MARTES, 14 DE MARZO DE 2006
Competitividad y monopolios

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“Competir está muy difícil, pues los costos fijos son altos y los burocráticos altísimos, por ello sólo competimos con mano de obra barata y con localización geográfica.”


En los últimos días analistas, autoridades y alguno que otro empresario han sacado del cajón una de las verdades más añejas de los problemas de la economía mexicana: Los monopolios son causa del atraso económico del país y por supuesto son parte de la baja competitividad de nuestra economía.

 

Y como de costumbre la feria de opiniones empieza, unas sensatas otras disparatadas, pero ya no hay más diagnostico que hacer. Los monopolios, públicos o privados, hacen daño a la economía de todos los mexicanos y la autoridad no ha hecho nada para limitarlos. Y la defensa empieza por el lado técnico de que no existen dichos monopolios, es simple concentración o dominancia pues hay varias empresas que prestan los servicios o por el legal está en la constitución que existen monopolios reservados al estado. La verdad es que da igual, los daños al bienestar de los mexicanos son evidentes, pagamos altas tarifas por la energía eléctrica y además pagamos altos impuestos para cubrir los subsidios de estas, es decir un costo altísimo por energía mala, un servicio deficiente. ¿Dónde esta el problema?, pues en que tanto CFE como LyFC cargan pasivos laborales absurdos, no tienen poder de negociación con sus sindicatos, arrastran tecnologías ancestrales y no podemos escoger otra compañía a cuál comprarle la electricidad. Esto es muy simple, cualquier mexicano paga más por la electricidad que sus vecinos y por tanto tener energía como insumo nos hace menos competitivos por la mala calidad y el alto precio, por no hablar de las distorsiones impositivas.

 

Por el lado de PEMEX las cosas empeoran, los precios de los derivados del petróleo son carísimos, no los podemos comprar a a nadie más, ni si quiera importarlos, su disponibilidad es baja, su calidad es mala, la empresa se está cayendo a pedazos, su empleados roban, sus franquiciatarios roban, y el resultado es desolador, altos costos para las empresas y los consumidores, la descapitalización sistemática de la empresa y una vaca de efectivo que no permite ver la realidad de que en México el gobierno se gasta la riqueza petrolera y no se hace un esfuerzo fiscal importante para recaudar, es decir, es más fácil ordenar a la vaca que cobrarle impuestos a los mexicanos que no los pagan. Pero el caso está claro: El gobierno mete demasiado las manos en la economía, elimina la competencia y nos afecta a todos, al amparo de una Constitución caduca.

 

Por el lado privado, la dominancia, que no monopolios, se transforma en una de las tarifas de telefonía fija y de celular más caras del mundo, a pesar de no haber subido en años, pues en todo el mundo los costos de las comunicaciones telefónicas van a la baja tanto por los adelantos tecnológicos como por el lado de competencia. Los competidores en telefonía fija son casi inexistentes y se concentran más en lado de la telefonía IP que los de la telefonía tradicional, lo que sería bueno para los negocios pero no hay ninguna compañía de presencia nacional más que el dominante. Por el lado celular, entre todos los competidores no representan ni el 20% de las líneas del grandote y por tanto el que pone las reglas es aquel, pues las autoridades no hacen nada por limitarlo, alegan no tener dientes para morder y en su defecto si algo llegan a hacer se pierde el sistema de justicia que se da cuenta que estas autoridades son cortinas de humo pues hay defectos en su constitución o en sus facultades o en sus procedimientos pero entonces no se puede hacer nada. El costo: menos competitividad para las empresas mexicanas.

 

Lo mismo pasa en otro servicios, como en los bancarios, donde hay opciones pero todas caras y dominancia clara de dos grandes bancos que se llevan no la rebana sino el pastel completo y le dejan a los otros la rebanada. En el cemento, el acero, el trasporte ferroviario, los viaje aéreos, el pan, la televisión de paga, la televisión abierta, las cadenas comerciales, en todos estos casos la competencia ha cedido el paso a la concentración y la dominancia, en algunos de estos es claro que las estrategias y la eficiencia han sacado competidores, pero en muchos otros ha sido la complicidad y la complacencia, cuando no la indolencia de las autoridades lo que ha provocado tal poder en pocas manos. Para el resto de los mexicanos competir está muy difícil, pues los costos fijos son altos y los burocráticos altísimos, por ello sólo competimos con mano de obra barata y con localización geográfica, es decir, sí soy mas caro pero estoy más cerca.


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