MIÉRCOLES, 2 DE MARZO DE 2011
Anécdota de un rector limosnero

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“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
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“Desde que lo nombraron rector de la UNAM se le ve deambular por la Cámara de Diputados, la de Senadores, la Asamblea Legislativa y la Secretaría de Hacienda, especialmente en los meses de repartición de dineros. Claro, está cabildeando más centavitos para la universidad más cara de México.”


Desde que lo nombraron rector de la Universidad Nacional Autónoma de México se le ve deambular por la Cámara de Diputados, la de Senadores, la Asamblea Legislativa y la Secretaría de Hacienda, especialmente en los meses de repartición de dineros. A todos los saluda con mucha amabilidad, no escatima las sonrisas para diputados, senadores y guapas edecanes, entra a platicar largamente con los legisladores, está cabildeando más centavitos para “la universidad más importante de México”.

No faltó quien le reclamara que la UNAM no hace el menor esfuerzo por generar recursos propios, es decir, por la venta de servicios, asesorías, patentes y, por supuesto, por cuotas y colegiaturas. ¿Cómo es posible que digan ustedes que allí se hace el 80% de la investigación científica de todo México y no les produce ni un centavo? ¿Qué tipo de investigación será que a nadie le interesa comprar? La respuesta del rector fue obvia: “hacemos investigación sin fines de lucro”.

Nuestra universidad -dijo el rector- da asesorías al pueblo. Por ejemplo, asesoramos a los grupos de campesinos para que exijan que el gobierno les de recursos para sembrar, pero no nos pagan nada, al contrario, incurrimos en gastos de alimentos y transporte para los profesores y estudiantes que van a dar esos servicios y asesorías.

Alguien más reclamó que los alumnos siguen pagando 20 centavos al año por concepto de colegiaturas siendo que muchos llegan con carros último modelo. El rector ni se inmutó, sólo dijo que la UNAM es una institución pública y gratuita y que el gobierno tiene la obligación de darle todo el presupuesto que necesite y que su trabajo es convencer a los diputados para que no se le escatime recursos a la universidad más importante de México y de toda América Latina.

Ciertamente, este año logró convencer al gobierno para que le asignara 30 mil millones de pesos. Si consideramos los datos históricos podemos pensar que 20 mil alumnos obtendrán su grado de licenciatura, maestría o doctorado. El costo por cada alumno titulado es de un millón y medio de pesos en promedio. ¿Por qué salen tan caros los alumnos de la UNAM? “Porque de mi institución salen los mejores científicos de México” -respondió el rector. Si estos alumnos se hubieran graduado en el TEC de Monterrey habrían pagado a lo más, medio millón de pesos por los cuatro años de estudios de carreras equivalentes, es decir, la tercera parte de lo que gastaron en la UNAM… El rector volvió a repetir, “es que nuestros egresados son de mejor calidad que los del TEC”.

Señor rector, ¿qué le parece a usted la idea de aplicar el bono educativo en la UNAM? Qué es eso, respondió. Consiste en que el gobierno ya no le dé el dinero a la universidad, sino a los alumnos. El Estado entrega cada mes un bono o cheque intransferible para que el estudiante pague la colegiatura en la facultad que haya elegido y si al alumno no le gustan los servicios que la escuela le da, puede cambiarse a otra, incluso a una privada, la educación sigue siendo gratuita. Se quedó el rector pensando un buen rato, sólo para decir: ¡Si el alumno puede elegir libremente dónde colocar el cheque, se van a ir todos de la UNAM! No, eso es muy peligroso, prefiero que el gobierno nos mande el dinero directamente. Pero, señor rector, así habría competencia y todos se pondrían a trabajar. ¡Allí está lo malo, pues pocos quieren trabajar! En ese momento emprendió la huida para acabar la discusión.

No cabe duda, los principales enemigos del BONO EDUCATIVO son los funcionarios de las universidades que prefieren estirar la mano hacia las arcas del Estado en lugar de someterse a la disciplina del mercado, donde tienen que hacer buen trabajo bajo el riesgo de quedarse sin comer si no satisfacen al cliente, es decir, a los alumnos.

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