LUNES, 18 DE FEBRERO DE 2013
Comentando a Ratzinger (dedicado a nuestros legisladores)

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“El gran triunfo del liberalismo es lo que ha logrado en relación a la limitación del poder.”
Guillermo Cabieses

Arturo Damm







“El guardián de la fe católica resulta más liberal, en el sentido clásico del término, que el defensor del pensamiento liberal secular, razón por la cual vale la pena rescatar algunas de las ideas de Ratzinger, con la esperanza de que nuestros políticos, en general, y nuestros legisladores, en particular, las atiendan.”


Además de Papa, con el nombre Benedicto XVI, Joseph Ratzinger ha sido un intelectual, entendiendo por tal aquel que participa en el debate público, expresando su opinión con relación a los temas relevantes del momento, que pueden ir desde el origen de las recientes crisis económicas (que muchos equivocadamente identifican en lo que llaman capitalismo desregulado), hasta las posibles consecuencias de la clonación de seres humanos (que hacen de la persona, tal y como lo apunta Ratzinger, un producto, es decir: un ser producido no engendrado).

Buena muestra del Ratzinger intelectual la tenemos en su participación, al lado de Juergen Habermas, en Entre razón y religión: dialéctica de la secularización, un pequeño libro, editado en el 2008 por el Fondo de Cultura Económica y Cenzontle, participación del filósofo Habermas y del teólogo Ratzinger que se dio a manera de diálogo en torno al tema de los fundamentos morales del Estado, diálogo entre un defensor del pensamiento liberal secular (Habermas) y un guardián de la fe católica (Ratzinger)[1], que muestra que el guardián de la fe católica resulta más liberal, en el sentido clásico del término, que el defensor del pensamiento liberal secular, razón por la cual vale la pena rescatar algunas de las ideas de Ratzinger, con la esperanza de que nuestros políticos, en general, y nuestros legisladores, en particular, las atiendan, lo cual, seamos realistas, tal vez sea mucho pedir.

Afirma Ratzinger que “es tarea concreta de la política poner el poder bajo el escudo del derecho y regular así su recto uso”, y ello porque “no debe regir el derecho del más fuerte, sino más bien la fuerza del derecho”, todo lo cual supone, y ésta es la tesis principal del liberalismo clásico, que hay derechos anteriores y superiores al poder político, y a todo lo que ese poder supone, desde la constitución de gobiernos hasta la promulgación de leyes. Poner el poder bajo el escudo del derecho, pero no para escudar al gobierno, sino para escudar, de las posibles arbitrariedades del gobierno, a los ciudadanos, posibles arbitrariedades del gobierno que siempre son en contra de la libertad individual y la propiedad privada de los ciudadanos, lo cual supone un uso incorrecto de dicho poder, tal y como sucede con frecuencia, pudiéndose afirmar que es la regla.

¿Cómo poner al poder, y para empezar al poder del gobierno, bajo el escudo del derecho, si éste no es anterior a aquel, lo cual supone la existencia de los derechos naturales de la persona a la vida, a la libertad individual, y a la propiedad privada, derechos naturales cuya protección requiere del derecho positivo, es decir, de la redacción y promulgación de ciertas reglas del juego, que se resumen en tres: no matarás, no esclavizarás, no robarás. ¿Tenemos el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad porque hay leyes que prohíben matar, esclavizar y robar, o tenemos leyes que prohíben matar, esclavizar y robar porque tenemos el derecho natural a la vida, la liberta y la propiedad? Ratzinger da por buena la segunda opción, ya que solamente a partir de ella es posible poner al poder, comenzando por el poder gubernamental, bajo el escudo del derecho que, para tales fines, sólo puede ser el natural.

