VIERNES, 10 DE AGOSTO DE 2012
Olimpiadas ¿modelo económico?

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“Los pobres nos facilitan el acceso al Cielo. Ya desde ahora son el tesoro de la Iglesia. Nos muestran la riqueza que no se devalúa nunca, la que une la Tierra y el Cielo, y por la que verdaderamente vale la pena vivir: el amor.”
Papa Francisco


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“Si el entorno socio económico de todos los países se apegara a los principios y ética olímpica, habría menos pobres, más libertades, menos regulaciones y mejor convivencia.”


Las olimpiadas dejan enseñanzas que de adoptarse en el entorno jurídico y económico de los países, generarían progreso, paz, justicia y seguridad.

En las olimpiadas se reúnen más de 200 países para competir pacíficamente bajo las mismas reglas, sin importar ideologías, color de la piel o creencias religiosas. El objetivo es buscar al mejor en cada rama del deporte. Todos ganan, hasta los perdedores, pues aprenden y comprenden que si entrenan más, pueden llegar a los primeros lugares.

Las olimpiadas enseñan que en la competencia se hacen amigos, hay diálogo y orden, debido a que las reglas se aplican a todos por igual. La justicia olímpica implica darle a cada quien según sus habilidades. Ningún juez o autoridad olímpica cuerda se atrevería a proponer que hay que quitarle puntos a los mejores para dárselos a los últimos lugares en aras de la igualdad o manifestar que los que conquistaron el oro o la plata son responsables de los que no ganan nada.

Los entrenamientos no se clasifican como de derecha, izquierda, neoliberales, socialistas o capitalistas, sino entre los que dan resultados y los que no. Chinos entrenan a mexicanos, franceses a chinos y rumanos a norteamericanos. Se escogen a los mejores entrenadores, sin distinguir nacionalidad. Ninguna ley olímpica, en aras de proteger empleos nacionales, prohíbe importar entrenadores. Atrás de los triunfos hay años de preparación y sacrificios. No hay triunfadores improvisados. La mayoría sabe de lo que son capaces y reconocen la superioridad de quienes ganan. Hay admiración y no envidia hacia los exitosos. Se premia el esfuerzo individual y de equipos.

Las olimpiadas prueban que no hay razas superiores ni siempre los mismos países se llevan las mismas medallas de oro. Depende del entrenamiento y habilidades individuales de cada competidor y de la coordinación en los equipos. El entorno olímpico a la luz de los sistemas económicos es equiparable a un mercado competitivo, con reglas generales, sin privilegios, proteccionismos ni subsidios.

Si el entorno socio económico de todos los países se apegara a los principios y ética olímpica, habría menos pobres, más libertades, menos regulaciones y mejor convivencia.

• Liberalismo • Competencia

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