Pesos y contrapesos
Mar 14, 2013
Arturo Damm

Reforma a telecomunicaciones, ¡bien!

¿Cómo calificar la propuesta de reforma a telecomunicaciones recientemente presentada por el Ejecutivo Federal?

¿Cómo calificar la propuesta de reforma a telecomunicaciones recientemente presentada por el Ejecutivo Federal? Para empezar, en función del objetivo que se persigue, ¡lograr la mayor competencia posible en el sector!, la calificación no puede ser más que aprobatoria, y aprobatoria con la máxima nota: 10. ¡Bien!, este es el tipo de reformas que necesitamos para hacer de la mexicana una economía más competitiva, en beneficio, sobre todo y ante todo, de los consumidores, en función de cuyo bienestar deben calificarse las reformas estructurales que se propongan, bienestar de los consumidores que depende de la trilogía de la competitividad: menores precios, mayor calidad y mejor servicio, y ello por una razón muy sencilla: todo lo demás igual, a menores precios, mayor calidad y mejor servicio mayor bienestar para los consumidores.

La reforma en telecomunicaciones se ubica dentro del marco del Pacto por México, en cuyo capítulo dedicado a la economía leemos que “se intensificará la competencia en todos los sectores de la economía, con especial énfasis en sectores estratégicos como telecomunicaciones, transportes, servicios financieros y energía”, lo cual, sin duda alguna, apunta en la dirección correcta, pero debiendo aclarar que en vez de afirmar que la competencia se intensificará, sobre todo en los sectores estratégicos, se debe de afirmar que en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía, comenzando por los estratégicos, se conseguirá la mayor competencia posible, para lo cual hace falta una, y sólo una, medida: que el gobierno permita que todo aquel, nacional o extranjero (lo que importa es la competencia no la nacionalidad de los competidores), que quiera y pueda participar en éste o aquel sector de la actividad económica, o en aquel o éste mercado de la economía, lo pueda hacer, sin enfrentar ninguna barrera, o lastre, o candado impuesto por el gobierno, sin beneficiarse de alguna ayuda, subsidio o concesión gubernamental. Verdadera libre competencia entre todos los que puedan competir, y hacia ello apunta la reforma, quedando por responder la pregunta ¿hasta dónde se llegará? Ya veremos. Por lo pronto el balón está en la cancha de los legisladores, con quienes, supongo yo, ya se cocinó en buena medida el asunto, ¿o no?

Vale la pena resaltar que en el párrafo arriba citado del Pacto por México se habla de intensificar la competencia en los sectores estratégicos, lo cual es correcto porque esos son los sectores que proveen de algún bien o servicio al resto de las actividades económicas, de tal manera que su falta de competitividad, consecuencia de no estar sujetos a la disciplina de la competencia, se transmite al resto de las actividades económicas, con las consecuencias lógicas que todo ello trae consigo, sectores estratégicos de entre los que destaca el de la energía –petróleo y electricidad, de manera importante–, industria energética que en México está monopolizada por el gobierno, situación que me lleva a la siguiente pregunta: si la competencia es buena en telecomunicaciones, ¿no lo es también en petróleo y electricidad?



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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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