MARTES, 15 DE MARZO DE 2011
Son unos miserables

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El punto sobre la i
“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino, para decidir su propio camino.”
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“El acueducto El Novillo-Hermosillo, que traerá el agua que le urge a la capital de Sonora, es una realidad en proceso de construcción, aunque los titanes de la abyección, o sus mercenarios panfleteros y manifestadores callejeros, griten y pataleen.”


El reducido grupo de agricultores del valle del Yaqui que posee, utiliza en arrendamiento, o bajo cualquier otra forma explota las aproximadamente 260 mil hectáreas bajo cultivo en esa región de Sonora es, sin lugar a dudas, un bonche de  miserables.

Esta selecta casta de sonorenses, alguna vez mitificada como “agrotitanes”, pero hoy mejor identificada como “los barones de la tierra” o los “caciques de la mezquindad”, ha estado mostrando a los sonorenses que su calidad moral, su hechura, su composición humana, no es nada más que abyección e intransigencia.

Aún antes que el nuevo gobierno de Sonora decidiera llevar a cabo el Plan Sonora Integral, cuyos objetivos son precisamente resolver los problemas de abasto y racionalización del uso del agua, estos individuos se han opuesto rotundamente a que la capital del estado, tome, digo tome literalmente, agua de la presa El Novillo, la cual pertenece legal y legítimamente a todos los sonorenses.

Estos señores que procuran, como siempre lo han hecho, no dar la cara, cuando se trata de asuntos como el que nos ocupa, y utilizan testaferros, “líderes” de causas “sociales” y otros tipos de activistas a sueldo, aprovechan los medios a su alcance, su poder, su excedida solvencia para confundir a la población y para comprar espacios en  los medios y también la opinión de no pocos  periodistas.

La sustentabilidad y competitividad de la agricultura cerealera, con mucho la principal actividad de los valles del sur de Sonora, han estado cuestionadas desde la segunda mitad del siglo pasado, más o menos cuando inició la salinización de enormes extensiones de tierra de cultivo. Sin embargo, ellos, los depredadores del agua y de la tierra, no se dan por enterados, o pretenden no estarlo.

En la misma forma, por décadas se ha demostrado la factibilidad técnica y económica de implantar en los valles patrones de cultivo más acordes con las condiciones de clima y disponibilidad de agua, pero ellos, si es que escuchan,  no responden.

Investigadores y técnicos especializados en agua,  han expuesto, por ejemplo, que con una inversión razonable, es totalmente posible utilizar riego presurizado en 20 mil hectáreas (una mínima parte de la superficie total bajo cultivo en el Yaqui), para liberar  algo así como los 100 millones de metros cúbicos anuales que requiere la ciudad de Hermosillo.

Pero los caciques responden que es financieramente irrealizable, lo cual es contradictorio a las jactancias que se escuchan de 8 a 12 todos los días en las cafeterías de la calle Miguel Alemán en Cd. Obregón.

Tomar los  100 millones  de metros cúbicos que le urgen a Hermosillo cada año, de los más de 3 000 millones de metros cúbicos que almacena la presa El Novillo y que terminan malgastándose en los cultivos subsidiados del distrito de Riego 41, en el valle del Yaqui, es algo así como tomar un vaso de agua de un barril de 200 litros. No más, pero sí tal vez menos.

Pero ellos los dueños del sur de Sonora, se quedan mudos cuando escuchan el argumento, para replicar después que ellos son los productores de alimentos, sin cuyo esfuerzo --que consiste en comer bien y fanfarronear mucho--, los mexicanos moriríamos de hambre.

El acueducto El Novillo-Hermosillo, que traerá el agua que le urge a la capital de Sonora, es una realidad en proceso de construcción, aunque los titanes de la abyección, o sus mercenarios panfleteros y manifestadores callejeros, griten y pataleen.

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