrado, sabedores de que los mexicanos se pintan solos para pelearse; enfrascados en golpes de estado y guerras civiles, los gringos vieron cómo eso era bueno.

A partir de 1810 se destruyó una Nueva España que en el siglo anterior fue mucho más desarrollada y culta que el país del norte pero apenas a 15 años de independencia México perdió Texas; perdió una guerra contra EEUU, y en 1848, California y Nuevo México. En 1853 la Mesilla. Y vio Estados Unidos que todo eso era bueno.

En 1859 Juárez les ofreció Baja California; y partir el país en tres a cambio de reconocimiento político y armas, pues dinero no tenía. Se daba Juárez por bien servido: ese año, con 10 barcos de la U.S. Navy, Juárez derrotó a Miramón en Veracruz.

Ese modelo de traición a la patria —el Tratado McLane-Ocampo— no se firmó porque se les atravesó una guerra civil pero luego siguieron dando armas a Juárez, con que venció la influencia europea en América y mató a Maximiliano. Los gringos colonizaron y cubrieron de ferrocarriles su recién ganado territorio y México seguía guerreando. Y vieron allá que eso era bueno.

Con Porfirio Díaz conoció México por primera vez la paz, y especialmente a partir de 1884, empezó a desarrollarse con orden e infraestructura, poca política y buena administración. Fue tan espectacular el cuarto de siglo de Díaz, que organizó grandes fiestas so pretexto del Centenario pero en realidad para mostrar al mundo de qué era capaz un país bien gobernado y en paz. No podía Estados Unidos quedarse quieto ante un backyard próspero, con influencia europea y hasta uniformes militares tipo prusiano, y Taft apoyó con armas a Madero. Con la nueva guerra civil México metió reversa por décadas; a cambio de reconocimiento político firmó Álvaro Obregón con EEUU tratados que nos impidieron industrializarnos. Calles se enfrascó en una persecución religiosa. Cárdenas expropió el petróleo y ayudó a las petroleras gringas al dañar a las inglesas y holandesas.

Luego, México nuevamente progresó. Tras 30 años de desarrollo y estabilidad, con el huracán Luis los gringos usaron otra arma: la financiera. Me imagino un diálogo entre el Tesoro y Wall Street: “Hay que arruinar a los mexicanos a su estilo: corrompiéndolos. Les prestamos dólares. Se los roban y los invierten aquí. No podrán pagar. Cobramos las garantías y nos quedamos con su economía.” (Su segundo presidente, John Adams, había advertido de cómo la deuda es una forma de esclavismo para los países.) La deuda creció tanto como las catástrofes económicas sexenales. El procónsul Zedillo entregó a los mexicanos un Fobaproa y a los inversores foráneos los bancos, comercios e industrias. Y vieron allá que eso era muy, pero muy bueno.

La nueva destrucción del backyard llamado México está en algo que ellos consumen y pagan con bilimbiques verdes, las drogas. El mayor mercado del mundo es curioso: nadie lo surte porque no hay cárteles ni Chapos ni Mayos Zambada, la Barbie es una muñeca, y no hay guerra. El drogadicto obtiene los narcóticos que necesita y los paga; los criminales mexicanos las armas que necesitan y las pagan. Ellos aportan clientes, importan drogas, imprimen dólares, fabrican armas y las exportan. México pone muertos.

México también pone políticos. El presidente combate con las fuerzas armadas, pues policía casi mejor que no la hubiera. Los diputeatreros y los partidos, los politiqueros y los ardidos se dan vuelo en embates y diatribas contra un presidente que —con sus fallas—ha entrado con decisión a la pelea. Y aunque no presuman de ello, mandan al diablo a las instituciones tan bien como los diputados que se peleaban en la Cámara mientras los gringos de nuevo invadían Veracruz.

Además, prohíben al ciudadano las armas. Usar armas defensivas es casi garantía de cometer un delito por el que sí encarcelarán, no al delincuente (pues no lo agarran) sino al ciudadano, acusado además por derechos humanos. Quien respete la ley queda prensado por dos monopolios: el legal —los gobiernos—  y los monopolistas ilegales, que obtienen y usan armamento cada vez más potente; gozan de impunidad porque las policías y MP’s casi mejor que no existieran, y además el ciudadano no puede defenderse. Sus posibilidades de éxito por delitos del orden común son de 94%. Con razón ven ellos que tanta prohibición al ciudadano es muy buena.

Y con razón ven en Estados Unidos que es muy bueno tener el mayor narcomercado del mundo, y fronteras anchurosas para importar drogas y exportar armas. Lo que no es bueno para ellos y no lo dejan pasar por la frontera es el atún mexicano porque ¡pobrecitos delfines!

• Historia no oficial • México - Estados Unidos • Centenario y bicentenario

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