Aquelarre Económico
Sep 13, 2011
Manuel Suárez Mier

9/11 diez años después

La obsesión antiterrorista en Estados Unidos continuará por tiempo indefinido pues no es probable que el peligro de un nuevo ataque desaparezca en el futuro previsible, por lo que México debe reforzar sus esfuerzos para impedir con efectividad que se concrete la amenaza de un embate desde nuestro territorio.

Los medios de comunicación en EU están obnubilados con el aniversario de los ataques terroristas de hace una década, que arteramente asesinaron a más de tres mil personas en las Torres Gemelas de Nueva York –incluidos más de 30 paisanos-, e intentaron destruir el Pentágono y la Casa Blanca en la ciudad de Washington.

Este asunto, que afectó en forma devastadora a la potencia dominante, de inmediato se volvió un tema de enorme relevancia para el resto del mundo al plantearse la disyuntiva de si los países apoyaban a Estados Unidos en su terrible desgracia o a sus atacantes, cuya identidad se empezó a revelar en los días subsecuentes.

El gobierno de México, bajo el torpe liderazgo de Vicente Fox, perdió una gran oportunidad de expresar su solidario apoyo a nuestros vecinos en su desgracia, por telarañas patrioteras aconsejadas por uno de los aspirantes a político más ineptos que ha producido nuestro país, muy generoso por cierto en esta materia, el fallido delfín de Fox y a la sazón su secretario de Gobernación, Santiago Creel.

Las consecuencias negativas que se perfilaban en el horizonte para nuestro novel bloque comercial de América del Norte, eran ominosas al hacer una simple extrapolación de lo ocurrido en los primeros días después del ataque terrorista en los que radical y tajantemente se cerraron las puertas de acceso a los Estados Unidos.

Afortunadamente, áreas clave del sector público mexicano, como la financiera, de alta calidad profesional, mantuvieron estrecho contacto y asidua colaboración con sus contrapartes en EU y consiguieron que nuestros enormes y crecientes flujos comerciales se mantuvieran, en esencia, inmunes a los mayores obstáculos.

El principal problema de esta década es que, a diferencia de todos los conflictos bélicos en los que se ha involucrado EU en su historia, la guerra contra los terroristas no es ganable en términos concretos y bien definidos, por lo que no es un capítulo de su historia que se pueda archivar y superar.

Los éxitos en este conflicto se miden de manera oblicua por lo que no ha ocurrido. Así, las fuerzas de seguridad e “inteligencia” alardean que no ha habido nuevos ataques como los que tumbaron a las torres gemelas, dañaron al Pentágono e intentaron destruir la Casa Blanca, aunque no se le ha informado a la ciudadanía si ha habido intentos concretos y probados de recrearlos.

En estos diez años se han exacerbado las medidas que pretenden elevar la seguridad nacional de EU, o por lo menos dar la impresión de que se está haciendo algo aunque sea completamente inútil, como exigirle a todos los pasajeros de aeronaves, independientemente de su edad, género y circunstancia, que se quiten los zapatos en los retenes de seguridad de los aeropuertos.

Los costos económicos directos que se consumen en la seguridad nacional de EU son estratosféricos. Sólo el presupuesto anual en defensa y seguridad doméstica supera los 1,000,000 millones de dólares, y ello no toma en cuenta los gastos adicionales en los que incurren otras entidades y niveles de gobierno.

Hasta ahora hemos tenido la enorme suerte de que no haya habido un solo incidente probado que involucre intentos terroristas accediendo a EU desde la frontera con nuestro país, pues las consecuencias de tal eventualidad serían desastrosas, aunque regularmente se publican historias promovidas por fanáticos de derecha extrema que afirman lo contrario.

Una posible explicación de la obsesión de los estadounidenses en conmemorar este aniversario, completamente desproporcionado en comparación con el décimo aniversario del sorpresivo bombardeo japonés de la flota americana en Pearl Harbor en 1941 que obligó a EU a entrar en la Segunda Guerra Mundial, se encuentra justamente en que este conflicto no tiene un final plausible y definitivo.

Por fortuna, los más ominosos pronósticos que se hicieron inmediatamente después del 9/11 sobre la inminente reversión de los procesos de globalización que han generado tanta riqueza y crecimiento para una parte importante de la humanidad, no se concretaron, aunque un buen número de ultranacionalistas en EU sigue propugnando por el regreso a la autarquía y a su aislamiento del resto del mundo.

Me temo que esta obsesión antiterrorista en Estados Unidos continuará por tiempo indefinido pues no es probable que el peligro de un nuevo ataque desaparezca en el futuro previsible, por lo que México debe reforzar sus esfuerzos para impedir con efectividad que se concrete la amenaza de un embate desde nuestro territorio. 



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