MARTES, 13 DE DICIEMBRE DE 2011
Los titiriteros

¿Se debe utilizar una parte de las reservas del Banco de México para financiar la reconstrucción?
No
No sé



“Existe una tiranía en el vientre de cada utopía.”
Bertrand de Jouvenel

Juan Pablo Roiz









“¿Lograrán los titiriteros el milagro?, ya veremos.”


Un personaje fabricado desde la suela de los zapatos hasta la punta del copete. Anodino. Programado para ser el ariete que permita el regreso del PRI a Los Pinos.

Levanta suspiros no sólo entre las señoras acarreadas que le gritan bochornosas invitaciones para un hipotético intercambio de fluidos corporales (a ese “bombón” lo quieren en su colchón), sino también entre conspicuos personajes de la vieja guardia priísta de todos los colores y sabores, entre algunos negociantes que están apostado su resto a la restauración de los viejos modos de la connivencia entre gobierno y magnates, entre jóvenes ambiciosos ávidos de subirse al mismo tren del progreso ordenado y sumiso que fue el PRI, al mismo tren en el que viajaron padres o tíos, tal vez abuelos.

Suspiros y anhelos.

Habrá quien diga que el producto Enrique Peña Nieto es un producto ganador, de diseño controlado. Puede ser. Lo que queda claro, en todo caso, es que Peña es lo que han hecho de él sus artífices. Un títere que obedece a varios titiriteros.

Por lo pronto están los titiriteros obvios: el tío Montiel (que confía llegar por intermedio del ahijado a la silla grande), los tíos mexiquenses, disciplinados, viejos zorros, de estómago aguantador a prueba de sapos, de espalda flexible, de maneras estudiadas y repetidas hasta el hartazgo (“mi hermano, ahí te encargo el asunto, como si fuese cosa tuya”), sobrevivientes de mil intrigas, han dado y recibidas puñaladas con la sonrisa en los labios, han medrado aquí y allá. Otro titiritero evidente es la televisora del canal de las estrellas que casi lo tiene apalabrado como estrella exclusiva. Y hay más, de todo tamaño y ambición. La cosa es regresar. La cosa es volver a saborear las mieles del presupuesto federal, la voz de mando, lograr que las puertas se abran mágicamente a tu paso, que suceda sólo lo que nosotros deseamos que suceda, nada de sorpresitas, que todo tu mundo funcione como relojito. Es el poder. La vitamina “P”.

Por supuesto, los títeres no leen, no está en su diseño. Podrían creerse autónomos y salirse del guión. Las lecturas son peligrosas, las lecturas te hacen libre, las lecturas te permiten imaginar mundos y modos diferentes. Los lectores no sirven para campeones en esta mercadotecnia del éxito, los lectores están para formar parte de las infanterías y que se pongan a escribir bonito el guión que les dictemos para que el títere lo recite (hay que reconocer que en esto de la declamación nuestro muchacho necesita más entrenamiento, debiera aprenderle a Josefina Vázquez Mota algo de la capacidad de improvisación de discursos para toda ocasión y para todo auditorio que tiene la señora), y si osan escribir o pensar por su cuenta, a la calle, a las tinieblas, al llanto y el crujir de dientes de los perdedores indisciplinados.

Pobres titiriteros, ¡qué de fatigas y apuros habrán de pasar de ahora hasta la fecha clave de las elecciones!, más de seis largos meses de sobresaltos, de cuidados extremos para que el títere no vuelva a tropezar, para que no llegue algún impertinente y le pregunte cosas incómodas (y a estas alturas, y dada la vacuidad del personaje fabricado, casi cualquier cosa es peligrosa, los libros, los datos del salario mínimo, los precios de las tortillas o la geografía elemental), habrá que hacer prodigios para evitar los debates o para acotarlos a tal grado que el producto no vuelva a fallar.

¿Lograrán los titiriteros el milagro?, ya veremos. Es la lucha prodigiosa de los montones de dinero contra todo aquello que el dinero no puede comprar. Me recuerda el caso de aquellos equipos deportivos multimillonarios, diseñados para ser campeones, que contratan a cualquier precio a los mejores jugadores del mundo, a los entrenadores precedidos de gran fama. Y sin embargo ni con eso se garantizan las victorias. Nos vamos a divertir como espectadores.


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