LUNES, 23 DE JULIO DE 2012
Las penurias y tribulaciones de un mercader del conflicto

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“El gran triunfo del liberalismo es lo que ha logrado en relación a la limitación del poder.”
Guillermo Cabieses

Fernando Amerlinck







“Ya no fui yo la víctima de una pesadilla sino su testigo. Ahora presencié el diálogo interno de un doliente perdedor que no sabía cómo hacer creíble a sus seguidores que —de nuevo— perdió.”


Ya no fui yo la víctima de una pesadilla sino su testigo. Presencié el diálogo interno de un doliente perdedor que no sabía cómo hacer creíble a sus seguidores que —de nuevo— perdió. Y el perder frustra las ilusiones de triunfo de sus partidarios, algunos muy fanatizados: no pueden admitir tal posibilidad. No aceptan posibilidades imposibles.

Solo él ante su conciencia (si tiene tal cosa, pues uno nunca sabe) se veía solitario, huraño, esquivo, adusto, retraído como un eremita y áspero como siempre; angustiado, nostalgioso, preocupado, inquieto y tenso bajo la luz precaria de una vela de sebo, ante un espejo oscuro y negro, rodeado de una tórrida humedad. Hasta lástima me dio: trataba de memorizar las enseñanzas de su preclaro maestro Nefastóteles, nociones eternas que no había podido aún asimilar cabalmente, a pesar sus 18 años de arduos estudios en la Universidad Tropical Autónoma de Macustitlán (UTAM). No bastó que el mismísimo maestro le dedicara su libro Ética a Macaco o Ética Macaquea. Decía el doliente:

“¿Y ahora qué voy a hacer? ¡No puedo revelar a nadie lo que ya sé: que perdí! La derrota no forma parte de mi vocabulario; esas pulgas no brincan en mi petate. ¿Perder yo? ¡Imposible! Yo nací para redentor del pueblo bueno. ¿Cómo voy a decir que perdí, yo tan importante, tan especial, tan único, tan predestinado al triunfo, tan elegido por el destino, tan diferente de los demás, yo el misionero del cambio verdadero? Yo, víctima nuevamente de la insidia de los votos masoquistas y corruptos y comprados, víctima de la manipulación televisiva y atacado por los grandes empresarios que no están con mi proyecto (excepto ese gigantesco empresario que sí está con mi proyecto).

“Víctima del fraude, que aunque no lo haya habido, es un fraude de las conciencias porque ¿apoco no es fraude contra la patria el masoquismo? ¿Qué no es un fraude contra la redención votar a favor de nuestros adversarios? ¿No es fraude contra la patria preferir más de lo mismo? ¿No es fraude el voto libre y secreto, y contar bien las actas, si tantos votos son por la canija corrupción? ¡Y resulta de que llaman democracia a votar así!

“No, no puedo darme por vencido y no revelaré a nadie de que estoy teniendo esta conversación ante ese miserable espejo oscuro ante el que confieso mi penosa situación de que me ganaron. ¡Jamás! Aunque yo no hubiera sido candidato, de todas maneras me estarían defraudando todos esos jijos. Aunque me hubieran ganado por 30 millones de votos, de todas maneras yo habría sido el triunfador, porque eso no es democracia, por más voto libre y secreto y por más que cuenten voto por voto y casilla por casilla y acta por acta y por más que la ley diga lo que sea. No hago caso de razones porque yo tengo la razón. No hay más ley que la voz del pueblo. Lo demás es corrupción.”

En ese discurso se llevó como dos horas, porque el pobre hablaba tan despacito como lento era su pensamiento. Y se quedó como pasmado por más de tres horas, contemplando el espejo negro, extasiado ante la profundidad histórica del rencor antiguo, el dolor de la Conquista, el perder la mitad más grande, el dolor del fracaso, los amplios veneros del resentimiento, el absurdo de tener que levantar una piedra que se le caía y caía y al grito de ¡fraude! volver a levantarla por toda la eternidá. Y entonces se le apareció en el espejo un mentor suyo a quien él mucho admira porque defendió a su patria como perro:

“Los macuspanos nos hemos visto en el espejo negro de Tezcatlipoca. Todo nuestro fatalismo desgarrante emergió, suspicaz y autodestructivo… La Malinche salió a aullar, pidiendo sacrificios humanos para apaciguar al dios del fraude”.

Y fue entonces que reaccionó resueltamente. Conforme a sus raíces, el penitente de sus fracasos decidió ser fiel a sí mismo, no traicionar sus rencores ni cambiar de cara o de piel, de estilo o de métodos. Y con algo parecido al entusiasmo, tomó otra hora para más o menos articular el parlamento que sigue (de nuevo corrijo la gramática, la prosodia, la pronunciación, la ortografía y las pausas):

“No voy a reconocer nada a estos malditos, y mal rayo los parta. ¡Los voy a mandar al diablo! Sin decirlo así, porque luego me malinterpretan, pero voy a reventar sus institutos y juzgados. Toda mi vida he vivido del conflicto y no conozco otra forma de actuar. Mi política es la división, porque solo así puedo reinar como el salvador que estoy destinado a ser. En estos años he conocido todos los rincones del país, y he pasado meses en los gobernados por fuerzas armadas no oficiales, sean éstas delincuenciales o encapuchadas. No voy a desperdiciar mis contactos allí y en todas partes. No voy a dejar mis redes de pretorianos porque para eso cultivé a mucho más de 132 incondicionales. No voy a tirar los dinerales con que me han financiado tanto esfuerzo por la patria. Y no me voy a entretener llevando cuentas de más de mil millones invertidos en la salvación nacional ni pagando impuestos al enemigo.

“No, no voy a actuar como mis adversarios. Ya lo decía mi antiguo maestro: ‘Obedeceremos la ley siempre y sin ninguna excepción, excepto cuando la ley se oponga a nuestras nobles causas y a los medios que nos sirvan para alcanzarlos.’ En mi ambición personal por el poder siempre diré que no busco el poder por ambición personal sino por vocación de servicio. Todo medio violento e incivil será resistencia civil pacífica; toda venganza por los agravios recibidos será justicia.

“Y nunca jamás reconoceré como legítimo un triunfo de nuestros adversarios, porque siempre será fruto de la corrupción. Jamás me retiraré a mi finca de sonoro nombre. No me voy a detener. Toda mi vida he vivido del conflicto, de la división, de refrescar resentimientos, de llenar plazas con espontáneos, de denunciar complós y generar violencia pacífica y hacer mi propia legitimidad aunque mis enemigos digan que no es legal, y si nadie vota por mí peor para ellos porque siempre será por fraude y de plano si pretenden despeñarnos en el abismo de más de lo mismo no voy a contrariar a los que en vez de imposición legal quieran revolución violenta pero siempre por medios pacíficos dentro de la ley pero cuando la ley no esté contra el pueblo que necesita cambio verdadero porque soy su misionero y su apóstol redentor y encabezo un proyecto de salvación nacional que…

Su voz se difuminó y se fue perdiendo mientras se empañaba el negro espejo. Y fue entonces cuando dejé de presenciar la pesadilla de ese pobre hombre.

No se por qué, al despertarme, recordé una frase cuyo autor no conozco: “El resentimiento equivale a tomar veneno con el propósito de que se muera otro”. Y me preguntaba ¿quién será ese otro? ¿Acaso será mi país?


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