Práctica económica
Mar 17, 2006
Juan Carlos Leal

Los costos de la imprudencia

Más de un foco rojo se puso en encendido de aquí al dos de julio y los inversionistas estarán más que alertas a cualquier declaración de esta naturaleza.

La estabilidad económica de México pende de un hilo, o mejor dicho de una lengua; basta un enojo del candidato puntero para hacer que los mercados tiemblen, que los bancos reaccionen con estupor y muchos mexicanos empiecen ese largo camino hacia abajo, recorrido en muchos cambios de gobierno, los dueños de los capitales se asustan y se van, las inversiones se paralizan, una larga lista de etcéteras que reducen nuestro nivel de vida, por la amenaza de un gobierno que no va a respetar las reglas básicas de la economía y se puede parecer a los de la nueva izquierda latinoamericana: autoritarios, estatizantes, caprichosos y nada transparentes.

 

Por todo ello cuando un aspirante a la presidencia critica a su rival diciendo que está atado de manos por recibir apoyo de bancos y que éstos van a cobrarle la factura, pero agrega que los bancos y los empresarios han empobrecido al país, por cierto sin ningún fundamento, sino como una simple ocurrencia para entretener a sus seguidores, haciéndose él mismo victima de los bancos. Es lógico que la reacción sea un caída en la bolsa y una depreciación de la moneda, siendo el  puntero de las encuestas. Los acontecimientos siguientes son del todo oscuros. Su asesor económico ha de haber leído esto con la misma visión que el que escribe pues al otro día salió el candidato a aclarar las cosas, pero para qué queremos aclaraciones como “no me voy a vengar de nadie”, voy a trabajar con los bancos, pero no los voy a tomar en cuenta. Pero lo que queda claro es que los mercados están nerviosos, por más que la alta burocracia del país salga y diga que se trata de correcciones técnicas o que es un fenómeno de mercado. Lo que queda claro es que más de un foco rojo se puso en encendido de aquí al dos de julio y los inversionistas estarán más que alertas a cualquier declaración de esta naturaleza.

 

Por ello, llama la atención la cantidad de contradicciones en las que caen el asesor de López y López, pues cuando uno pone nerviosos a los inversionistas el otro va a los foros a decir que no es así exactamente, que van a trabajar con el sector privado, que son bienvenidos los empresarios, que se hará todo lo que permita la constitución, que no hay por qué tener miedo. Pero estos desmentidos aumentan cada día de la campaña, en los que el candidato se siente seguro ganador y da instrucción y visiones de cómo será su gobierno, y los sindicatos cercanos a él, quizá los más perniciosos del país, como el de telefonistas o el del IMSS, salen a la calle a defender delincuentes y retar al gobierno para que haga su santa voluntad.

 

El panorama no es nada claro, la irresponsabilidad se liga aquí con el radicalismo que están mostrando los grupos cercanos al candidato López, y por más aclaraciones de Rogelio Ramírez de la O, los inversionistas no van a estar tranquilos, así que nos esperan días de un volatilidad no vista desde nuestra última crisis hace ya más de 10 años. Y es que si bien la estabilidad no es una garantía para el crecimiento, sin ella no es posible conseguirlo.

Para colmo la negativa a debatir o a exponer sus ideas en foros, especialmente ligados a empresarios o financieros, provoca más de una sospecha, pues ha llamado ratoneras a estos foros pero no expone nada a menos que sean foros organizados por su propia gente con públicos ad hoc que le aplaudan sus ocurrencias y que no están dispuestos a escuchar a los demás candidatos. Si así son en campaña, imagíneselos en gobierno. Esta claro que la campaña en su conjunto carece de ideas, pero es más claro aún que hay candidatos que temen contratarlas porque se trata de ocurrencias irrealizables que pueden conseguir votos pero no inversiones, ni resisten el menor análisis.

 

El más claro ejemplo es reducir los salarios de la alta burocracia a la mitad y destinar estos dineros a pago de pensiones, pues no alcanza para nada, pues este gasto es sólo el uno por ciento del gasto en servicios personales, se trata de 2,800 mandos. De tal forma que el monto destinado para este gasto es de 5,000 millones de pesos al año, o sea que con 2,500 millones de pesos que se ahorrarían se podrían pagar 250 mil pensiones para adultos mayores de los 8 millones que serian candidatos a recibirla. De dónde van a salir los otros 77,500 millones, cuando todo el gasto por servicios personales del gobierno federal apenas llega a los 592 mil millones. Esos parecen ser los límites de la austeridad republicana.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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