Jaque Mate
Ago 18, 2011
Sergio Sarmiento

Mas allá del catarrito

Quien piensa que la turbulencia en los mercados financieros del mundo no va a afectar a México, debe ir cambiando de opinión.

Quien piensa que la turbulencia en los mercados financieros del mundo no va a afectar a México, debe ir cambiando de opinión.

Llevamos dos semanas en que los mercados financieros han registrado pérdidas constantes y han borrado cientos de miles de millones de dólares –quizá billones-- de los ahorros del mundo. Es posible que después de algún tiempo pueda haber una recuperación bursátil. Después de los desplomes de 2008 y 2009, cuando nadie pensaba en un repunte, los mercados se levantaron con fuerza. Pero el problema detrás de las crisis del 2008-2009 y el 2011 es realmente de fondo.

Estados Unidos tiene un déficit de presupuesto enorme, superior al 10 por ciento del producto interno bruto, lo que significa que el 43 por ciento de los egresos del gobierno estadounidense deben ser compensados con nueva deuda pública. Ningún país del mundo puede mantener esta situación de forma indefinida. Tarde o temprano el gobierno de Estados Unidos deberá encontrar una solución real a su gasto deficitario. Elevar el tope de deuda, como hicieron sus políticos el pasado 2 de agosto, no es suficiente.

Europa se enfrenta a problemas distintos pero igualmente complicados. Si bien Alemania mantiene una economía boyante y vigorosa, Grecia, Irlanda, Portugal y España están con el agua hasta el cuello. La situación de Francia también se está deteriorando. Grecia ha tenido que ser rescatada ya dos veces y no hay ninguna razón para pensar que no habrá una tercera. Algunos especialistas piensan que Grecia debe dejar el euro para bien de Europa… y de los propios griegos. Mientras no lo haga, toda la zona del euro seguirá teniendo problemas.

El problema inmediato de Estados Unidos en este momento es la desaceleración. La idea de que el país podría lograr tasas de crecimiento cercanas al 3 por ciento en este 2011 y en el 2012 ha sido ya descartada. Hoy la previsión optimista es de una expansión de 1 por ciento, pero la pesimista es de una segunda recesión apenas tres años después de la anterior.

Para México ésta es una pésima noticia. Si bien el 2009 nos trajo la peor contracción desde 1932, con una caída de 6.1 por ciento del producto interno bruto como consecuencia de la recesión de 2008 en Estados Unidos, el 2010 aportó un sano rebote de 5.5 por ciento que nos hizo albergar esperanzas para el futuro de la economía nacional. Los exportadores mexicanos empezaron incluso a ganar participación de mercado frente a los chinos en el crucial mercado de la Unión Americana.

No podemos seguir pensando, sin embargo, que una pulmonía en Estados Unidos sólo nos traerá un catarrito. La dependencia que tenemos del mercado estadounidense puede ser positiva; en efecto, hizo posible la rápida recuperación del 2010. Pero de poco nos servirán los logros de los últimos 18 meses si nuestro principal mercado de exportación vuelve a caer en una recesión, o, peor aún, si mantiene en un estancamiento prolongado como ha ocurrido con Japón en las últimas dos décadas.



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