LUNES, 20 DE MARZO DE 2006
¿Y el debate?

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“El gran triunfo del liberalismo es lo que ha logrado en relación a la limitación del poder.”
Guillermo Cabieses

Cristina Massa







“Ninguno, ni Madrazo, ni Calderón, ni López Obrador, están interesados en hacer el verdadero debate.”


Con la colaboración de Edgar Moreno

 

La contienda por la presidencia de la República ha sido pobre en términos de propuestas. Los candidatos que aspiran a llegar a Los Pinos, poco se han preocupado por elaborar una discusión seria en torno a los problemas que vive el país. Ante la renuencia de Andrés Manuel López Obrador por participar en un debate, todos han alzado la bandera de la exposición y deliberación de ideas para que el elector tome su decisión; sin embargo, es claro que tal debate no es sino un foro deseable, didáctico quizás, pero nunca el único ni el mejor para informar a la ciudadanía y contrastar las diferencias que existen entre las alternativas que se confrontan por la presidencia. Siendo serios, el debate público, el verdadero debate, el exponer y confrontar ideas, puede surgir con o sin “el debate” en el formato que se discute. Ninguno, ni Madrazo, ni Calderón, ni López Obrador, están interesados en hacerlo.

 

La discusión en torno a la organización de un debate, donde en un mismo foro todos los candidatos se encuentren ante los medios, obligados a exponer y debatir sus ideas, no es sino la estrategia electoral de los que no han logrado incrementar sus apoyos electorales por otros medios. La renuencia de Andrés Manuel no es sino la extensión de este razonamiento estratégico, donde el puntero tiene mucho que perder y muy poco que ganar.

 

Hay aquí un problema de fondo. Por qué podríamos esperar que los candidatos se preocuparan por proponer lo posible y no lo deseable. Las campañas electorales en México y el mundo se organizan en torno a promesas -cuyo único límite es el debate. De nuevo, no nos referimos aquí al foro donde todos se unen a deliberar, porque, entre otras cosas eso nunca sucede. López Obrador podrá salir adelante con o sin agilidad y audacia intelectual, no la necesita, su discurso no es falseable, pero como el suyo el del resto de los candidatos.

 

El problema de fondo es que el único límite real de las promesas es la capacidad de elaborar respuestas que, fundamentadas en la realidad, den al elector la justa medida de las cosas. Si bien todos los políticos tienden a mentir mientras prometen, es igualmente cierto que si todos lo hacen y se desenmascaran, los efectos de la manipulación tenderán a anularse. Pero esto sólo puede afirmarlo quien confía en el elector mexicano, que parece ser el más vilipendiado y subestimado en esta contienda. Ninguno de los candidatos repara en la viabilidad de sus propuestas, pero qué candidato, en qué lugar del mundo lo haría, a menos que se viera exigido a ello. El tan pobre nivel de la contienda no es el de la ciudadanía, pero sí es el que los candidatos le otorgan.

 

Andrés Manuel propone lo imposible, ofrece reformas que ni tendría el poder de instrumentar ni la voluntad para hacerlo, pero, sin embargo, venden. Madrazo se ha enfrascado en proponer una legalidad que nadie cree que haya respetado un solo día de su vida. Calderón juega a ser un candidato popular, cercano a la gente con la que no ha convivido jamás.

 

Y sirva no sólo como crítica, incluso como recomendación estratégica. Ninguna campaña es más fácil de desenmascarar que la que se construye con mentiras. De ciudadano a ciudadano: los políticos que hoy contienden por la presidencia tienen un pasado, ninguno es un político improvisado, los tres son o han sido burócratas de sus partidos. Que debatan, con o sin, el debate.

 

La voluntad de cumplir las promesas que hacen puede ser contrastada con lo que han hecho; la capacidad que tendrían no es sino la que han tenido los presidentes mexicanos desde 1997. El gobierno dividido se confirmará en 2006 y el futuro presidente deberá lidiar con ello. Votemos por quien mejor nos convenga, en lo individual si se quiere, pero que se haga porque se tiene la certeza de que será por un representante y no uno más de los tantos que han usurpado el poder en su beneficio.


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