LUNES, 27 DE FEBRERO DE 2012
Si las políticas públicas no caminan bien…

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“El gran triunfo del liberalismo es lo que ha logrado en relación a la limitación del poder.”
Guillermo Cabieses

Godofredo Rivera







“Si las cosas no caminan bien en políticas públicas, exploremos primero a los mercados y luego al Estado.”


El Presidente Calderón (lo que incluye a los actuales candidatos a la presidencia) y la abrumadora mayoría de los políticos en el Congreso creen en las siguientes falacias:

Si las cosas no caminan bien en el terreno de la salud, entonces construyamos más hospitales y contratemos más médicos y enfermeras. Si las cosas no caminan bien en la educación, entonces construyamos más escuelas, asignemos más presupuesto educativo, construyamos más universidades y hagamos obligatoria la educación preparatoria. Si las cosas no caminan bien con la pobreza, entonces aprobemos más presupuesto y expandamos la burocracia que atienda a los pobres. Si las cosas no caminan bien con el sistema carcelario, entonces construyamos más cárceles, contratemos más policías y celadores. Si las cosas no camina bien…

Las anteriores falacias de política pública se deberían traducir en una y sólo una expresión: si las cosas no caminan bien, entonces expandamos el tamaño del gobierno y reduzcamos el del mercado.

No señores del gobierno, así no es la cosa. Deberían revisar un poco más la literatura económica antes de seguir con sandeces y exacerbar el estatismo tan costoso para la sociedad. Deberían conocer y saber que los mercados operan bien cuando los incentivos son adecuados, y en ello la calidad de operación suele ser muchísimo mayor (y a menor costo) que con la que opera el mismísimo Estado. Para solucionar muchos de los problemas de política pública que aquejan al país, diseñemos los incentivos adecuados y no nos vayamos con la arrogancia costosa del intervencionismo gubernamental.

Corrijo las falacias anteriores.

Si las cosas no caminan bien en el terreno de la salud, no construyamos más hospitales que luego ni terminan de construir, o en el mejor de los casos, si los terminan de construir, jamás operarán con eficiencia por no contar con medicinas suficientes y médicos y enfermeras competentes, jamás operarán con eficiencia porque simple y sencillamente no se venden al mercado (el incentivo principal de los hospitales de gobierno es el del chambismo, la grilla sindical, cobrar la quincena, jubilarse; la calidad jamás será el principal objetivo a seguir, pues simplemente los presupuestos hospitalarios están garantizados haya o no calidad, en donde no hay competencia, hay incompetencia). Si las cosas no caminan bien en la salud dejemos que los mercados y la competencia operen, establezcamos cuentas individuales de salud (para los más pobres siempre será mejor un voucher médico -para atenderse en una clínica privada- que los miles de millones de pesos que año con año se gastan en mantener a las burocracias hospitalarias), incentivemos los seguros médicos privados, dejemos que las empresas elijan libremente a la clínica de su preferencia, terminemos con los monopolios ineficientes y quebrados como IMSS e ISSSTE.

Si las cosas no caminan bien en la educación, entonces dejemos que los mercados y la competencia operen, dejemos que sean los padres de familia los que elijan la escuela en donde estudiarán sus hijos; que el gobierno provea educación básica (subsidios a la demanda, no a la oferta), pero que no la produzca y opere (escuelas privadas para niños pobres, colegios independientes que fijen sus planes y programas de estudio). Si las cosas no caminan bien en educación, no asignemos más y más presupuesto que sólo engorda a la burocrática, costosísima, inútil y gigantesca SEP, así como al corrupto y oneroso sindicato (SNTE). Si las cosas no caminan bien en la educación, dejemos que sea la competencia y no la incompetencia, mala calidad y corrupción magisterial las que se impongan.

Si las cosas no caminan bien con la pobreza, cambiemos las leyes para atraer más inversión, cambiemos los obsoletos artículos 27 y 28 que sólo protegen a los monopolios ineficientes y costosos de la energía, abramos a la inversión privada nacional y extranjera a toda la industria petrolera, a la petroquímica, a la producción de gas, gasolina, diesel, combustóleo y electricidad. Cambiemos la obsoleta Ley Federal del Trabajo que sólo inhibe la creación de empleos y protege a los corruptos sindicatos, en especial a los del gobierno. Si las cosas no caminan bien con la pobreza, evitemos gastar y gastar más en pobreza, ello sólo la incentiva, démosle prioridad a que el “pastel” crezca y no a su repartición. Si las cosas no caminan bien en pobreza la clave es el crecimiento económico, no la redistribución del ingreso mediante impuestos altos que sólo expolian a los contribuyentes y castigan la generación de riqueza. Si las cosas no caminan bien con la pobreza hagamos una enorme simplificación de trámites para hacer negocios, cortemos burocracia costosa e inútil y bajemos los impuestos. Si las cosas no caminan bien con la pobreza, diseñemos leyes para que la competencia se intensifique en todos los sectores de la economía, derribemos todas las barreras a la entrada de los mercados. Si las cosas no caminan bien con la pobreza démosle prioridad a enseñar a pescar y no al mero regalo de peces.

Si las cosas no caminan bien con el sistema carcelario mexicano (cosa bien sabida pero que se hizo evidente la semana pasada con la fuga de reos y los horrendos crímenes en un penal en Nuevo León), primero perfeccionemos nuestro Estado de Derecho, demos auténtica autonomía a jueces y magistrados respecto de los gobiernos estatales, evitemos castigar por igual a crímenes cuya naturaleza es distinta. Jamás será igual un narco (intercambia droga por dinero, cuando exclusivamente se dedica a eso) que criminales que sólo despojan (un ladrón, un estafador, un secuestrador). Si las cosas no caminan bien en el sistema carcelario mexicano, cambiemos los incentivos perversos con los que funcionan, abramos cárceles pero con la condición de ser operadas por particulares que rindan cuentas, dejemos al Estado proveer las penas y castigos, pero sin operar las cárceles (el Estado no se retira de su obligación de impartir justicia como los ignorantes creen, pues financia pero no opera el sistema carcelario, y mantiene el monopolio de las sanciones). Sólo hay que ver la mayor eficiencia (mayor calidad a menor costo) con que operan las cárceles privadas en EU respecto de sus contrapartes estatales (en el mismo país). Si las cosas no funcionan en el sistema carcelario mexicano cambiemos los incentivos, eliminemos los monopolios carcelarios estatales que no rinden cuentas y pasemos a un escenario de agencia-principal, en donde el gobierno firma un contrato con un particular con condiciones especificas de operación, en donde si no se cumplen las especificaciones se cambia de operador; esa figura es muy superior a seguir construyendo penales sin ton y son, a estar simplemente cambiando de alcaides y celadores que luego vuelven a corromperse.

Si las cosas no caminan bien…

Si las cosas no caminan bien en las políticas públicas demos prioridad a la calidad que a la cantidad. Si las cosas no caminan bien en las políticas públicas, reduzcamos el tamaño del gobierno y hagamos énfasis en su calidad de operación, no en su tamaño per se.

Si las cosas no caminan bien en políticas públicas, exploremos primero a los mercados y luego al Estado.


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