LUNES, 30 DE MAYO DE 2011
La competencia, el mejor remedio contra los incompetentes

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“Si lamentablemente, por razones políticas, no se puede privatizar una determinada empresa, al menos un avance es abrir dicho mercado monopólico a la competencia. Ello crea incentivos para que mejoren los servicios del monopolio gubernamental (lo que de suyo ya es ganancia).”


Un monopolio en cualquier sector de la economía, tiende a ser ineficiente, cobrar precios altos y en general a dar un mal servicio. Los peores son los monopolios del gobierno, pues además de la situación de ineficiencia, absorben cantidades crecientes de recursos por parte del contribuyente, es decir, además del mal servicio, se expolia de manera cínica a todos los contribuyentes. Tal fue el caso de la desaparecida Compañía de Luz.

No basta con privatizar a un monopolio gubernamental, es necesario diseñar un marco jurídico que permita libre afluencia, libre entrada de cualquier empresa -o profesional- en cualquier industria ó profesión (en EU el ejercer la profesión médica es muy complejo, costoso y burocrático, pues pocas asociaciones médicas han monopolizado dicha profesión y si no se obtiene la sofisticada licencia requerida, simplemente no se puede ejercer libremente la medicina), pues de lo contrario se generan rentas monopólicas, mercados cautivos para un solo participante -o pocos participantes-, como ha sucedido en México en la industria de las telecomunicaciones.

Si lamentablemente, por razones políticas, no se puede privatizar una determinada empresa (el gobierno por naturaleza no es empresario, no tiene nada que hacer operando empresas de diversa índole), al menos un avance es abrir dicho mercado monopólico a la competencia. Ello crea incentivos para que mejoren los servicios del monopolio gubernamental (lo que de suyo ya es ganancia). Cito algunos ejemplos.

Cuando la empresa estatal de servicios postales tenía el monopolio en EU, sus servicios eran lentos, deficientes y perdía mucho dinero al año. Como siempre, claro, entraba el contribuyente a resarcir las pérdidas multimillonarias que dejaba el monopolio estatal. Luego, cuando los legisladores estadounidenses se pusieron las pilas, se decidió permitir la entrada de firmas privadas postales para hacerle la competencia al monopolio de correos. Así, se hicieron conocer empresas postales como Federal Express, United Parcel Services o DHL.

Lejos de aumentar el mal servicio de la empresa estatal de correos y perjudicar más a los que no podían pagar los servicios privados postales (como alegaban los estatistas opositores a que se abriera el mercado a la competencia por causar lo que los gringos llaman “cream skimming” sobre los consumidores de menos recursos), el monopolio de correos incrementó su eficiencia en la entrega e incluso creó nuevos servicios exprés antes no disponibles. No obstante que sigue operando con dinero del Erario (lo que sigue siendo malo), la empresa estatal de correos se vio obligada a mejorar, y lo mejor, un buen sector de los consumidores estadounidenses se liberó del yugo postal monopólico y puede ahora contratar a otros participantes que operan con mayor eficiencia en el mercado de correos.

Así podría suceder en México con sectores como el petróleo y la electricidad. Si hay férrea oposición del PRI a abrirlos, los legisladores no priístas podrían cambiar la constitución, permitiendo que PEMEX siga como monopolio, pero dejando entrar a nuevos participantes. ¿Sueño guajiro?

La semana pasada se anunció por parte de la Secretaría de Educación y el sindicato (SNTE), un convenio en donde se creará una nueva y llamada evaluación universal que sacaría las manos del sindicato en la evaluación y contratación de profesores. Me parece un avance, pero como todo anuncio de gobierno, hasta no ver no creer.

No obstante, aunque se avanzara en la evaluación magisterial y se mejorara el perfil académico y profesional de los profesores normalistas (lo que si se hace realidad sería un gran logro, insisto), el sector educativo no deja de ser un monopolio de gobierno (no público, pues las escuelas privadas también son públicas), un monopolio que dicta y ejerce autoridad sobre cualquier plan de estudios de gobierno ó privado.

Hasta ahora todo intento de profesionalizar al magisterio ha quedado en el fracaso y lo anterior se demuestra en los pésimos resultados en las pruebas nacionales e internacionales que obtienen los estudiantes mexicanos de educación básica.

¿Cómo romper este monopolio educativo? Similar a lo que sucedió con el monopolio postal gubernamental en EU.

En EU, la primera economía del orbe, la educación básica es pésima y ello se debe en buena medida al sindicato de maestros (sí, allá también tienen uno, menos mafioso y corrupto que el mexicano, pero sindicato al fin de cuentas), que hace lo imposible por impedir toda competencia ajena a la esfera gubernamental. ¿Cómo le han empezado a dar vuelta algunos de los gobiernos estatales y locales al pulpo federal magisterial? De dos formas, creando el voucher educativo (parecido al bono educativo que proponía Milton Friedman), ó escuelas alternativas al sistema sindical y estatal tradicional (las llamadas charter schools).

La académica de la U. de Harvard, Caroline M. Hoxby, ha hecho una seria investigación al respecto, ha encabezado un estudio empírico sobre el impacto del voucher y las charter schools; en particular se ha enfocado en los resultados del voucher en Milwaukee, y las charter schools en Michigan y Arizona. Sus resultados son contundentes y prueban lo que los economistas liberales desde hace siglos han defendido: que es la competencia la que hace mejor a cualquier sociedad.

Hoxby demuestra con rigor la mejora en el nivel educativo de los estudiantes que se han acogido al voucher ó a las escuelas alternativas al sector gubernamental (lo demuestran los puntajes obtenidos en los exámenes de admisión a las universidades). Y lo más sorprendente, los alumnos que han permanecido en el sistema educativo tradicional, también han mejorado, especialmente en las escuelas de gobierno que más intensamente se han sometido a la competencia por parte de las escuelas privadas -usando voucher- y las charter (escuelas alternativas).

La opción seria para mejorar la educación en México pasa por crear competencia, por instrumentos como el voucher y en general por permitir la libre elección de la escuela por parte de los padres de familia.

La competencia le restaría poder al nefasto sindicato de la educación, y lo mejor, serviría para evidenciar a algunos de los disidentes del SNTE, como la coordinadora de Oaxaca. Me refiero a los parásitos magisteriales de Oaxaca que cada año hacen de las suyas (el chantaje magisterial del mes de mayo), esos parásitos que mal enseñan menos de 200 días y les son pagados 500, esos que siempre chantajean y obtienen lo que quieren -como ya lo hará igual el actual gobernador de Oaxaca-, los llamados “disidentes” del sindicato magisterial, sí, esos cuya meta no es enseñar a los niños buena educación, sino dogmatizarlos en el marxismo que les fue enseñado en las deficientes escuelas normales, especialmente las que operan en el sur de la República.

El mejor remedio contra estas mafiosas cotas de poder magisterial está en la competencia, en abrir los mercados educativos a nuevos competidores, a nuevos colegios que enseñen, que no dogmaticen y flojeen.

Mejorar la eficiencia en cualquier mercado pasa por la competencia, y el sector educativo no es la excepción.

Ojalá aprendamos de las experiencias internacionales; ó somos competentes, por la vía de más competencia, ó la ausencia de la misma nos convierte en profesionales incompetentes. No hay de otra.

• Competencia • Problemas económicos de México • Buscadores de rentas • Sindicatos • Monopolios

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