LUNES, 7 DE ENERO DE 2013
Gobierno, ¿A favor de quién?

La decisión de López Obrador de liberar al hijo del "Chapo" Guzmán recién capturado fue...
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El punto sobre la i
“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
H.L. Menken


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“¿A favor de quién está realmente el gobierno? Debería de estar, sin vacilaciones, a favor de los consumidores, lo cual supone estar a favor de la competencia sin restricciones, es decir, sin aranceles.”


Comienzo citando algunos hechos (ojo: hechos). 1) El problema económico de fondo es el de la escasez, es decir, el hecho de que no todo alcanza para todos, menos en las cantidades que cada uno quisiera, y mucho menos gratis, y a las pruebas me remito: ¿quién de mis lectores no tiene alguna necesidad, gusto, deseo o capricho insatisfecho, y cuántos de los que ya logró satisfacer resultaron gratis? 2) Una buena manera de paliar, que no de resolver, el problema de la escasez, es con precios bajos y la manera de reducir la escasez lo más posible es con precios lo más bajos posibles, y a las pruebas me remito: suponiendo constante el ingreso, a menores precios mayor consumo, y a mayor consumo menos escasez. 3) La única manera de lograr que los precios bajen es por medio de la competencia entre oferentes, y la única manera de que los precios bajen lo más posible es logrando, en todos los sectores de la actividad económica, y en  todos los mercados de la economía, la mayor competencia posible, y a las pruebas me remito: si un oferente quiere ganarle clientes a la competencia, ¿y qué oferente no quiere hacerlo?, una  buena manera de hacerlo es ofreciendo su producto a menor precio que su competidor. 4) Para que se logre la mayor competencia posible en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía, condición necesaria para que los precios bajen lo más posible, circunstancia indispensable para que se reduzca el problema de la escasez, se requiere que el gobierno permita que todo aquel, nacional o extranjero (lo que importa es la competencia, no la nacionalidad de los competidores) que quiera participar en algún mercado de la economía, o en algún sector de la actividad económica, lo pueda hacer, sin enfrentar ningún lastre u obstáculo impuesto por él, como lo son, un ejemplo entre muchos otros, los aranceles, que son los impuestos con los que el gobierno grava, sobre todo, las importaciones de mercancías, arancel que tiene como consecuencia, entre otras, el aumento en el precio del producto importado, lo cual agrava el problema de la escasez, reduciendo el bienestar de los consumidores, ¡todo gracias al arancel impuesto por el gobierno! Tales son los hechos (ojo: hechos).

Lo anterior viene a cuento porque al final del año pasado nos enteramos (véase Diario Oficial de la Federación, 31/12/2012) que, en contra de lo que originalmente se pactó el 24 de diciembre de 2008, no será este año, sino hasta el que entra, que se reducirá el arancel, del 25 al 20 por ciento, con el que el gobierno grava la importación de ciertas prendas de vestir y calzado, entre las que se encuentran: trajes, suéteres, pantalones, ropa interior, ropa para bebés, calcetería, trajes de baño, faldas, calzado de vestir, casual, deportivo, y sandalias, productos por los cuales los consumidores seguirnos pagando, por obra y gracias del arancel el 25 por ciento, un precio mayor del que pagaríamos si el arancel fuera del 20, lo cual, dado que agrava el problema de la escasez, reduce el bienestar de los consumidores, tratándose de una medida antieconómica, como lo es cualquiera que elimine, en el peor de los casos, o limite, en el menos malo, la competencia entre oferentes, sin importar su nacionalidad, momento de insistir: lo que importa es la competencia, no la nacionalidad de los competidores.

Dicho todo lo anterior, es momento de preguntar por qué, si el arancel atenta en contra del bienestar de los consumidores, el gobierno lo sigue cobrando. Muy sencillo: porque, hasta cierto punto, gracias al aumento en el precio del producto importado, consecuencia del cobro del arancel, se le otorga, a los productores nacionales, una protección contra las mercancías importadas que, sin el arancel, podrían ofrecerse a un precio menor en los mercados nacionales, es decir, podrían ofrecerse a un precio menor en comparación con los productos hechos en México. ¿De qué se trata? De mercantilismo puro y duro, es decir, del contubernio entre el poder económico de los productores nacionales y el poder político de los gobernantes, contubernio que, pese a la apertura comercial de la economía mexicana, que todavía deja mucho que desear, se concreta en medidas proteccionista, como lo son los aranceles, con los que se gravan las importaciones, proteccionismo que sigue vivito y coleando, tal y como lo muestran los 28 mil 082 millones de pesos que el gobierno recaudará este año por concepto de impuestos a las importaciones.

Continúo citando otros hecho (ojo: hechos). 1) La actividad económica terminal, aquella que le da sentido a todas las demás, y en función de la cual se realizan, es el consumo, y a las pruebas me remito: si nadie consumiera, lo cual supone la total y definitiva satisfacción de las necesidades, ¿tendría sentido seguir produciendo bienes y servicios? 2) Consumidores somos todos, desde el bebe recién nacido, que consume pañales, hasta el anciano a punto de morir que, muy probablemente, también consuma pañales. 3) El bienestar de la gente depende, no de la producción, sino del consumo, si bien es cierto que para consumir previamente hay que producir, pero el consumo es el fin y la producción el medio, y a las pruebas me remito: ¿tendría sentido producir mercancías si nadie las demandara para consumirlas? 4) Si el consumo es el fin y la producción el medio, entonces el medio (la producción) debe estar en función del fin (el consumo), y no al revés. 5) El mercantilismo, en general, y el proteccionismo, en particular, hasta cierto punto (ojo: hasta cierto punto), invierten el orden natural de las cosas, y ponen al consumidor al servicio del productor, ya que gracias a las medidas proteccionistas, comenzando por los aranceles, el productor nacional puede cobrarle al consumidor un precio mayor del que podría cobrarle en ausencia del arancel, todo ello gracias a la protección que, por la vía del arancel, el gobierno le brinda al productor nacional, siempre a cargo del bienestar de los consumidores.

¿Por qué sigue habiendo medidas proteccionistas? De entrada porque los productores son pocos y los consumidores muchos, y es más fácil que se organicen, con el fin de defender sus intereses, los pocos que los muchos. Por ejemplo: existe la Cámara Nacional de la Industria del Vestido, que agrupa a los productores de prendas de vestir, pero no existe la Cámara Nacional de los Compradores del Vestido, que nos agrupe a los consumidores de prendas de vestir. De salida porque se sigue creyendo que la actividad económica terminal es la producción, en función de la cual deben girar todas lo demás, y a la cual se le deben todas las atenciones, todos los cuidados, sobre todo los cuidados y atenciones que puede prodigar el gobierno, tal y como es el caso de los aranceles, que en México siguen siendo uso y costumbre y clara muestra de lo mucho que falta para tener verdadero libre comercio.

Al llegar al tema del comercio exterior, ¿a favor de quién está realmente el gobierno? Debería de estar, sin vacilaciones, a favor de los consumidores, lo cual supone estar a favor de la competencia sin restricciones, es decir, sin aranceles.

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