LUNES, 15 DE ABRIL DE 2013
Reforma fiscal y progreso económico (III)

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“El objetivo de la reforma fiscal no debe ser que pague más el que más tenga, sino elevar la competitividad de la economía mexicana.”


¿De qué depende el progreso económico, definido como la capacidad para producir más y mejores bienes y servicios, para un mayor número de gente? De las inversiones directas. ¿De qué dependen dichas inversiones? De la competitividad del país, definida como la capacidad de una nación para atraer, retener y multiplicar inversiones directas? ¿De qué depende la competitividad de un país? Entre otras variables del sistema tributario, es decir: de ¿cuántos impuestos se pagan?, de ¿para qué se pagan?, de ¿cómo se calculan?, y de ¿cómo se pagan?

La reforma fiscal correcta será aquella que contribuya a elevar la competitividad de la economía mexicana, haciéndola más segura y confiable para las inversiones directas La reforma de la que habla Videgaray, en función de la idea “que pague más el que más tenga”, basada en una mayor progresividad en el cobro de impuestos, ¿es la correcta? No, razón por la cual no debe pasar.

¿Cómo anda México en materia de competitividad? Según el Índice de Competitividad Global 2012-2013, del Foro Económico Mundial, México ocupa, entre 144 naciones, el lugar 54, con una calificación, en escala de 0 a 10, de 6.3, todo lo cual se resume en una sola palabra: mediocridad, lo cual quiere decir, 1) que estamos lejos de los últimos lugares, pero igualmente lejos de los primeros, y 2) que pasamos, pero con una calificación francamente mala.

El Índice de Competitividad Global se calcula a partir de 111 variables que influyen en la competitividad del país, es decir, en su capacidad para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, variables entre las que se encuentran, ¡obviamente!, algunas relacionadas con los impuestos, bajo dos rubros: extensión y efecto de la tributación, y tasa total de impuestos como porcentaje de las ganancia. En el primer caso México ocupa el lugar 60, con una calificación de 5.1, y en el segundo la posición es la 115 (no hay cálculo de la calificación para esta variable), lo cual quiere decir que, en materia de impuestos, hay mucha tela de donde cortar para, reforma fiscal de por medio, elevar la competitividad de la economía mexicana, y hacerla más segura y confiable, menos cara y más rentable, para los capitalistas, cuyas inversiones directas, que son las que abren empresas, producen bienes y servicios, crean empleos y generan ingresos, son la causa eficiente del progreso económico.

¿Qué supone, desde el punto de vista tributario, elevar la competitividad de la economía? Que las empresas paguen un solo impuesto, para lo cual se requiere deshacernos del engendro tributario que hoy padecemos y sustituirlo por el Impuesto Único a las Ventas, el IUV, cuyas ventajas, como se verá en próximas entregas, son considerables, tanto desde el punto de vista recaudatorio, como desde la perspectiva de la competitividad.

El objetivo de la reforma fiscal no debe ser que pague más el que más tenga, sino elevar la competitividad de la economía mexicana, para lo cual se requiere el IUV, que supone una reforma tributaria radical, es decir, desde la raíz.

Continuará.

• Reforma fiscal • Competencia • Serie: Reforma fiscal y progreso económico

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