Pesos y contrapesos
Mar 14, 2011
Arturo Damm

Más sobre el afán de lucro (II)

La ambición de ganancia monetaria explica la cantidad y calidad de los bienes y servicios con los que contamos, mismos que, si dependieran de la benevolencia, simple y sencillamente no existirían, con las consecuencias que ello tendría sobre el nivel de vida.

El primer fin que busco con estos artículos es demostrar la tesis de que toda acción humana parte del afán de lucro, mismo que no se limita al pecuniario. No toda ganancia es monetaria. El segundo objetivo que persigo es demostrar que ese, el afán de lucro pecuniario, tan vituperado por los ignorantes, es la causa de que hoy millones de seres humanos disfruten un nivel de bienestar material nunca antes visto. Repito lo ya escrito en otro artículo: el afán de lucro no es únicamente de lucro pecuniario, lo cual no quiere decir que dicho afán, el de lucro pecuniario, sea malo, mucho menos moralmente reprobable.

Paso lista de los objetos que me rodean, comenzando por la computadora (hardware) con la cual escribo estas líneas, sin olvidar el programa (software) que me permite hacerlo, siguiendo con el mueble en el cual está colocada la computadora y la silla en la cual estoy sentado, pasando a todo lo que traigo puesto: zapatos y ropa, reloj y lentes, cartera y pluma, teléfono celular y anillo, hasta llegar al aparato reproductor de música y al disco compacto que en estos momentos me permite escuchar el quinto volumen del Great American Song Book de Rod Stewart, Fly me to the moon

¿A quién le debo todos esos objetos que, en este caso, hacen posible mi trabajo (el caso de los anteojos), lo facilitan (el caso de la computadora) y lo hacen más agradable (el caso del disco compacto)? A algún empresario que se dedica a producir desde anteojos hasta discos compactos, sin olvidar las computadoras, respuesta que me lleva a la siguiente pregunta: ¿y por qué, cada uno de esos empresarios, hace lo que hace?

Dejo que sea Adam Smith, transcribiendo el siguiente párrafo de La Riqueza de las Naciones, quien responda: “No es de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero, de la que esperamos nuestra cena, sino de su consideración por su propio interés”. Lo que dice Smith es que el panadero, el cervecero y el carnicero hacen lo que hacen, no porque estén preocupados por la alimentación de los demás, sino porque quieren obtener una ganancia pecuniaria. Parafraseando a Smith: “No es de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero, de la que esperamos nuestra carne, nuestra cerveza y nuestro pan, sino de su afán de lucro pecuniario”, de la misma manera que yo tengo a mi disposición lentes, computadora y discos compactos por el afán de lucro pecuniario de quienes me los ofrecieron, ambición de ganancia monetaria que explica la cantidad y calidad de los bienes y servicios con los que contamos, mismos que, si dependieran de la benevolencia, simple y sencillamente no existirían, con las consecuencias que ello tendría sobre el nivel de vida.

Todo en la acción humana es afán de lucro, lo cual no quiere decir que todo lucro sea pecuniario, lo cual no significa que el afán de lucro pecuniario sea malo: al contrario, es bueno y ocasión de cosas buenas.



Comments powered by Disqus
El punto sobre la i

Donde hay una necesidad nace un derecho.

Axel Kiciloff
Entrar
Encuesta de la semana
En los primeros 6 meses del año las pérdidas de Pemex ascendieron a 606 mil 587 millones de pesos y no parece que el escenario mejore en lo que resta del año debido a la menor demanda de combustibles provocada por la emergencia sanitaria global, a mediano plazo por la excesiva deuda que carga y a largo plazo por la menor dependencia de combustibles fósiles. Dado lo anterior, ¿qué se debe hacer con la empresa paraestatal?
Artículos recientes...
Arturo Damm
• Cuestión de lógica
Manuel Suárez Mier
• Cabildeo en Washington en 2020
Arturo Damm
• PIB
Ricardo Valenzuela
• ¿Quién es realmente Donald Trump?
Arturo Damm
• Estado comatoso
Arturo Damm
• Del decrecimiento