Ratzinger apunta que “el recelo contra el derecho y la rebelión contra él reaparecerán si se percibe que el derecho es un producto del arbitrio, un criterio establecido por los que tienen el poder y no la expresión de una justicia (yo hubiera escrito: de la justicia) al servicio de todos”, debiendo aclarar que ese derecho que ocasiona recelo y genera rebelión es el derecho positivo, las reglas del juego redactadas y promulgadas por quienes detentan el poder legislativo, no con el fin de garantizar los derechos naturales de la persona, sino con la intención, o de defender intereses pecuniarios (tal y como sucede con el mercantilismo), o de satisfacer necesidades básicas (tal y como es el caso del socialismo), satisfacción de necesidades y defensa de intereses que son hoy el principal objetivo del derecho positivo, que en tales casos viola derechos naturales, debiendo ocasionar recelo y generar rebelión, algo que, por lo general, salvo de parte de algunos liberales, no sucede.

Pongo el ejemplo del mercantilismo. Los productores nacionales tienen el interés de que el gobierno los proteja de la competencia que las importaciones traen consigo, competencia que los amenaza con sacarlos del mercado, obligándolos a ser más productivos y competitivos, todo lo cual cuesta trabajo sin garantía de triunfo, razón por la cual piden la protección del gobierno, misma que éste puede conceder prohibiendo la importación de mercancías, con lo cual defiende el interés del productor nacional de cobrarle, al consumidor, el mayor precio posible, lo cual se logra limitando la libertad de elección del consumidor a la oferta de productos nacionales o, dicho de otra manera, violando su libertad para comprar, lo que le dé la gana, independientemente del país de origen de la mercancía. Prohibir la importación de mercancías supone limitar arbitrariamente la libertad de los consumidores, y escribo arbitrariamente porque la única libertad que se debe limitar es aquella que viola los derechos de los demás, no siendo ese el caso de la compra de mercancías, independientemente de su país de origen.

Ratzinger se pregunta, pregunta que deben hacerse nuestros legisladores, “si hay algo que por naturaleza (ojo: por naturaleza) es siempre indiscutiblemente (ojo: indiscutiblemente), según el derecho (derecho que no puede ser otro más que el natural), algo que precede a cualquier decisión de la mayoría y que debe ser respetado por ella”, pregunta que responde afirmando que “hay valores (yo hubiera escrito derechos) permanentes que brotan de la naturaleza del hombre y que, por tanto, son intocables (yo hubiera escrito deben ser intocables) en todos los que participan de dicha naturaleza”, derechos que son los ya señalados: a la vida, a la libertad individual y a la propiedad privada. Ratzinger apunta que “no todas las culturas reconocen hoy esta evidencia”, siendo esa falta de reconocimiento el origen del positivismo[2], entendido como la creencia de que tenemos el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad porque hay leyes que prohíben matar, esclavizar y robar, de tal manera que estas leyes son el origen de aquellos derechos, ¡por lo tanto inexistentes antes de la redacción y promulgación de tales leyes!, lo cual quiere decir que los derechos de la persona dependen, no de la naturaleza de la persona, sino de la voluntad del legislador, algo que muchos legisladores quieren hacernos creer, engaño ante el cual debemos estar prevenidos.

Termina Ratzinger afirmando que “frente al derecho establecido, que (puede) ser injusto, (debe) existir un derecho que (proceda) de la naturaleza, de la esencia del hombre”, derecho que no es otro más que el natural, en función del cual somos capaces de identificar, como injustas, las leyes que lo son, siendo tarea principal del legislador la de colocar al poder, comenzando por el poder del gobierno, que es el poder para limitar o eliminar la libertad individual y la propiedad privada, dentro de los límites que establece el derecho natural, para lo cual hay que reconocer que necesitamos leyes que prohíban matar, esclavizar y robar, porque tenemos el derecho natural a la vida, la libertad y la propiedad, rechazando la idea contraria, la del positivismo jurídico, que afirma que tenemos derecho a la vida, la libertad y la propiedad porque se redactaron y promulgaron leyes que prohíben matar, esclavizar y robar.

Nuestros legisladores, ¿qué opinan al respecto?


[1] Al momento del diálogo, 2004, Ratzinger era el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

[2] Hay que distinguir entre derecho positivo y derecho positivista. El primero supone la redacción y promulgación de leyes con el fin de garantizar los derechos naturales de la persona, que son anteriores y superiores a esas leyes. El segundo la


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