MIÉRCOLES, 27 DE MARZO DE 2013
El PRI y las reformas

¿Usted considera que la propuesta de otorgar una renta de 10 mil pesos al año a cada ciudadano es una buena idea para erradicar la pobreza?
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No sé



“La inflación no es una catástrofe de la naturaleza ni una enfermedad. La inflación es una política.”
Ludwig von Mises

Arturo Damm









“¿Por qué ayer los priístas no apoyaban las reformas estructurales y hoy sí? Por un cálculo político, que no deja de ser mezquindad humana.”


Cesar Camacho, presidente nacional del PRI, afirmó que su partido “tiene un reto formidable para estar a la altura de los tiempos, transformándose para seguir siendo el partido de las reformas”, afirmación ante la cual hay que preguntar ¿por qué hasta ahora y no antes?, pregunta que viene a cuento porque, como todos recordamos, en el sexenio pasado la administración panista propuso reformas estructurales que los priístas se encargaron sistemáticamente de rechazar, reformas que ahora proponen y defienden con singular empeño. ¿Por qué ayer no y hoy sí? Por un cálculo político, que no deja de ser mezquindad humana.

Las reformas son necesarias para apuntalar a la economía mexicana, cuyos pilarse no son, ni todos los que deben ser, no todo lo fuertes que deben ser, y pongo dos botones de muestra: 1) en el Indice de Competitividad Global, del Foro Económico Mundial, que mide la capacidad de un país para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, que son las que abren empresas, producen bienes y servicios, y generan empleo, la economía mexicana ocupa el lugar 53 entre 144 naciones, con una calificación de 6.3 sobre 10; 2) en el Indice Haciendo Negocios, del Banco Mundial, que mide qué tan fácil o difícil resulta abrir, operar o liquidar un negocio, desde el punto de vista de las regulaciones que el gobierno impone, la economía mexicana ocupa, entre 185 países, el lugar 48 (este índice no proporciona calificación).

El hecho de que los pilares de nuestra economía no sean, ni todos los que deben ser, ni todo lo fuertes que deben ser, se traduce en un menor progreso económico, que a su vez limita las posibilidades de un mayor desarrollo familiar y personal, tal y como lo muestran los resultados del Indice de Prosperidad Legatum, que mide, a partir de ocho grupos de variables (economía, empresarialidad, gobernabilidad, educación, salud, seguridad, libertad personal y capital social), la prosperidad alcanzada en el país, índice en el cual México ocupa, entre 110 naciones, la posición 61, resultado similar al que arroja el Indice de Desarrollo Humano, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en el cual México ocupa nuevamente el lugar 61 entre las 185 naciones que integran la ONU, con una calificación de 7.8.

El que los priístas se opusieran, por sistema, a las reformas propuestas por el gobierno de Calderón, retrasó años la posibilidad de multiplicar y fortalecer los cimientos de la economía y, con ello, la posibilidad de más y mejores inversiones, de un mayor crecimiento económico, de más y mejores empleos, de mayor desarrollo familiar y personal, lo cual, en un país en el cual el 50 por ciento de la población sobrevive en la pobreza, no tiene ninguna justificación, mucho menos cuando esa oposición obedeció a un cálculo político, que no deja de ser mezquindad humana, que en este caso supone estar a favor de lo correcto –las reformas–, pero solamente si lo bueno se me debe a mí –el PRI–. Moralmente, ¿es lo correcto?


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